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Full text of "El niño de 1 a 6 años"

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EL 

NIÑO 

DE 1 A 6 AÑOS 



EL 

NIÑO 

DE 1 A 6 AÑOS 



LA PRENSA MEDICA MEXICANA 



Primera edición en español, 1966 

Traducido de: Your child from 1 to 6^ Children's Bureau, 

por Carolina Amor de Fournier. 

© 1966^ La Prensa Médica Mexicana, 

Paseo de las Facultades 26, México, 20, D. F. 






Impreso en México en los talleres de Editorial Fournier, S. A. 
Arquitectura 29, Copilco-Universidad, México, 20, D. F. 



SUMARIO 

Los años pre-escolares 1 

De uno a tres años 3 

Los tres y los cuatro años 29 

Los cinco años 53 

Problemas especiales 60 

Conserve saludable al niño 65 

Cuando un niño enferma 78 

Casos de emergencia 91 

índice 95 



Los años pre-eseolares 



Del primero a los 6 años, un niño 
cambia más que en ningún otro lustro 
de su vida. Al término del primer año, 
algunos niños ya dan algunos pasos, 
pero cuando realmente quieren ir a 
algún sitio, se tiran a gatas. A los 6. un 
niño puede estacionar diestramente 
un triciclo, y tal vez hasta conducir una 
bicicleta, mientras lleva las manos en 
dos pistolas enfundadas y charla con 
sus amigos. Tiene ya sentido de la hora 
y sabe sintonizar la televisión para ver 
su programa favorito. 

Es difícil reunir en un libro los ade- 
lantos extraordinarios que el niño lleva 
a cabo a esa edad, pero más difícil aún 
es para los padres dar alcance al paso 
que lleva su hijo. 

Para escribir acerca de este periodo 
exuberante del crecimiento parece in- 
dicado dividir estos años en diversas eta- 
pas. Al principio, cuando el niño em- 
pieza a caminar, va de un lado a otro 
y trata de establecerse como una per- 
sona independiente. Ya no es un bebé 
pero tampoco es un niño. Entre 2^2 
y los 3 años, deja de estar absorto en 
sí mismo y empieza a fijarse en las gen- 
tes y en las cosas; a la vez se lanza a 
campo traviesa por un mundo imagina- 
rio. Entre los 5 y los 6 años, la mayoría 
de los niños desean aprender a hacer 
las cosas bien, como los adultos. La es- 
cuela elemental fomenta esta inquietud 
interna. 

A través de cada una de estas tres 
etapas, el niño va acrecentando su 
habilidad para manejar su cuerpo, se 
hace más complejo mentalmente y tam- 
bién más capaz de entenderse con los 
demás. Estos adelantos se llevan a cabo 
en el curso de los primeros años, pero 
a medida que transcurre el tiempo to- 
man diferente significado. En este libro, 



los tópicos se irán tratando confomie 
vayan adquiriendo mayor importancia. 

El desarrollo del habla se tratará en 
el capítulo dedicado al niño de 1 a 3 
años, porque esa aptitud se desarrolla 
entonces rápidamente y marca un cam- 
bio rotundo en la manera de pensar 
del niño y en lo que sus padres pien- 
san de él. Sin embargo, la facultad de 
hablar no comienza ni termina en ese 
tiempo. Se inicia en la infancia cuando 
el bebé juega con los sonidos, y se per- 
fecciona durante toda la niñez. 

A cada instante, el niño es un resu- 
men de lo que fue antes, de lo que lo 
absorbe en el presente y de lo que se 
vislumbra en el porvenir. Por lo tanto, 
el sistema de dividir el desarrollo del 
niño en etapas es solamente un método 
para hacer un libro que podamos con- 
sultar fácilmente, y que de ningún mo- 
do nos dará un cuadro completo de 
ningún niño en especial, en una época 
definida. 

Hay ciertos tópicos que persisten a 
lo largo de los años, como la salud fí- 
sica, la nutrición, los hábitos de ali- 
mentación y las enfermedades. Algunas 
secciones separadas, hacia el final del 
libro, están dedicadas a estos temas de 
interés pemianente. 

Los especialistas en crecimiento de 
los niños han aprendido mucho acerca 
del modo cómo va ocurriendo este de- 
sarrollo. Un paso sigue a otro en uni- 
forme y predecible serie. Es reconfor- 
tante saber que algunos de los aspectos 
enojosos y desconcertantes de la con- 
ducta del niño no son sino fases por las 
que todos atraviesan, y que, probable- 
mente, para el año siguiente habrán 
desaparecido y ni siquiera se recuerden. 
Sin embargo, una cartilla de desarrollo 
nonnal se viene abajo cuando se aplica 



2 El niño de 1 a 6 años 



demasiado rígidamente a algún niño en 
particular, ya que éste, de suyo, es dis- 
tinto de todos los demás. 

Todos los padres saben que cada uno 
de sus hijos es un individuo que no se 
parece a ninguno de sus hermanos ni 
hermanas y tampoco al hijo del vecino, 
aunque sea de su misma edad. Por esta 
razón, los libros acerca de los niños tien- 
den a la simplificación y no describen 
a los pequeños ni tan complicados, ni 
tan exasperantes, ni tan atractivos como 
realmente son. 

Si el niño se comporta así es, en 
parte, porque está en cierto grado de su 
crecimiento. Son también importantes 
para determinar su proceder, las varia- 
dísimas influencias que lo hacen ser 
único. Cada niño hereda de sus padres 
un grupo de tendencias que, hasta cier- 
to punto, determinan la forma según 
la cual va a desarrollarse. Los aconte- 
cimientos, antes del nacimiento y du- 
rante el mismo, difieren de algún modo 
para cada uno de ellos. Toda familia 
tiene su propio modo de vivir. Forzo- 
samente es distinto si el niño vive en 
Alaska o en Arizona; si es un hombre- 
cito que nació después de una serie de 
niñas; si es el primogénito o el hijo 
que llega muy tarde cuando ya no es 



esperado; si se trata de un príncipe he- 
redero o de un bebé que da a luz una 
madre joven cuando su marido está del 
otro lado del mar. 

De aquí que los padres no puedan 
guiarse por un conjunto de reglas para 
educar a sus hijos. 

Cada familia ha de resolver sus pro- 
pios problemas, aplicando los mejores 
conocimientos y las mayores ventajas 
del día a su propia situación. Los ni- 
ños son, sin embargo, una maravillosa 
esperanza, pues en su mayoría llegarán 
a ser, con el tiempo, ciudadanos dignos 
de confianza y de estimación, que a su 
vez estarán dispuestos a levantar su pro- 
pia cosecha de criaturas saltarinas y bu- 
lliciosas. Y es tal la dev^oción y el in- 
genio de los padres, que pueden, con 
muchos o pocos esfuerzos, criar niños 
que estén listos para enfrentarse a los 
problemas del mundo, llenos de ánimo, 
buen humor y dedicación. 

A través del libro, hablamos del ni- 
ño como él, pero naturalmente que nos 
referimos a niños y niñas. Resultaría 
monótono y cansado repetir él o ella 
cada vez. A menudo hablamos de los 
padres como ella, cuando en realidad 
nos referimos a las madres tanto como 
a los padres. 




Los niños son una maravillosa esperanza. 



De uno a Eres años 



Ya su bebé ha vivado un año entero 
cuando este capítulo se inicia. 

No piense que usted ha hecho todo 
el trabajo sola, su bebé ha hecho su 
parte también. Ya ha iniciado el apren- 
dizaje de todo lo que lo absorberá por 
el resto de sus años pre-escolares. Ha 
sentido, hasta cierto punto, todas las 
emociones que será capaz de sentir du- 
rante su vida entera. 

Por medio de ustedes, sus padres, 
que por el momento son para él lo más 
interesante, ha podido aprender mucho 
sobre la gente, y él les ha enseñado la 
manera de tratai'lo. 

Su llegada ha unido a sus padres 
bajo un nuevo entendimiento y les ha 
hecho cambiar el rumbo de sus mutuos 
sentimientos. 

Ustedes han adquirido confianza, y 
el niño la ha acrecentado al convertirse 
en un ser que prospera por los cuida- 
dos que ustedes le prodigan. Ha sido 
en verdad un año provechoso. 



Inventario de su primer 
cumpleaños 

Resulta difícil recordar qué frágil 
parecía al principio. La pequeña cria- 
tura que cabía cómodamente en el hue- 
co del brazo de su madre ha doblado el 
tamaño que tenía al nacer y probable- 
mente ha triplicado el peso de entonces. 

De no poder valerse para nada, ahora 
sabe regir su cabeza y su tronco y tam- 
bién domina sus brazos y piernas. Ya 
puede sostener una sonaja entre los de- 
dos de los pies y hacer uso de los dedos 
de las manos para recoger, por lo me- 
nos, una basurilla. Puede beber de una 
taza y jugar con su botella. Prueba todo 
lo que se le da a comer y decide si lo 
ha de tomar o no. Se mueve de un lado 
a otro con rapidez, "rastreando" o "ga- 
teando" y tal vez hasta caminando. 

Se va gateando escalera arriba y, de 
vez en cuando, resbala hacia atrás unos 



cuantos escalones, tal como un gusa- 
nillo. Entra y sale de los muebles que 
se prestan para ello. Contribuye a la 
conversación con escasas palabras, o sus 
equivalentes (iii, mamá, dada, papá, 
nene). Emite sonidos que quieren de- 
cir varias cosas, y comprende muchas 
más. 

Después de trasponer un estado nebu- 
loso en el cual, dormir, despertarse y 
succionar eran todo uno, al llegar a su 
primer cumpleaños cada una de estas 
actividades reviste un carácter diferente. 

Ahora se ha fijado un largo lapso 
para dormir y dos siestas al día. Ha 
reducido sus comidas a tres, de las seis 
o más con que empezó. Ha aprendido a 
masticar con vigor aunque, quizá, toda- 
vía tenga necesidad de mamar. Proba- 
blemente tenga de cuatro a seis dientes, 
de los que ya hace un uso efectivo. 

Reconoce a su madre, a su padre y 
a otros miembros de la familia. Casi con 
la misma certeza distingue a los extra- 
ños y decide rápidamente si puede con- 
fiar en ellos o no. Le interesan más las 
personas que los juguetes, y le divierten 
ciertos juegos como el "pon-pon-ta-ta," 
"las tortillitas" y otros. Pero puede pasar 
media hora solo con sus juguetes. 

A esa edad, el juego físico, aunque 
sea un tanto tosco, le divierte muchísi- 
mo, especialmente si tiene un elemento 
de sorpresa; por ejemplo, si usted lo 
corretea ruidosamente, mientras él huye 
rastreando, y al fin lo encuentra y lo 
atrapa. Cuando su padre se tira al suelo 
a retozar con él, el niño grita de con- 
tento expresando su entusiasmo por el 
juego en sí y por la vida. 

También sabe cuándo no está usted 
contenta con él. Puede decir qué es lo 
que siente la gente a su alrededor — si 
está enojada, asustada, ansiosa, si es 
afectiva o si está preocupada. Su propio 
humor depende del de los demás. 

Durante todo su primer año ha em- 
pezado a decidir si el mundo es un 
lugar seguro y si se puede vivir confia- 



4 El niño de 1 a 6 años 



do en él. Para la mayoría de los bebés, 
la respuesta es patente y clara : ¡ el mun- 
do es maravilloso! 

Ha sabido hacerse querer profunda- 
mente de las personas que lo cuidan, y 
a través de este cariño se ha convertido 
en un ser humano que puede a su vez 
interesarse por otros. 

En todo y por todo, el primer cum- 
pleaños encuentra a los niños en estado 
sereno y receptivo, absortos en todos los 
detalles del mundo. Es un gusto estar 
con ellos, y ellos anticipan con deleite 
cada paso en la rutina diaria. 



Los primeros pasos 

Por esta época, el niño inicia una eta- 
pa mucho más independiente y activa. 
Combina sus nuevas habilidades físi- 
cas con ciertas ideas y un cúmulo de 
energías que parecen no tener límites. 
El bebé dócil y fácil de manejar desapa- 
rece, y los padres se sorprenden ante 
el suspicaz y autoritario personaje que 
les ha caído en las manos. 

Aunque parezca raro, es un hecho 
que mientras más grande es el bebé más 
requiere la presencia de su madre; no 
quiere a nadie más, y es capaz de re- 
chazar a su abuelita que trata de ha- 
cerle mimos, o a su papá que lo quiere 
tener en brazos; lo que no impide que 
muchas veces se porte mejor con ellos 
de lo que lo hace con su madre. Con su 
padre, por ejemplo, quizá coma mejor. 
Su abuelita o un acompañante extraño 
pueden lograr que se duerma antes que 
si sus padres lo acuestan. 

La única fonna de explicar estas 
contradicciones es comprender que la 
dependencia del niño con respecto a 
su madre o hacia la persona que más 
se ha ocupado de él, es verdaderarrien- 
te una seña de que el trabajo estuvo 
bien desempeñado. Ahora ha empezado 
a darse cuenta que es una persona por 
separado. Al principio, probablemente 
se sentía parte de su propia madre. O 
quizá fuera más acertado si dijéramos 
que su madre era parte integrante suya, 
la parte ejecutiva, aquella que lleva las. 



cosas a cabo. Trae lo que él desea y 
algunas veces antes de que él mismo esté 
seguro de lo que realmente desea. 

A medida que crece, se desarrolla 
alejándose de su madre, aunque sea 
arrastrándose o gateando. Puede con- 
trolar su propio universo en mucha ma- 
yor extensión cuando alcanza sus jugue- 
tes por sí solo. ¡ Se basta a sí mismo! 
Este es un descubrimiento emocionante 
y terrible, porque ama a su madre y se 
siente ligado a ella, y porque cuando la 
tiene cerca se siente más seguro y con- 
fiado. 

De modo que, no bien se aleja de su 
madre, regresa a ella con mayor pron- 
titud. Claramente lo vemos cuando un 
niño gatea lejos de su madre y se dirige 
a otro cuarto. De pronto, se da cuenta 
de que está solo y grita, anhelando ser 
"encontrado" y confortado. 

Al niño que empieza a caminar es 
mejor no acrecentar sus temores acerca 
de perder a su madre; de modo que 
seamos precavidos al hacer planes para 
alguna separación. No sería el momento 
más propio de que usted volviera al 
trabajo. Es demasiado pronto para pen- 
sar en unas vacaciones lejos de él. Si el 
doctor cree que alguna operación del 
niño puede posponerse, será mucho me- 
jor esperar. 

Si la separación es forzosa, es preciso 
que usted comprenda el profundo des- 
concierto que causa al niño, y debe es- 
tar preparada para encontrarlo, a su 
regreso, más temeroso y con mayores 
deseos de estar siempre cerca de usted. 
(Véase: Estancia eyi un hospital, pág. 
60, y Los celos en la familia, pág. 32.) 

Al mismo tiempo que el niño, a esta 
edad, cree necesitar tanto de su madre, 
se complica la vida queriendo hacerlo 
todo por sí mismo, independientemente 
de ella. Quiere abrir las puertas, a pe- 
sar de no alcanzar las perillas; mira 
escalones y trata de subirlos; se apodera 
del volante del coche. Los padres se 
enfrentan ahora con el problema de 
hasta dónde hay que restringir y hasta 
dónde hay que ceder. A la larga, en el 
mundo triunfa la gente de ideas firmes 
y que realiza lo que piensa. Pero a este 



De lili o a fres años 5 



pequeño no puede permitírsele que co- 
rra riesgos tan sólo porque así lo quiere. 
Si, por otro lado, sus padres lo suje- 
tan demasiado, puede adoptar uno de 
dos caminos, ninguno deseable. Puede 
convertirse en un rebelde que cree que 
debe luchar por cada paso que da, o 
perder la fe en sí mismo y hacerse "dó- 
cil," siempre buscando aprobación an- 
tes de emprender cualquier cosa nueva. 



Las primeras experiencias 
cuentan mucho 

Este bebé que entra en la niñez se 
encuentra realmente en una encrucija- 
da. Si continúa recibiendo el caluroso 
apoyo que ha tenido, crecerá más seguro 
de sí mismo. Si se le impele con dema- 
siada fuei'za hacia adelante, más rápi- 
damente de lo que puede ir, se hará 
más temeroso y más dependiente de los 
demás de lo que hubiera sido si se le 
maneja mejor. 

Estas experiencias tempranas tienen 
efecto de por vida. Aun cuando el niño 
no recuerde lo que en realidad pasó y 
le falten palabras para darle forma en 
su mente, la sensación perdura. Apren- 
de que puede contar con la gente o 
que no puede; que se le permite inten- 
tar hacer cosas, o que estará constante- 
mente impedido. Estas particularidades 
persisten y se fijan en el ser como parte 
de la personalidad. 

Muchos problemas de los años pre- 
escolares son consecuencia del desarro- 
llo normal, que suele presentar contra- 
dicciones sorprendentes. Una etapa llena 
de serenidad y cooperativismo será reem- 
plazada por otra en la cual nada pare- 
cerá marchar dulcemente. A los papas 
les costará trabajo aceptar los cambios 
en su hijo, y sus mezclados sentimientos 
pueden contribuir a la falta de equili- 
brio en el niño. Si no pueden entender 
este cambio como un resultado del de- 
sarrollo, se los verá luchando sin resul- 
tado para dejar al niño como estaba, y 
aunque se enorgullezcan de que su hijo 
puede hacer más y más cosas, siempre 
añorarán al bebé que ya dejó de ser. 



La contradicción redunda también, 
obviamente, en el pequeño y le causa 
problemas. De una parte, por la urgen- 
cia de estar en lo que está, y de otra, 
por la necesidad de hacer como sus pa- 
dres quieren que haga. No puede hacer 
ambas cosas a un mismo tiempo. Gra- 
dualmente, va cediendo poco a poco de 
uno y otro lado; renuncia a algo de su 
independencia y a algo de su necesidad 
de ser dependiente; pero esto no se lo- 
gra sin tormenta. 

La mayor parte de las dificultades 
del día se presentan en relación a los 
actos rutinarios: las comidas, la hora 
de vestirse, las siestas, y el momento de 
irse a la cama. En ellos se revelan los 
esfuerzos del niño para equilibrar sus 
deseos de independencia y la necesidad 
de seguir dependiendo al mismo tiem- 
po de su madre. Veamos cuáles son sus 
intereses. 



El caminar amplía 
su mundo 

La edad en la cual los niños caminan 
solos varía ampliamente. Antes de lo- 
grarlo, aprenden primero a sentarse; se 
sostienen al principio con sus manos 
en el suelo o en el colchón de su cuna; 
más tarde, y solamente por unos instan- 
tes, sin nada que los sostenga. Por fin 
consiguen su objeto sin ayuda e inde- 
finidamente. Aprenden a mover brazos 
y piernas al unísono, con movimientos 
l^ropios de nadadores, y así se impulsan 
hacia adelante o hacia atrás, arrastrán- 
dose o gateando. 

Más tarde, acometen la tarea de le- 
vantarse, de tenerse en pie sin auxilio 
y luego se ponen a caminar procurando 
sostenerse en algo. El niño que se sienta 
pronto, probablemente aprenderá a ca- 
minar pronto. Los niños tienden a con- 
servar un mismo grado de celeridad 
durante toda su evolución. Algunos 
son siempre rápidos en todo y otros son 
siempre lentos. De este modo, vemos 
como hay algunos bebés que caminan 
a los 9 meses y otros que lo hacen 
hasta los 13 o los 15. La edad propia 



6 El niño de I a 6 años 



para ello depende de muchos factores: 
el peso del niño por un lado: su tem- 
peramento por otro — si es precavido, 
v^aliente, tímido o pasivo. También in- 
fluye la estructura general del cuerpo. 

Todos estos factores suelen ser here- 
ditarios, pero también las influencias 
diarias de la vida del niño determinan 
en gran parte su edad de caminar. Los 
alimentos buenos y nutritivos lo ayu- 
dan; lo mismo el ejercicio de los pies, 
tirándolos al aire y moviendo los dedos, 
así como estirarse y rodar sin la restric- 
ción de la ropa. Si usted lo anima y le 
da oportunidad de ejercitar sus múscu- 
los en un lugar seguro, contribuirá a 
que más tarde ejercite la facultad de 
andar. 

A un niño no se le puede enseñar a 
caminar mientras él mismo no sienta 
confianza para hacerlo. Y una vez que 
esto sucede es casi imposible detenerlo. 
Dedicará gran parte de su tiempo y toda 
su energía a practicar y dominar su am- 
bición. Una vez que logra mantenerse 
en pie, lo que más odia es que lo hagan 
volver a sentarse o tener que hacerlo por 
su cuenta. Desde temprano, se pone de 
pie y camina durante todo el día. Se 
resiste a ser detenido aun para sentarse 
a comer. Cuando llega la hora de dor- 
mir, todavía lucha en la cama por vol- 
verse a levantar una y otra vez, y prác- 
ticamente lo vemos caminar en sus sue- 
ños. 

El cuidar a un niño de esta edad 
es fatigoso. Si se pretende acostarlo o 
mantenerlo quieto, dará batalla. Odia 
ser detenido, no permite que lo acuesten 
ni para que se le desvista. Se necesita 
fuerza y determinación para cambiarle 
un pañal. 

A fin de conservar el equilibrio cuan- 
do comienza a levantarse e intenta an- 
dar, el chiquillo abre bien sus piernas 
y dobla vm poco sus rodillas. Esto lo 
ayuda a conservarse en posición. Sus 
pies son totalmente planos; todavía no 
se dibuja el arco. El peso del cuerpo 
tiende a reposar sobre la parte interna 
de su pie, el que por este motivo se 
\uelve hacia afuera. 

El cuerpo del niño hace otros ajustes 



necesarios. El estómago se vuelve pro- 
minente y se forma una curva en la par- 
te baja de la espalda. La pelvis parece 
sobresalir. La línea de la parte alta de 
su espalda y de su cabeza, es, sin em- 
bargo, recta. Puede ser patizambo o 
tener las rodillas afuera. Lleva en alto 
y hacia afuera sus manos, pero mantiene 
los codos contra su cuerpo, con el fin 
de acrecentar su equilibrio. Los pañales 
aumentan el volumen de sus asentade- 
ras. Tan precariamente equilibrado, lo 
puede hacer caer hasta el simple roce 
de una pluma. 

La coordinación y el equilibrio irán 
aumentando conforme pueda hacer uso 
de sus músculos y vaya creciendo. Cerca 
de los 6 años, sus pies apuntarán ha- 
cia adelante, las rodillas encorvadas 
hacia adentro se habrán enderezado y 
el pie ya no se irá de lado; su postura 
habrá cambiado mucho. 

En nuestros días damos más impor- 
tancia al desarrollo natural de una bue- 
na postura, que a enseñar ejercicios o a 
recordar al niño cómo debe tenerse. El 
modo como usted misma se tenga y 
mueva influirá mucho en la postura del 
niño. 

La buena postura es el resultado de: 
Una buena nutrición. 
Gran cantidad de ejercicio y aire fresco. 
Sueño y descanso en una cama plana y 

firme. 
Atención y descanso especial después de 

haber pasado una enfermedad. 
Ropa adecuada y a la medida. Se debe 

comprobar periódicamente las tallas 

de los calcetines y zapatos. 
Una atmósfera alegre y saludable, para 

que el niño se sienta en confianza, 

libre de moverse a sus anchas. 



La edad de los accidentes 

La habilidad para moverse por sí solo, 
permite al niño llegar a donde quiera. 
No es esta la única razón, sin embargo, 
para que el pequeño necesite una vigi- 
lancia constante. En su afán de sentirse 
más independiente, necesita investigar 
por sí mismo todas las cosas. 



De uno a tres años 7 



Durante su primer año, el niño ha es- 
tado casi todo el día en la cuna, el corra- 
lito, en su silla alta, en el cochecito, o 
sobre las rodillas de su madre. Ahora ya 
no conviene tenerlo tan sujeto, puesto 
que debe explorar el mundo por su pro- 
pia iniciativa y nadie podrá hacerlo por 
él. Además, es casi imposible controlarlo. 
Así las cosas, es preferible que tenga us- 
ted la casa y el patio libres de peligro pa- 
ra que este aventurillo pueda ir y venir 
como le venga en gana. Por supuesto 
que, de todos modos, necesita una ex- 
trema vigilancia. 

Antes que el niño dé su primer paso, 
revise su casa y fíjese bien en que ofrez- 
ca todas las garantías. Recuerde que el 
pequeño no se contenta con contemplar 
el mundo con sus ojos; quiere tocar, 
probar, empujar, torcer, oír ... Su in- 
terés es vivo y su ignorancia del peligro 
absoluta. El número de accidentes que 
ocurren a los niños a esta edad nos de- 
muestra lo poco que podemos confiar 
en ellos. 

Los accidentes son la principal causa 
de muerte en la infancia, y la quinta 
parte de todos los casos de envenena- 



miento ocurren precisamente en esa 
edad. El veneno asesina más niños que 
la poliomielitis, la difteria, la escarlati- 
na, la tos ferina, y todas las infecciones 
de estreptococos combinadas. Otras de 
las causas principales de mortalidad in- 
fantil radica en los atropellamientos, las 
caídas, el fuego y los ahogamientos. 

Los cuartos de baño, las cocinas y 
los sótanos contienen las peores tram- 
pas. Más adelante (pág. 75) damos 
algunos consejos sobre cómo conservar 
nuestras casas a salvo de desgracias. La 
experiencia nos enseña que éstas ace- 
chan a los niños en la edad en que se 
deciden a caminar. 

Las más simples y ordinarias insta- 
laciones de la casa se vuelven peligro- 
sas cuando un niño llega a la edad ex- 
ploradora. Entre los más comunes esco- 
llos podemos citar los cordones y con- 
tactos de la fuerza eléctrica, los cenice- 
ros, las chimeneas, las bebidas embote- 
lladas, las planchas que se dejan con 
los cordones colgando, los útiles del 
tocador tales como alfileres y tijeras; en 
la cocina, las sartenes con mangos que 
sobresalen de las orillas de la estufa. 



IJJáJ 




Investiga por sí mismo todas las cosas. 



8 El niño de 1 a 6 años 



Retire todos los peligros que pueda y 
proteja al niño de todo aquello que no 
es posible quitar. No basta con decír- 
selo; aléjelo del peligro constantemente 
y con firmeza. Su destreza para ambu- 
lar supera su habilidad para detenerse. 

Con tal de llamar la atención un 
niño es capaz de hacer intencionalmen- 
te las cosas que se le prohiben. Cuando 
parezca obstinado en hacer cosas peli- 
grosas, recapacite sobre cuál ha sido la 
actitud de usted hacia él: si lo ha des- 
cuidado un poco o ha sido demasiado 
exigente y estricta. 

La consideración más importante al 
comprar cualquier cosa para uso del 
bebé, debe ser la seguridad. Es muy 
natural que nos agraden los objetos 
nuevos y los colores bonitos, pero la 
solidez y el buen acabado son más im- 
portantes. Al comprar un corralito, cer- 
ciórese de que las bisagras no puedan 
machucar los dedos del niño si intenta 
manejarlas, y de que su cabeza no pue- 
da pasar entre las barras. Las andade- 
ras, las sillas altas y las mecedoras de- 
ben ser muy estables. 

Esto es especialmente importante por 
lo que respecta a las sillas altas. Con- 
forme crezca el niño va a emjDezar a 
querer subir y bajar solo de su silla; para 
muchos niños éste es su primer tra- 
pecio. Por esta razón es mejor que tome 
sus. comidas en una mesita baja. 



Dolores del crecimiento 

A pesar de todos los cuidados, los 
niños se lastiman, se caen de la cama, 
se ruedan por las escaleras, encuentran 
un vidrio roto y "ayudan" recogiéndo- 
lo. Tanto los niños como los padres 
deben aceptar los accidentes como parte 
del proceso natural de "crecer." 

Es posible convertir a un niño en un 
pusilánime si se exageran los cuidados 
o se le está recordando continuamente 
que debe ser cuidadoso. A través de una 
serie de experiencias con el calor, los 
objetos filosos y el dolor, un niño apren- 
de a moderar sus ansias de exploración 
y llega a ser un tanto precavido. 



Los hábitos para 
dormir cambian 

El niño que antes iba a la cama con 
gusto, puede ahora llorar cuando se 
pretende acostarlo. Acostarse es inte- 
rrumpir todo lo que él valora ■ — ■ los jue- 
gos y la cercanía de las personas. Sola- 
mente vive en el presente y siente que se 
lo están arrebatando para siempre. El 
mañana parece no existir. Después de 
un día de no parar, aún cayéndose 
de cansancio, lucha por permanecer des- 
pierto y por conservar sus padres a 
su lado. 

Algunos niños rehusan acostarse por- 
que no tienen sueño. Al cumplir vm año, 
su necesidad de domiir disminuye, y 
pueden muy bien omitir una de las 
siestas del día, ya sea la de la mañana 
o la de la tarde. Esto varía en cada 
niño y, muchas veces, de un día a otro, 
de manera que es preciso modificar cons- 
tantemente los horarios. El niño que 
no durmió en la mañana, prolonga su 
siesta vespertina, y luego no tiene sue- 
ño hasta la media noche. En este perio- 
do de transición conviene adelantar la 
hora de la comida a las 11.30 más o 
menos, y procurar que el niño duerma 
su siesta en las primeras horas de la 
tarde. 

Todos somos diferentes en cuanto a 
las horas de sueño que requerimos, y 
no es posible decir con exactitud cuán- 
tas horas necesita dormir un niño. Mien- 
tras se sienta contento y satisfecho de 
la vida, usted no se preocupe a este 
respecto. Por lo general, de 1 a 6 años 
el promedio habitual de sueño suelen 
ser 12 horas por la noche, además de 
una pequeña siesta durante el día. A 
un cuerpecillo tierno le es benéfico al- 
ternar el descanso con la actividad; de 
modo que una siesta durante el día 
viene a ser mejor, para la mayoría de 
los niños, que un largo sueño durante 
la noche. 

Desde muy temprana edad un niño 
debe dormir en un cuarto separado de 
sus padres. Todo el mundo descansará 
mejor. La presencia de un tercero, por 
pequeño que sea. interferirá en las re- 



De uno a tres años 9 



laciones del matrimonio, y éstas pueden 
llegar a ser muy desconcertantes para él. 
Además, los niños son de suyo inquie- 
tos para dormir, de manera que pertur- 
ban el sueño de los adultos. 

Que el niño duerma o no con otros 
niños dependerá de muchas causas. La 
más importante, naturalmente, consis- 
te en el número de cuartos con que 
cuenta la familia. En cada caso se busca 
la combinación que resulte mejor, la 
cual puede cambiar de tiempo en tiem- 
po. Para la distribución de los cuartos 
se tendrán en cuenta los diferentes tem- 
peramentos, las jerarquías, la profundi- 
dad del sueño, así como la edad y el 
sexo. Algunas veces resulta bien acostar 
en el mismo cuarto al niño mayor con 
el menor, ya que sus horas de acostarse 
no coinciden. 

Para evitar discusiones al tiempo de 
acostarse, conviene adoptar una actitud 
firme, como quien hace algo ineludi- 
ble. Hay que planear el día del niño con 
muchas actividades interesantes; hasta 
donde sea posible, al aire libre. Será 
entonces más fácil fijar la hora de dor- 
mís. No se tendrá el remordimiento de 
privar al niño de nada, sino que, por lo 
contrario, se le estará ofreciendo lo 
que en realidad necesita. 

Déle todo el tiempo que requiera 
para acostarse, pues si su hijo presiente 
que usted está de prisa, tratará de alar- 
gar el acto para conservarla más tiem- 
po a su lado. Dedíquele unos momen- 
tos, antes de meterlo en la cama, ya 
sea leyéndole un cuento o tocándole 
un disco. Quizá en todo el día no haya 
tenido usted oportunidad de estar cerca 
de él debido a sus otras ocupaciones. 
Le será más fácil despedirse de usted 
después de haber podido compartir unos 
momentos juntos. 

No acostumbre acostarlo como casti- 
go, porque desarrollará aversión por la 
cama. 

Disminuya el ritmo de su actividad 
antes de la hora de donnir o antes de 
la siesta. Proporcione al niño un juego 
tranquilo. Si al papá le gusta retozar 
con sus hijos después de la cena, debe 
darse algún tiempo para que se asienten 



los ánimos, y no esperar que el bebé, 
que ha estado gritando de alegría porque 
su padre juega con él como si fuera una 
pelota, pueda serenarse después en un 
minuto. 

A pesar de todas estas precauciones, 
muchos niños toman tiempo para entrar 
en calma; se ponen a hacer práctica de 
sonidos, cantan, llaman a la madre para 
convencerse de que no está lejos. Vale 
más, entonces, ya no hacerles caso a me- 
nos que su llamado tenga un tono apre- 
miante. Un lloriqueo suave general- 
mente sólo tiene por objeto atraer la 
atención ; pero ésta, es mejor propor- 
cionársela al niño en otro momento. 

Cuando por primera vez el niño se 
baja de la cama por sí solo y se pre- 
senta en la estancia, húmedo y fresco, 
después de su baño, rozagante de feli- 
cidad por haber roto las cadenas de la 
prisión, esto le produce a usted a la 
vez congoja y gusto. Muchos niños atra- 
viesan un periodo en el que les da por 
levantarse de la cama a toda hora de 
la noche. Al igual que el alimento que 
se da al recién nacido a las 2 de la ma- 
drugada, esta intrusión en la vida noc- 
turna de la familia dura poco tiempo, 
pero constituye una época de prueba. 
Algunos padres procuran encerrar al 
niño en su cuarto y creen que se le qui- 
tarán más pronto las ganas de caminar 
por la noche si no se le consiente, pero 
tampoco se le castiga por sus activida- 
des nocturnas. 

Inquietud del niño en la cuna. Al- 
gunos niños se colocan sobre las manos 
y las rodillas para mecerse en la cuna, 
ruedan la cabeza de un lado a otro o 
se la golpean contra los barrotes. Al- 
gunos hacen esto solamente al tiempo 
de acostarse; otros lo hacen durante el 
día o cuando despiertan de la siesta. 
Algunos lo hacen de vez en cuando, 
mientras otros persisten en hacerlo to- 
dos los días o todas las noches, durante 
meses y tal vez por años. Generalmente 
un niño comienza a manifestar esta 
inquietud en la segunda mitad del pri- 
mer año, si tiene tendencia a ella; la 
mayoría la suspende alrededor de los 
2% ó 3 años. 



10 El niño de 1 a 6 año. 




AI tiempo de acostarlo, adopte una actitud firme. 



No se ha podido explicar con certeza 
la razón de esta conducta infantil. Me- 
cerse en la cama y golpearse la cabeza 
puede ser un indicio de que el niño 
está pasando de una etapa del desarro- 
llo a otra; por ejemplo, cuando pasa 
de estar sentado a ponerse de pie, y de 
estar parado a caminar. Los niños ner- 
viosos y sensibles son más propensos a 
esta inclinación que aquellos que de 
suyo son más plácidos y de mejor ca- 
rácter. Los varoncitos lo hacen con más 
frecuencia que las niñas. A veces la 
costumbre empieza cuando el niño sufre 
un dolor de oído. 

Aparte de perturbar el sueño de la 
familia, la inquietud del niño en su 
cuna puede dar lugar a que se lastime. 
Aunque esto no es probable, vale más 
forrar los lados de la cuna con algún 
material alcolchado, o reemplazar la 
cabecera de madera por una de tela de 
lona o algún otro material suave. Para 
disminuir el ruido, empuje la cuna con- 
tra la pared y, ya en esta posición, pon- 
ga algún material acolchado entre la 



pared y la cuna. Esta puede ser colo- 
cada sobre un tapete grueso. Es posible 
que el niño suspenda su balanceo si 
escucha otro ruido rítmico, como el de 
un metrónomo o el tic-tac de un des- 
pertador. 

Podría usted satisfacer a otras horas 
el gusto del niño por el ritmo, propor- 
cionándole una mecedora, un caballito 
de balancín, un columpio, un sube y 
baja, o enseñándole a danzar al com- 
pás de la música. Déle toda la libertad 
posible para corretear a su gusto. No 
lo obligue a estar demasiado tiempo 
encerrado en el corralito, especialmente 
si él se resiste. Busque las causas de su 
tensión nerviosa; podría ser la diferen- 
cia en el trato que recibe de sus padres, 
o el estar sometido a una persona de- 
masiado severa. 

De nada sirve dar al niño de nalgadas 
o imponerle otro castigo para que deje 
de balancearse. Con ello parece que se 
acrecienta su tendencia. Muchos niños 
se balancean por un tiempo sin que 
se pueda encontrar ninguna causa. Sin 



De uno a tres años 11 



embargo, si el suyo persiste, es mejor 
que usted consulte al médico. 



Alimentación del niño 

En la página 67 se hablará de la 
selección de los alimentos, del horario 
para comer y de problemas de la ali- 
mentación. Pero en vista de que los há- 
bitos alimenticios de un niño parten de 
sus primeros años, vamos a hacer aquí 
algunas sugestiones al respecto. 

Hacia el fin del primer año, el niño 
ha estado tomando alimentos semisóli- 
dos por varios meses y ha aprendido a 
masticar. Toma tres comidas al día, con 
algún refuerzo entre ellas. Probable- 
mente ya bebe en taza, aunque quizá 
aún le guste tomar el pecho o su bo- 
tella. Usted piensa aumentarle los ali- 
mentos sólidos a medida que le dismi- 
nuye la leche, pero esto no es, en lo 
absoluto, lo que él tiene en la mente. 
Sorprende ver cómo pierde de pronto 
interés en la comida y comienza a co- 
mer menos. Lo que come, lo quiere a 
su modo, con su propio método para 
tomarlo del plato y llevárselo a la boca. 
Es posible que de pronto sienta desagra- 
do por alimentos que hasta entonces le 
habían gustado, ya sean cereales o le- 
gumbres. Su comportamiento fluctúa de 
una comida a otra. Hasta allí fueron 
un placer para usted y para el niño las 
horas de las comidas, pero esta situación 
se ha desvanecido. 

Es útil saber que estas fluctuaciones 
son normales. El rápido crecimiento del 
niño está aminorando, y por consiguien- 
te necesita en realidad menos alimento, 
en proporción al tamaño de su cuerpo, 
del que necesitó en meses anteriores. 

Ya no podrá usted alternar una cu- 
charada de cereal, un pedacito de fruta 
y una probada de la legumbre que me- 
nos le agrada. Primero querrá arreba- 
tarle la cuchara, pensando que con 
tenerla en sus manos ya podrá comer; 
pero cuando se entere de que éste no es 
el caso, dejará de golpe la cuchara y 
empezará a emplear sus dedos. Tan 
pronto como usted traiga otra cuchara 



tratará de nuevo de agarrarla y la esce- 
na se repetirá. Bien vistas las cosas, este 
deseo de su hijo de alimentarse solo, es 
exactamente lo que usted anhela. Así, 
déjelo hacer lo que vaya pudiendo, aun- 
que al principio lo haga con toi'peza. A 
los 2 años de edad, muchos niños ya 
comen solos de manera bastante eficien- 
te, aunque no muy limpia. Si usted le 
pone a su niño un juguete en las manos 
para impedir que las meta en la comi- 
da, le quitará la oportunidad de comen- 
zar a ensayar. Además, esto puede ha- 
cerle creer que la hora de la comida es 
hora de jugar. De por sí, ya tiene él 
bastantes ganas de jugar con la comida. 

Lo que parece un deliberado deseo 
de hacer porquerías puede tener un pro- 
pósito en sí. El niño palpa su comida 
con los dedos y derrama la leche en la 
charola porque le interesa saber cómo 
son las cosas. ¿Qué saldrá de aquí? 
¿Estará frío o caliente? ¿Qué sucederá 
si muerdo la taza? Para el niño no existe 
una diferencia entre derramar la leche 
o dejar correr el agua en la tina del 
baño. No conoce aún cuál es el lugar 
adecuado para cada uno de sus expe- 
rimentos. 

Existe una marcada diferencia entre 
la torpeza de un niño que está tratando 
con empeño de aprender a comer, y 
otro que juega con la comida porque se 
le está obligando a comer más de lo que 
apetece, está cansado o se ha dado cuen- 
ta de que esto molesta a su madre. 

Seguramente, procurará usted ayudar 
a su hijo cuando nota que se ha can- 




Aprendiendo a comer. 



12 El niño de 1 a 6 años 



sado de comer por sí mismo, pero to- 
davía tiene hambre. Trate de darle ali- 
mentos que sean fáciles de manejar; 
alterne las horas de comer con horas 
de descanso, a fin de que no esté fati- 
gado antes de comenzar a comer. Reti- 
re las cosas que lo distraen de su comida 
antes de que haya terminado. Si se pla- 
nean las cosas bien, las horas de las 
comidas serán más fáciles para el niño 
que apenas está aprendiendo a comer. 

El niño sabe muy bien cuándo está 
satisfecho. Desde luego, usted podrá 
forzar uno o dos bocados más, pero 
corre el riesgo de hacer que su apetito 
deje de ser el mejor incentivo para dis- 
frutar de sus comidas. Retírele el ali- 
mento cuando lo rehusa o empieza a 
jugar con él. Si después da señales de 
tener hambre antes de la hora fijada 
para el siguiente alimento, déle algo 
ligero, que puede usted escoger de la 
lista que se encuentra en la página 68. 

Dificultades para masticar. Hay ni- 
ños a quienes cuesta trabajo masticar 
la comida. Mientras por más tiempo se 
les den alimentos colados o macha- 
cados, más difícil será que acepten algo 
sólido. Frecuentemente estos niños gus- 
tan de galletas o pan tostado, pero re- 
chazan las legumbres o carnes que se 
les ofrecen en trozos. Es posible que un 
niño que tiene aversión a masticar, va- 
ya haciéndolo si se ponen en sus manos 
pedazos grandes de algo que le guste y 
se le deja ir tomando lo que realmente 
quiere. Se puede hacer la prueba con 
una hoja de lechuga, un poco de toci- 
no dorado, una rebanada de manzana 
o un ejote cocido. El dejarlo comer con 
los dedos parece dar mejor resultado 
que el empeñarse en alimentarlo con 
cuchara. Empiece la comida con algo 
que tenga que masticar. Un niño de 
suyo flojo para masticar necesita que se 
le estimule; no es probable que él solo 
cambie de inclinación. Los guisantes, 
los frijoles y otras legumbres de piel 
gruesa, suelen ser particularmente des- 
agradables al niño que todavía prefiere 
la comida machacada. 

Época apropiada para el destete. No 
hay una edad precisa a la que el niño 



debe dejar la botella o el pecho ma- 
terno, ni hay para qué apresurarse. Al- 
gunos niños son destetados antes de 
cumplir el año. Muchos siguen tomando 
gran parte de su leche en biberón hasta 
la edad de 2 años. Algunos lo abando- 
nan de la noche a la mañana; pero ge- 
neralmente el proceso es gradual. Los 
niños pequeños son muy sensibles a cual- 
quier cosa que los separe de su madre, 
y la lactancia está íntimamente relacio- 
nada a ella. Un niño de 12 a 18 meses 
que aún quiere mamar, especialmente 
por la noche, tal vez necesita que se le 
demuestre especial cariño; de lo con- 
trario su problema se agrava. Pasado 
algún tiempo, es posible que él mismo 
ceda de buena gana. 

Una manera de ayudar al niño a cam- 
biar poco a poco su forma de alimen- 
tarse, es dándole líquidos en taza algunos 
meses antes del tiempo en que se desea 
que deje el pecho o la botella. No se 
preocupe usted si no quiere beber toda 
la leche que usted le ofrece; muchos 
niños a esa edad toman menos de un 
litro de leche al día y, sin embargo, 
están bien alimentados porque su dieta, 
en conjunto, es adecuada. 

Las madres demasiado medrosas mu- 
chas veces actúan en forma contradic- 
toria: siguen amamantando a su niño 
por meses y meses, hasta que un buen 
día deciden que el niño es demasiado 
grande para continuar en esta situación, 
y tiran todas las botellas o bruscamente 
le retiran el pecho, y de este modo, a 
pesar de su anterior condecendencia, 
acaban por destetarlo de una manera 
brusca y repentina. Vale más empezar 
antes y hacerlo poco a poco, a fin de 
evitar sufrimientos al niño. 



El chupeteo puede prolongarse 

Al succionar del pecho materno o de 
la botella el niño satisface una gran 
necesidad. Guando no tiene la oportu- 
nidad de hacerlo en la medida de su 
antojo, es posible que caiga en el hábito 
de chuparse los dedos, o el dedo pul- 
gar, o una frazada. Algunos niños lo 



De uno a tres años 13 



hacen prácticamente desde su nacimien- 
to. Pero el mamar implica algo más que 
el solo hecho de alimentarse. La sensa- 
ción de la leche tibia que fluye hacia 
un estómago vacío y la comodidad de 
estar sostenido en brazos amorosamente, 
proporciona también una satisfacción. 
De modo que lo que empezó por ser 
una necesidad física, pronto tiene un 
significado más profundo, y cuando el 
niño succiona revive la felicidad de es- 
tar en brazos y alimentado. 

En la mayoría de los casos, el niño 
afecto a chuparse el dedo pulgar lo 
empieza a hacer antes del destete. Si 
para entonces no ha tomado esa cos- 
tumbre, tal vez no la adquiera, aunque 
pueda chuparse el dedo durante perio- 
dos breves de tensión especial, como 
cuando le v^an a salir los dientes, o para 
probar a lo que sabe, cuando ve a otro 
niño hacerlo. 

Muchos niños dejan espontáneamen- 
te de chuparse el dedo como a los 3 ó 
Si/'o años, al superar la necesidad por este 
tipo de satisfacción. De vez en cuando, 
un niño se chupará el dedo cuando esté 
cansado, deprimido o se sienta tempo- 
ralmente inseguro. El resto del tiempo 
estará ocupado y feliz. 

Algunos niños persisten en chuparse 
el dedo pasada la edad de los 4 años. 
Algunos lo hacen tan prolongada y vi- 
gorosamente que hasta desvían la posi- 
ción de los dientes de arriba. Tales 
niños generalmente demuestran en otras 
formas que no son felices o que se sien- 
ten desalentados. Es mejor tratar de 
buscar la causa de su problema, que 
impedir directamente que se lleven el 
dedo a la boca. Entablillarles el dedo, 
untarlo de acíbar o ponerles guantes, 
es inútil, ya que más bien estas medi- 
das acentúan en ellos la idea de que no 
se les ama. Los padres a quienes dis- 
gusta que sus niños se chupen el dedo, 
suelen decir que les preocupa el riesgo 
de que atrapen microbios, o que pare- 
cen bebitos; pueden hasta sentirse mo- 
lestos por el placer que el niño deriva 
de su cuerpo. Sin embargo, los micro- 
bios que pueda tener el dedo pulgar 
del niño no son más numerosos que los 



que habitualmente amenazan al niño. 
Recuérdese que ésta es la edad en que 
los niños llevan todo lo que pueden a 
la boca. Es una forma de aprender. Si 
sus modos de bebé no le agradan, pien- 
se que en realidad es un niño pequeño 
y que tiene toda la vida por delante 
para verse como persona mayor. 

Algunos padres prefieren dar al niño 
un chupón para que satisfaga su gusto 
por chupar. Aunque parezca lo mismo, 
los chupones y el dedo no son iguales. 
A diferencia del dedo pulgar, el chu- 
pón se puede perder o deteriorar por el 
uso, y puede, además, ser causa de que 
el niño se ahogue si muerde pedacitos 
de hule que se desvíen por la tráquea. 
Si se opta por emplear el chupón, con- 
viene tener dos o tres de reserva, en 
caso de que uno se extravíe o se tenga 
que dar de baja por gastado. 

Uno de los problemas del chupón 
es que los padres suelen también acos- 
tumbrarse a él. ¡ Es tan fácil ponerlo en 
la boca del niño al primer sollozo! De 
este modo fomentan en su hijo el hábito 
de chupar mucho tiempo después de 
que él, por sí mismo, lo hubiera dejado. 
Los padres deben estar vigilantes de los 
pequeños indicios que revelan que el 
niño está ya dispuesto a dejar el chupón. 



¿Cuándo debe iniciarse 
la educación del acto 
de evacuar? 

El momento para comenzar tal edu- 
cación depende del niño. ¿Cómo saber 
que ya está listo para aprovecharla? 
Físicamente, necesita bastante control 
muscular para poder retener a volun- 
tad las heces o la orina, que antes de- 
jaba escapar a la menor presión. La 
educación implica, en primer lugar, el 
hábito de retener, pero eso no es todo. 
Es necesario que el niño aprenda a ma- 
nifestar su necesidad por medio de un 
gesto, un sonido o una palabra, o que 
ya sea capaz de ir al retrete por sí 
mismo. Aún así, probablemente nece- 
site ayuda para quitarse y ponerse el 
pantalón. Lograr buenos hábitos al res- 



14 El niño de 1 a 6 años 



pecto es una cosa muy complicada y 
requiere tiempo. Lo que se pide al niño 
es que aprenda a detener una evacua- 
ción natural, que pueda esperar, y eva- 
cúe su intestino o su vejiga en el lugar 
indicado y al debido momento. Usted 
lo ayuda, pero sólo él puede lograrlo. 

He aquí otra sugestión para el buen 
éxito de esta empresa. Aproveche su 
deseo de bastarse a sí mismo e inde- 
pendizarse de usted. Esto es comple- 
tamente diferente de la actitud de "co- 
rregir" sus malos hábitos, o de castigarlo 
por sus faltas encerrándolo en el cuarto 
de baño, o de recurrir a otros proce- 
dimientos duros. No olvide que está an- 
sioso por obtener su aprobación y que 
desea cooperar, aunque también quiere 
sentir que es su propio amo. El éxito 
de la educación no es sólo mérito de la 
madre^ sino también del niño. Y no hay 
que culparlo a él solo cuando las cosas 
no salen bien. Algunas madres, cuando 
el bebé tiene 8 ó 9 meses, comienzan 
a sentarlo en una bacinica o en el re- 
trete a la hora en que suele evacuar su 
intestino. Si éste tiene movimientos re- 
gulares será posible "pescarlos." El éxito 
depende de conocer bien el horario de 
evacuar del niño, antes de que aprenda 
a caminar y le dé por no estar quieto 
un instante. Quizá la madre se ufane de 
no haber recogido por varias semanas 
un solo pañal sucio. Pero en cuanto el 
niño prodigio aprende a gatear o a ca- 
minar, o bien, si cambia el ritmo de las 
evacuaciones, todo el adelanto se viene 
abajo; el niño se comporta como si 
nunca se le hubiera enseñado nada. 

En verdad, el control del intestino 
no puede enseñársele a un niño sino 
hasta que está en edad de caminar. Si 
quiere usted empezar de inmediato, 
puede intentarlo y ver qué es lo que 
aprende el niño. Enséñele una palabrita 
apropiada para que pueda anunciar su 
deseo de obrar, o emplee el mismo so- 
nido del niño, para este efecto. Siéntelo 
en el retrete por breves instantes, con 
los pañales puestos o sin ellos, para que 
note la diferencia. 

La comodidad y el equilibrio tienen 
importancia. El niño debe tener algo en 



qué apoyar sus pies y su espalda. Tal 
vez le asuste menos un recipiente bajo, 
que si se le sienta en el excusado para 
adultos al que se ha adaptado un asien- 
to para niño. Llévelo allá cuando us- 
ted crea que el bebé empieza a sentir 
el deseo de obrar. Permanezca junto 
a él y platíquele. Al cabo de un rato 
— ■ no mayor de 5 minutos — retírelo del 
retrete, cualquiera que haya sido el re- 
sultado. Si el niño lucha por recobrar 
su libertad, nada se ganará con dete- 
nerlo a la fuerza. Quizá acepte quedarse 
de pie junto al retrete sin siquiera qui- 
tarse su pañal. Aunque esto no salva un 
pañal (lo cual no es la meta), por lo 
menos acostumbra al niño a estar en el 
lugar adecuado en el momento opor- 
tuno. 

Los niños pequeños se sienten muy 
dueños de los productos de su cuerpo y 
no tienen acerca de sus evacuaciones 
ninguna sensación de asco. No es raro 
que metan las manos en la bacinica o 
embadurnen de materias fecales la pa- 
red o la cuna. Trate de sobreponerse 
al disgusto que le causen estas tropelías, 
pensando que forman parte de la ten- 
dencia del niño a experimentar. Piense, 
que usted también se muestra compla- 
cida ante las evacuaciones del niño, 
cuando las hace en el excusado. Algu- 
nos puericultores han hecho la obser- 
vación de que probablemente el niño 
se siente muy desconcertado cuando su 
madre, ruidosamente, deja correr el 
agua del excusado. Para evitarle esta 
sensación de desprecio, o porque tal vez 
el niño piense que él puede irse tam- 
bién por el mismo conducto, algunas 
madres muy cuidadosas no vacían el 
excusado sino hasta que el bebé ha 
abandonado el cuarto de baño. Cuando 
sea más grande, es claro, hasta le di- 
vertirá manejar él mismo la llave del 
desagüe. 

El miedo de irse por el excusado le 
acomete a los niños al mismo tiempo 
que el miedo de irse por el desagüe de 
la tina de baño. Estos temores parecen 
completamente ridículos a una persona 
mayor, pero los niños no tienen la me- 
nor idea de la proporción de los tama- 



De uno a tres años 15 



ños. En sus juegos, siempre se les ve 
haciendo experimentos con el volumen 
de los objetos; tratando de meter cosas 
grandes en espacios reducidos y peque- 
ños objetos dentro de otros demasiado 
grandes. Les toma muchos meses de 
práctica el darse cuenta del tamaño de 
las cosas. Tampoco tienen, naturalmen- 
te, una idea apropiada acerca de su pro- 
pio tamaño con relación a las puertas, 
los desagües, las sillas o los carritos de las 
muñecas. 

Para muchas personas la regularidad 
diaria en las ev^acuaciones intestinales 
se ha convertido en un símbolo de per- 
fecta salud. Sin embargo, dicha regu- 
laridad no es absolutamente necesaria. 
Algunos niños evacúan sólo cada tercer 
día. No es prudente el uso de suposi- 
torios o enemas, a menos que el mé- 
dico los prescriba durante una enferme- 
dad. Es mejor seguir una dieta que 
mantenga suave la masa fecal, hacer 
ejercicio e ingerir abundantes líquidos, 
que emplear medicinas y desarrollar 
una preocupación excesiva por algo que 
no es sino vm proceso natural 

Educación de la vejiga. El siguiente 
paso, es procurar que un niño perma- 
nezca "seco."' Sin presionarlo, dejará 
gradualmente de mojarse, lo cual es me- 
jor que pretender enseñarlo en un corto 
plazo. "Esta semana, le voy a enseñar a 
Robertito a no mojarse," significa que 
todo lo demás queda supeditado a los 
repetidos viajes al cuarto de baño. A 
toda hora la atención está puesta en 
los pañales. ¿Están mojados? ¡Qué fra- 
caso! ¿Secos? ¡Qué triunfo! 

Alrededor del año y medio o 2 años, 
un niño comienza a espaciar sus mic- 
ciones, a medida que su vejiga es capaz 
de llenarse en vez de vaciarse automá- 
ticamente. Ahora el pequeño entiende 
mejor y ya sabe algunas palabras para 
dar a conocer lo que desea. Además, es 
posible que ya esté en mejor disposi- 
ción mental que cuando tenía un año, 
y trate de cooperar con usted. Se ha 
acentuado su tendencia a imitar a los 
demás; ya no lo absorbe la idea de 
querer caminar, y tiene un poco más 
de tiempo disponible. Probablemente 



aprenderá más pronto a controlar sus 
evacuaciones si usted, para educarlo, 
se espera hasta que tenga 18 meses. Las 
niñas suelen estar dispuestas para el 
aprendizaje antes que los niños, como 
sucede también en otras actividades que 
requieren control y cierta madurez. 

Comience por llevar al niño al re- 
trete cuando todavía está seco. Esto pue- 
de suceder frecuentemente después de 
la siesta, si acude a él en cuanto des- 
pierta. Vístalo con calzoncillos, que son 
más fáciles de manejar que los paña- 
les, y que pueden convertirse en un 
incentivo para que quiera permanecer 
seco. En caso de que el cambio de ropa 
haya sido prematuro, no por ello ame- 
nace al niño con volverle a poner pa- 
ñales. 

Algunos padres tratan de establecer 
un programa u horario para las miccio- 
nes, por ejemplo, antes de las comidas, 
o bien, entre una y otra. Sin embargo, el 
niño tiene su propio ritmo, y es mejor 
seguirlo, cuando menos al principio. 

A veces resulta que un niño, que iba 
progresando bien, tiene algunos retro- 
cesos. Todavía no se ha fijado su apren- 
dizaje, y con facilidad cae en los hábitos 
pasados, por semanas o meses. En ello 
influye el clima frío, un catarro leve, 
un huésped en la casa o la excitación 
de un viaje. Trate usted de no comen- 
tar ni dar demasiada importancia a 
estas recaídas. 

Algunas veces se presentan problemas 
más graves. Un niño puede negarse 
rotundamente a ir al cuarto de baño, 
o demostrar claramente que está tan 
preocupado de incurrir en un accidente 
que casi no puede pensar en otra cosa. 
Cuando esto suceda, afloje su adiestra- 
miento y déjelo en paz durante un poco 
de tiempo. A veces aparecen trastornos 
que no parecen tener relación con esto. 
Puede estar verdaderamente preocupado 
de ir a ensuciar su ropa, por ejemplo, 
o rehusarse a tocar nada que le parezca 
muy blando, o hacerse difícil para co- 
mer. 

Una vez que el niño ha aprendido 
para lo que sirve un excusado, rara vez 
lo oháda. Es muy probable que se en- 



16 EL niño de 1 a 6 años 



tere de las cosas más rápidamente de lo 
que usted piensa o desea, como cuando 
da con el lugar donde se encuentran los 
caramelos de limón. Por lo tanto, no 
es necesario estarlo amonestando o cas- 
tigando para grabarle la idea de ex- 
cusado en su mente. 

Es posible que haya usted comenzado 
a enseñarle demasiado pronto, o que él 
sea de los niños que quieren gobernar- 
se solos. Si usted lo observa, encontrará 
la respuesta. ¿Se le ha dado ocasión 
para demostrar lo que le gusta y cómo 
se ha de proceder con él? ¿El hecho 
de crecer le produce satisfacciones o 
preferiría seguir siendo un bebito? ¿Su 
miedo de ensuciar su cama o sus pan- 
talones es tan grande que provoca el 
accidente? Cualquiera que sea la causa, 
usted lo ayuda mejor si trata de ani- 
marlo, que si lo castiga. Los niños, en 
su mayoría, llegan a los 3 años sin po- 
der todavía permanecer secos y limpios 
por todo el día. 

Un niño que está aprendiendo a usar 
el retrete es posible que no logre obrar 
al aire libre ni en un cuarto de baño 
que no sea el de su casa. A la edad de 
2 años suele adoptar una rutina, que 
se rige por las cosas que constituyen su 
ambiente familiar. Al cambiarlo de un 
lugar a otro hay que darle tiempo a 
que se acostumbre. Para ir de viaje, 
llévele el asientito del retrete. Podrá 
anunciarle que es preciso usar otro re- 
trete o que tendrá que orinar en el 
campo. Si su propio asiento le da con- 
fianza, los padres deben llevarlo y aco- 
modárselo sobre la hierba o en algún 
otro lugar conveniente. 

Los varoncitos orinan sentados, al 
principio. La edad para que lo hagan 
de pie probablemente depende más que 
nada de si tienen hermanos mayores o 
de lo que vean hacer a su padre. El 
ejemplo masculino puede también dar- 
le a una niña nuevas ideas de cómo 
orinar; probablemente ensayará una y 
otra vez hasta que llegue a aceptarse 
tal como ella es. 

Micciones nocturnas. El control de 
la orina durante la noche se logra a una 
edad mayor de los 3 años, pero puesto 



que ya tocamos el tema vamos a com- 
pletarlo aquí. 

Antes de los 4 años, casi todos los ni- 
ños se mojan por la noche, aunque se 
dan casos de niños que se orinan du- 
rante el día y no lo hacen por la noche. 
Generalmente, el niño que aprende fá- 
cilmente a controlar sus evacuaciones 
diurnas, se acostumbrará con facilidad 
a no mojarse por la noche, siempre que 
reciba el estímulo apropiado. 

Algunos padres acostumbran llevar a 
su niño al excusado cuando se disponen 
ellos mismos a acostarse, o muy tempra- 
no, en la mañana. Para algunos niños 
es fácil orinar cuando se les levanta, 
aún estando semidormidos; si el niño 
no puede hacerlo tan fácilmente, y le 
molesta o asusta que se le despierte, es 
mejor no hacerlo. Algunos puericulto- 
res opinan que si se lleva a un niño al 
retrete cuando está adormilado, esto mis- 
mo puede originar que siga mojándose 
cuando está dormido, durante más tiem- 
po que si se le deja evolucionar solo. 

Disminuir un poco los líquidos des- 
pués de las 5 de la tarde puede ayudar 
a un niño que ya entiende la relación 
que existe entre las bebidas y una ve- 
jiga sobrecargada. Pero si considera esto 
como una privación o como un castigo, 
podría rebelarse contra dicha medida 
o desarrollar miedo a un accidente. 
Cuando un pequeño que ha aprendido a 
estar seco en la noche, se siente de pron- 
to inseguro, por ejemplo, cuando llega 
un nuevo hermano, mojar la cama pue- 
de ser un síntoma de su angustia. 

Actitudes respecto al cuerpo. Mucho 
antes de que se intente educarlo, un 
niño percibe la impresión que ocasiona 
en sus padres el acto de cambiarle los 
pañales. Es una fortuna si ha sido us- 
ted capaz de manejar este delicado 
asunto con toda naturalidad. En su afán 
de educar al niño, muchos padres lo 
regañan cuando se ensucia, y pueden 
inculcarle la idea de que esta parte de 
su cuerpo es repugnante, incluyendo en 
ella sus órganos genitales, lo que le crea 
un sentimiento de vergüenza respecto a 
su cuerpo. 

Los niños aprenden muy pronto que 



De uno a tres años 17 



la sociedad exige cierta reserva en lo 
que se refiere a las funciones excre- 
torias, pero pueden acostumbrarse a 
guardar esta resei'va sin necesidad de 
avergonzarse de su cuerpo y sus fun- 
ciones. 

De una manera o de otra, todos los 
niños descubren que pueden provocarse 
ciertas sensaciones placenteras, median- 
te el roce o la manipulación de sus ór- 
ganos genitales, y exploran las partes 
sensibles de su cuerpo, al igual que ex- 
ploran cualquier otro objeto que les 
interesa. Pero su atención pronto se fija 
en otra cosa, de manera que vale más 
no hacer nada a este respecto. Si le 
preocupa a usted mucho la conducta del 
niño, puede ponerle un juguete en las 
manos como por casualidad, y con cal- 
ma tomarlo en brazos, hablarle o jugar 
con él; ofrézcale un poco de agua para 
beber o manténgalo ocupado de alguna 
otra manera. Sin embargo, si interfiere 
con él cada vez que toca su cuerpo, 
puede darle la impresión de que esto es 
malo o peligroso. 



Aprende a conversar 

La capacidad de conversar con otra 
persona es esencialmente humana; si- 
túa a los hombres en lugar aparte. 
Cuando un bebé profiere por primera 
vez un sonido que parece tener alguna 
significación, los padres se conmueven y 
empiezan a ver a su hijo de manera 
diferente: sienten que ya es un ser hu- 
mano. Todo el mundo se alegró con la 
salida del primer diente o cuando el 
niño dio sus primeros pasos; pero estos 
adelantos puramente físicos no llevan 
nunca las promesas estimulantes de la 
primera palabra, el gozo de las expe- 
riencias compartidas por medio del len- 
guaje, la satisfacción de conversar jun- 
tos, de sentirse compañeros. 

En su primera infancia el niño se 
divierte emitiendo sonidos guturales, que 
personas autorizadas nos aseguran que 
son ensayos de lenguaje. Antes de mu- 
cho tiempo, habrá logrado pronunciar 
una gran cantidad de sonidos, algunos 



de los cuales tendrá que descartar por 
no usarse en la lengua del país, aunque, 
puedan necesitarse en otros idiomas. 

Desde el principio, usa su voz va- 
riando el tono y la intensidad de su 
llanto, de su risa o de sus chillidos para 
así expresar sus sentimientos. Muy pron- 
to reconocerá la voz de su madre, di- 
ferenciándola del resto de los sonidos 
de su alrededor, y podrá distinguir si su 
tono es afable o no. 

Conforme pasa el tiempo, oirá ha- 
blar a muchas personas, algunas diri- 
giéndose a él, como usted que le platica 
mientras lo baña o le da su alimento. 
Al jugar con los sonidos, empieza a imi- 
tar el ritmo del lenguaje que escucha. 
Parece que su conversación lleva pau- 
sas e inflexiones características, lo mismo 
sea chino, que español o inglés, aunque 
los sonidos en sí carezcan de sentido. 

A los 6 meses, reproduce a voluntad 
algunos de estos sonidos que escucha a 
la ventura. Para cuando ya tiene un 
año, gracias al aliciente y a la aten- 
ción que logra cuando emite algún so- 
nido, y después de que se lo han estado 
repitiendo directamente a él, empieza 
a asociarlo con el objeto o la persona. 
De esta manera nace el lenguaje. Es 
el resultado de la madurez de los múscu- 
los de la garganta y de la lengua (que 
se han fortalecido por el ejercicio de 
succionar) ; de oír lo que dice; de su 
deseo de comunicarse, y de la necesaria 
inteligencia para poder asociar un so- 
nido con el significado que tiene para 
otras personas. 

Mediante el lenguaje, el mundo del 
niño se define y aclara. Por supuesto, el 
niño piensa y siente antes de poderse 
expresar, pero lo que piensa y siente se 
convierte en algo preciso en el momen- 
to en que puede formularlo. Ya puede 
usar palabras para recordar hechos pa- 
sados y para anticiparse a otros futuros. 

Poco a poco el niño descubre el po- 
der de las palabras. En cuanto doniina 
algunas, empieza a controlar su propio 
mundo. Los padres sienten un gran ali- 
vio cuando se dan cuenta de que es 
mucho más fácil manejar a un niño 
que sabe hablar. 



18 El niño de 1 a 6 años 



Durante cierto tiempo es probable 
que el niño abuse de su nueva arma, 
particularmente cuando descubre el po- 
der de un "no." Paulatinamente va 
adquiriendo la habilidad de expresar 
sus deseos con más detalle. Puede de- 
cir "esperen," en vez de decir "no." 
Puede con palabras defenderse en vez 
de morder, pegar, llorar o echarse a co- 
rrer. Mediante el lenguaje logra ir ma- 
nejando sus asuntos, en una forma sa- 
tisfactoria para él y aceptable para la 
sociedad. 

La etapa del parlanchín. Algunos 
niños inteligentes empiezan a usar me- 
dia docena de palabras antes de cami- 
nar. La edad exacta varía. Después, sus 
adelantos lingüísticos se detienen por- 
que su atención está concentrada de 
lleno en el intento de aprender a cami- 
nar, pero ya para su segundo cumple- 
años habrá hecho' progresos notables, y 
en el curso del año siguiente añadirá 
a su vocabulario 300 a 400 palabras. 
Su método de aprender es preguntar 
constantemente ¿qué es esto? Un niño 
de 3 años repite las palabras que sabe 
una y otra vez. "Habla todo el tiempo." 
dice el padre, y es verdad. Tal vez diga 
11000 a 12 000 palabras al día. Se- 
guirá agregando palabras a su vocabu- 
lario durante toda su etapa pre-escolar; 
en realidad, a través de toda su vida. 
Sin embargo, la proporción no voh'erá 
nunca a ser tan grande. 

Comienza por usar palabras sueltas 
para expresar una idea — "luz," "ca- 
rro," "sombrero," "comida." Y usted 
adivina por sus gestos y por su tono de 
voz lo que en realidad quiere decir. 

En seguida, el niño, que es todo ac- 
tividad, quiere expresar acciones y para 
ello empieza a emplear también algu- 
nos verbos: "Papá va," "perro ladra," 
"nene corre." 

El uso apropiado de los pronombres 
viene algo más tarde, porque cambian 
constantemente según se refieran a la 
primera, segunda o tercera personas, y 
el mundo del niño está centrado en sí 
mismo. Todavía siente que él es el úni- 
co "yo" que cuenta. ¿Cómo es posible 
que tú seas yo, cuando yo soy yo? 



En vista de que las personas suelen 
dirigirse a él, llamándole: "nene" o 
"Tomás," es probable que el también 
diga "nene come," "Tomás juega." Si 
usted expresa correctamente una idea, 
el niño es capaz de repetir la frase, pero, 
por el momento, no hay que insistir en 
la corrección del lenguaje. 

El lenguaje infantil. Los niños in- 
ventan las más expresivas y maravillosas 
palabras, que luego forman parte del 
léxico de la familia. El perro se llama 
"guá-guá," el automóvil "to-to," la le- 
che "papa," etc., y como todos los miem- 
bros de la familia empiezan a repetir 
estas expresiones, ayudan al niño a que 
vaya dando forma a las ideas por medio 
de las palabras, que son como un puen- 
te entre el lenguaje infantil y el de la 
gente grande. Esta manera "aniñada" 
de hablar, en la cual las propias pala- 
bras del niño y sus sencillas estructuras 
son copiadas por los adultos, lo van 
ayudando a expresarse en el lenguaje 
hablado. Los niños rehuyen la dificul- 
tad de elaborar frases demasiado largas. 

A los niños les encanta seguir jugando 
con los sonidos, mucho tiempo después 
de que ya aprendieron a hablar, y así, 
es frecuente oír a un niño de 3 ó 4 
años, emitir sílabas que no tienen sen- 
tido: "gagl-gogl, sum, sum." Un buen 
trabalenguas es todo lo que se requiere 
para que un grupo de pre-escolares se 
divierta. Además de divertirse, les sirve 
para perfeccionar la pronunciación de 
las consonantes difíciles y dar énfasis 
a las sílabas media y final de las pala- 
bras, todo lo cual, mejora también la 
articulación del lenguaje. Estos juegos 
con palabras son una buena práctica del 
lenguaje. 

A los pre-escolares les agrada jugar 
con palabras mal vistas en sociedad, ta- 
les como "pipi," "caca" y otras que 
hayan tenido la oportunidad de escu- 
char. Con esto, creen causar una impre- 
sión y piensan: "¡Qué importante soy!" 
Si usted no hace caso de este juego o 
trata de desviarlo, diciendo a su vez 
palabras que no tienen sentido, tal vez 
consiga que estas travesuras infantiles 
no se conviertan en un problema. "¡ Ca- 



De uno a tres años 19 



ra de papa machucada!" le divertirá al 
niño tanto como la mala palabra que 
aprendió por otro lado. 

Ninguno de los ejemplos anteriores 
debe confundirse con el modo "aniña- 
do" de hablar que algunos chicos con- 
servan por más tiempo del debido, al 
darse cuenta que a sus padres les hace 
gracia. Los niños que escuchan buen 
lenguaje, tratan de copiarlo. General- 
mente el niño abandona sus modismo? 
infantiles cuando sus papas lo hacen 
también. 

Retraso en el hablar. Tanto la edad 
en la cual empiezan los niños a ha- 
blar, como la cantidad de palabras que 
aprenden, varían en cada individuo. Las 
niñas suelen ser en esto más precoces 
que los niños, y su lenguaje es más cla- 
ro. Donde hay hermanos mayores, éstos 
a veces interpretan al más pequeño, tan 
bien que éste ya no hace el esfuerzo 
de hablar. Los gemelos y los triates son 
tardíos y confusos en el hablar, quizá 
porque pasan muchas horas con un com- 
pañero que tampoco sabe expresarse. 
Influye mucho en el lenguaje del niño, 
lo que oye hablar a su alrededor. 

Los niños que viven en instituciones, 
tardan más en hablar que aquellos que 
están bajo la tutela maternal. El tem- 
peramento también es un factor. Algu- 
nos chicos son parlanchines desde el 
alba hasta el anochecer; otros miran y 
observan en silencio. Algunos empiezan 
a jugar con las palabras desde temprana 
edad; otros comienzan hasta los 2 ó 3 
años. Los niños hablan más cuando tie- 
nen qué decir. Unas vacaciones en la 
playa, por ejemplo, son un estímulo pa- 
ra que el niño aprenda nuevas palabras 
y quiera decir más cosas. 

A veces las circunstancias obligan a 
un niño a aprender dos idiomas a la 
vez. Llama la atención cómo pueden 
saber cuándo usar uno y cuándo el otro. 
A menudo su habilidad para manejar 
ambas lenguas se retarda un poco, a 
causa de la doble tarea, pero acaba por 
ponerse al corriente. 

Si está usted preocupada porque su 
hijo tarda en aprender a hablar o por- 
que nadie le entiende, sepa que hay 



muchas razones para los retrasos o de- 
fectos del lenguaje, y el remedio en cada 
caso es diferente. 

Si a la edad de 3 años, un niño no 
habla aún, es preciso hacerle un estu- 
dio completo. Su médico podrá reco- 
mendarle una clínica o algún especia- 
lista que se lo haga. Los departamentos 
de salud pública pueden también pro- 
porcionarle información sobre dónde 
hacer examinar al niño. Ya que las 
escuelas públicas están interesadas en 
facilitar la manera de corregir los de- 
fectos del lenguaje de los aluinnos, la 
escuela más próxima podrá quizá pres- 
tarle ayuda para el diagnóstico y el tra- 
tamiento del pequeño. 

El tartamudeo es común. Es difícil 
para el niño pensar en la palabra ade- 
cuada y decirla. La dificultad aumenta 
a la edad de 2% ó 3 años, cuando las 
ideas del niño son más numerosas que 
su vocabulario. A través de todos los 
años pre-escolares. los niños son torpes 
para expresar sus ideas, en particular si 
están alterados o excitados. A veces caen 
en el hábito de la repetición para ase- 
gurarse de ser oídos por un padre o una 
madre distraídos o cansados de su con- 
tinuo parloteo. A veces titubean o tro- 
piezan con las palabras si temen que 
otro niño les gane a decir lo que quie- 
ren. 

Los padres que ponen especial aten- 
ción en la forma de hablar de sus hijos, 
que han tenido dificultades de lenguaje 
ellos mismos, o que han conocido ese 
problema en alguno de sus parientes, 
son los más propensos a preocuparse por 
ese modo de hablar atropellado. Ya dan 
por seguro que el niño tartamudea, )' 
con esta idea en la mente se fijan en 
todas las repeticiones o fallas que co- 
mete al hablar, las cuales se hubieran 
ido corrigiendo por sí solas, si no se les 
prestara tanta atención. 

La preocupación de los padres se 
refleja en la expresión de su rostro o en 
el tono de su voz cuando hablan de eso. 
Entonces el niño también se preocupa. 
Creen los padres ayudarlo cuando le 
dicen: "Habla despacio." El niño se da 
cuenta de que no complace a sus ínter- 



20 El niño de 1 a 6 años 



locutores y titubea más aún. La próxi- 
ma vez que quiera decirles algo, apenas 
podrá soltar la primera palabra, sabien- 
do que lo va a hacer mal. Entonces sí, 
es ya un hecho que su modo de hablar 
se ha perturbado. 

Esta es una de las maneras como em- 
pieza el tartamudeo. Probablemente 
tenga también otras causas. En muchos 
casos puede prevenirse. A continuación 
hacemos algunas sugestiones de cómo 
ayudar a su niño a desarrollar un buen 
lenguaje; sirven también para prevenir 
el tartamudeo. 

Peraiítale al niño hablar como niño. 
Está todavía aprendiendo a manejar 
palabras e ideas. Jamás haga mofa de 
su pronunciación defectuosa. 

Permita también al niño que se com- 
porte como niño. Si se empeña en que 
sea perfecto, un modelo de pulcritud, 
siempre limpio y seco, con buenas ma- 
neras, obediente y tranquilo, lo estará 
sometiendo a una tensión que segura- 
mente se manifestará en alguna forma. 
Muchas veces se traduce en problemas 
del habla, inclusive en negarse a hablar, 
ya que la facultad de la palabra está 
íntimamente ligada con lo que la perso- 
na piensa de sí misma. 

Procure escuchar a su hijo. Una con- 
versación requiere dos personas: una 
para hablar y la otra para escuchar. Su 
niño se alentará si usted oye con aten- 
ción lo que él tiene que decir. Muchas 
veces se excluye al niño de las conver- 
saciones de la gente adulta — a la hora 
de las comidas, cuando llegan visitas, o 
cuando la madre habla por teléfono. 
Hay que hacer un verdadero esfuerzo 
para que el niño participe en la conver- 
sación siempre que sea posible. 

La mayoría de los niños se intimidan 
ante los extraños cuando se les pide que 
repitan una rima o que hagan alguna 
otra gracia. En cambio, se mostrarán 
comunicativos si encuentran un audi- 
torio amigo formado por personas co- 
nocidas. 

Léale a su niño, cante con él, platí- 
quele. Los chistes, los juegos de palabras 
y los trabalenguas, le divierten y a la 
vez le sirven. Adelantará mucho com- 



partiendo su vocabulario con otras per- 
sonas. La facultad de hablar bien es 
en extremo valiosa para todos, niños 
y adultos, y debe hacerse todo lo posi- 
ble por obtener sus ventajas y alegrías. 



El niño que juega con todo 

Un niño no distingue entre el trabajo 
y el juego. Los adultos se admiran de 
cómo puede absorberse en lo que está 
haciendo — un cuento, un juguete, de- 
jar correr el agua del baño, seguir el 
vuelo de una mariposa. Al mismo tiem- 
po, se impacientan de que un niño no 
tenga noción del tiempo: ¿No te das 
cuenta que es hora de comer? O se mo- 
lestan cuando se resiste a interrumpir 
la ocupación que lo tiene absorto. 

Un niño de esta edad puede pasar 
horas sentado en el suelo de la cocina 
sin otro juguete que una gran cuchara 
y una sartén. Lame la cuchara, la golpea 
contra la sartén para oír el ruido que 
se produce, la pone dentro, trata de po- 
ner la sartén en la cuchara, empuja la 
sartén para que resbale sobre el suelo, 
la vuelve boca abajo para ocultar la 
cuchara, encuentra la cuchara de nue- 
vo. Cuando ya no halla algo nuevo que 
hacer con estos objetos, los abandona, 
pero reanudará sus experimentos si se 
le dan nuevos elementos: arena, agua, 
guijarros, juguetes pequeños. Descubre 
otras posibilidades y domina las ya en- 
sayadas. Después se marcha; ya acabó 
de jugar. 

El juego de niño no carece de meta; 
tiene un propósito aunque no se vea 
claramente lo que trae en la mente o, 
ni siquiera, lo que trata de hacer. ¿Qué 
es lo que aprende mientras juega? 

Ante todo aprende a manejar su cuer- 
po: a tirar y a empujar, a levantar, a 
lanzar, a treparse y brincar, a apretar y 
a estrujar con fuerza, a hurgar y a des- 
gajar. Al principio es torpe, rudo. Poco 
a poco aprende a dominar sus movi- 
mientos; sus brazos, sus piernas y su 
tronco, después sus dedos y sus manos; 
hasta que logra actuar con suavidad y 
poco esfuerzo por la edad de 4 ó 5 años. 



De uno a tres años 21 



También debe descubrir para qué sir- 
ven las cosas, a dónde van, qué cabe en 
qué. Debe ensayar de hacer lo que ve 
que otros hacen, ya sea barrer o coci- 
nar, cortar el pasto o componer el auto- 
móvil. 

Gradualmente aparece un nuevo ele- 
mento. Un pedazo de madera se con- 
vierte en un carro y el niño completa 
la ilusión imitando los ruidos del motor. 
Da vueltas y maneja dentro y fuera del 
tránsito. Pone en línea algunos granos 
de cereal y éstos se vuelven hombres que 
marchan. El mismo se convierte en 
perro o en aeroplano. En la mayoría de 
los niños, esta vida de imaginación se 
inicia alrededor de los 18 meses. Mien- 
tras más inteligente sea un niño, será 
más imaginativo, y este tipo de juegos 
empezarán más pronto. Se desarrollarán 
mucho hasta la edad de 4 ó 5 años, 
cuando empezarán a ser desplazados 
por el mundo de la realidad. 

A través del juego imaginativo, el 
niño aprende a sentir lo que es ser 
"algo" o alguien más. Expresa lo que 
siente, como pequeño ser, rodeado de 
personas mayores y de fuerzas podero- 
sas. Asume papeles copiados de la vida 
real, imitando fielmente los gestos y las 
inflexiones de voz; desahoga su enojo 
o sus sentimientos frustrados; revive las 
experiencias que lo han conmovido, in- 
trigado o le han causado alegría. 

¿En dónde jugará? Tan pronto 
como el niño comienza a moverse por 
su cuenta, desea estar en el lugar en 
que se encuentra su madre, sea en la 
cocina, en el lavadero o en la tina del 
baño. Los padres que sueñan con que 
"el niño se estará en su cuarto de juego 
y no hay que preocuparse" sufrirán una 
desilusión. Un juguetero, alejado del 
centro de actividad de la casa, rara vez 
le gustará a un niño, a menos de estar 
acompañado. Y ya que desea tanto estar 
cerca de su madre, déjelo jugar junto 
a usted, mientras usted trabaja. Su com- 
pañía es emocionalmente muy impor- 
tante para él; su vigilancia es esencial 
para su seguridad. 

Aunque pueda usted tenerlo a su lado 
la mayor parte del tiempo, es bueno que 



tenga un lugar propio para jugar. Pue- 
de ser su cuarto, u otro sitio que él re- 
conozca como suyo, en donde se encuen- 
tren sus principales posesiones y en el 
que tenga menos restricciones de las que 
se imponen en otras partes de la casa. 
Si él tiene un lugar que considera suyo, 
podrá empezar a distinguir entre "sus" 
discos de música y los de usted, entre 
"su" vajilla y la porcelana fina de la 
casa, entre los muebles sobre los que se 
puede trepar y los de la sala. 

Si tiene su lugar propio, no lo en- 
cierre ni lo mande ahí como un cas- 
tigo. No podrá estar contento en vm 
lugar que considera como una cárcel. 
En general, da buen resultado fijar 
ciertas horas para que el niño juegue en 
su cuarto todos los días, y otras para 
que esté fuera de él. A usted puede con- 
venirle estar más libre a cierta hora de 
la mañana, para dar comienzo a sus la- 
bores domésticas, y de nuevo en la tar- 
de, mientras prepara la cena. 

A veces, un niño que generalmente 
está contento en su cuarto solo, se pone 
inquieto y se aburre de pronto. Nece- 
sita que se le dé algo así como un poco 
de "cuerda". Trate de acompañarlo du- 
rante unos minutos y "juegue" con él 
(lo que él entiende por esto, es que lo 
acompañe en sus actividades) ; pronto 
se quedará otra vez contento solo. Su 
inquietud quizá obedece a que necesita 
variar sus experiencias, hacer cosas más 
interesantes, o tener algunos amigos 
para jugar. 

Para enseñarle a ser ordenado, un 
niño necesita un lugar en donde pueda 
guardar sus cosas o juguetes. Este puede 
ser tan sencillo como un cesto, una caja 
de cartón, algunos entrepaños del ropero, 
con el suficiente fondo para impedir que 
las cosas se vengan abajo. Desde muy 
temprana edad un niño puede aprender 
a guardar sus cosas o juguetes cuando 
ha acabado de hacer uso de ellos, y este 
quizá sea un buen momento para una 
plática amistosa con él, mientras lo ayu- 
da usted en esta tarea. Pasarán todavía 
muchos años para que lo pueda hacer 
completamente solo. 

Procure que aprenda a dejar en su 



22 El niño de 1 a 6 años 



lugar todas las cosas que toca. Esto re- 
quiere un gran cuidado de parte de los 
adultos. Los niños no juegan con una 
cosa después de la otra, y las devuelven 
a donde la tomaron, antes de tomar 
otra. Sería pedirles demasiado. 

Un medio de evitar la confusión y el 
desorden es tener solamente unos cuan- 
tos juguetes a mano en un determinado 
momentos. Si un niño tiene muchos ju- 
guetes, guarde algunos para irlos al- 
ternando, o para sacarlos en ocasiones 
especiales, cuando esté enfermo o sim- 
plemente cansado de las otras cosas. El 
tener demasiados juguetes al mismo 
tiempo, lo perturba y hace que esté cam- 
biendo continuamente de uno a otro. 

Aunque el niño tenga su propio lu- 
gar, resérvele algún rinconcito en otros 
cuartos también; un entrepaño en la 
estancia para sus libros y algunas revis- 
tas viejas; un cajón bajo de la cocina 
para los útiles que le sirven para jugar 
a la "comidita." 

El niño juega en el suelo la mayor 
parte del tiempo. Disminuya las co- 
rrientes de aire, usando cortinas pesadas 
o un biombo que se pueda fijar con 
ganchos a la pared. Escoja un tapete 
que pueda resistir lavadas frecuentes, 
bien sea del linóleo, de algodón o de 
paja. Es preferible que la superficie del 
tapete sea lisa, para que el niño pueda 
hacer construcciones con cubos de ma- 
dera y rodar sus cochecitos. Los pisos 
de madera o de linóleo no deben ence- 
rarse al grado de hacerlos resbalosos. 
Los pequeños tapetes sueltos suelen tam- 
bién ser causa de caídas. 

Las superficies de las paredes requie- 
ren frecuentes lavadas. Puede usted 
protejer la parte baja de un muro, cu- 
briéndola de hule, mesonita u otro ma- 
terial protector fijado con chinches. Em- 
plee en las paredes pinturas que sean 
verdaderamente lavables, porque suele 
suceder que muchas pinturas que se 
anuncian como resistentes al agua, 
se agrietan completamente cuando se 
lavan. Revise la etiqueta de todas las 
pinturas que use en el cuarto del niño, 
en sus muebles o en sus juguetes, para 
asegurarse de que son innocuas si es 



que al niño se le ocurre llevarlas a la 
boca. El -enyesado de las paredes con- 
tiene plomo, y puede ser causa de enve- 
nenamiento. 

Diversiones al aire libre. El niño ne- 
cesita un lugar al aire libre en donde 
pueda correr libremente sin peligro. El 
ideal sería que tuviera un jardín para 
jugar. Le gusta sentarse en el pasto, ob- 
servar a las hormigas, excavar la tierra, 
recoger piedritas y tirar de su vagón por 
encima de los escollos del terreno. A 
falta de jardín o de patio, se puede 
acondicionar un lugar en la terraza o en 
la azotea, lejos de los escalones y bien 
cercado. Si se cuenta con un parque 
público a corta distancia de la casa, con- 
viene llevar a los niños para que jue- 
guen algunas horas al aire libre. 

Un gran cajón de arena constituye 
una gran diversión infantil. Al principio 
el chiquillo llena tazas y cava con una 
cuchara. Más tarde construye carrete- 
ras, túneles y fortalezas. Como va a ser- 
le útil por varios años, inclusive después 
de que entre al colegio, resulta econó- 
mico mandar construir un cajón de 
buen tamaño y resistente. 

El aire y el sol ayudan bastante para 
conservar la arena limpia, pero es nece- 
sario que el cajón pueda ponerse a la 
sombra a ciertas horas del día. Si no hay 
árboles, se puede usar una sombrilla de 
playa o un toldo de manta o lona. Es 
muy conveniente poner la caja de are- 
na en un lugar en el que fácilmente 
pueda llenarse y vaciarse. 

Una porción del patio bien bardeada 
constituye un elemento de tranquilidad 
para usted y el niño; allí no causará 
dificultades, pues no tendrá manera de 
destruir las flores ni los arbustos que 
usted tanto aprecia; tampoco será cas- 
tigado por salir corriendo hacia la calle 
en seguiíniento de su pelota. 

Si tiene usted posibilidad de escoger, 
instale el área de juego del niño allí 
donde lo pueda estar observando desde 
la casa. Si su casa es rentada, utilice 
malla de alambre barata, sujeta por pos- 
tes profundamente clavados en la tierra. 
Una de las paredes de la casa puede 
limitar un lado del área, y una verja 



plegadiza se adapta fácilmente para 
seíA/'ir de entrada. Para tener a un niño 
feliz, no hay como proporcionarle ta- 
blas, cajas, un columpio de llanta de 
automóvil, una caja de arena con útiles 
apropiados y juguetes con ruedas. Si 
además tiene algo sobre lo que pueda 
trepar, su dicha será completa. 

Un niíío ágil puede salirse de cual- 
quier parte cuando verdaderamente lo 
desea; de modo que la verja es más bien 
un recordatorio de hasta donde puede 
ir sin peligro. El niño estará contento 
allí porque sentirá que ese lugar le per- 
tenece. Visítelo a menudo; llévele algún 
amiguito, si puede. Aun un animalito 
doméstico puede darle al niño toda la 
impresión de compañía. 

¿Con qué jugará? Unos juguetes 
sencillos, cuidadosamente seleccionados 
para los intereses y habilidades del niño, 
es todo lo que se necesita. Recuerde que 
él está dispuesto a jugar con todo lo 
que se se le pemiita. Encuentra mate- 
riales para ello en cualquier lugar de la 
casa : botes y sartenes, ganchos para ten- 
der la ropa, carretes de madera, enva- 
ses de plástico con tapadera, cucharas, 
moldes para pastel, cajas vacías, etc. 

Asegúrese de que ninguna de estas 
cosas puedan lastimarlo. ¿Están las ori- 
llas filosas? ¿Se pueden lamer? Si se 
llegan a romper ¿picarán o cortarán? 
¿Hay el peligro de que las trague o las 
aspire como podría suceder con botones, 
canicas o pedazos de un globo de hule? 

Hay muchos juguetes "educativos" 
que se pueden hacer en casa. Con unas 
cuantas herramientas, una madre o un 
padre que sean hábiles de manos pue- 
den aserrar un rompecabezas, o hacer 
una pirámide de discos de madera pin- 
tados de brillantes colores para insertar 
en un palo, o confeccionar un trenecito 
con unas cuantas cajas de puros atadas, 
o improvisar un tambor con un envase 
de hojalata grande. 

Damos a continuación una lista de 
los juguetes que se sugieren para un 
niño, según avance en edad: 

Sonajas resistentes, teléfonos, jugue- 
tes que hagan ruido. 



De uno a tres años 23 

Una pelota grande. 

Juguetes que puedan flotar en la tina 
de baño. 

Juguetes que se puedan tirar de una 
cuerda y empujar (tales como una 
campana montada en ruedas). 

Un caballito de madera que se mez- 
ca, o una silla mecedora. 

Muñecos o animales de peluche (tal 
vez no le interesen en absoluto) . 

Juguetes para el cajón de arena (que 
no se enmohezcan) . Una cuchara 
de madera o una cuchara de alba- 
ñil, tal vez duren más que una pala 
de juguete. 

Una cubeta de plástico o utensilios de 
cocina, tal vez duren más que ju- 
guetes delgados de hojalata. 

Un conjvmto de cubos (de cartón, de 
madera, cajas, latas pintadas) . 

Un vagoncito o carretilla, un coche- 
cito de muñeca o un triciclo. 

Una sillita (que pueda el niño llevar 
de un lado a otro) con su mesita 
(en la cual probablemente le guste 
treparse) . 

Sencillos juguetes de armar. 

Sencillos juguetes musicales (triángu- 
los, campanas y tamborines) . 

Juegos de moldes. 

Libros de estampas con brillantes co- 
lores y estampas grandes. 

Coches, trenes que se enganchen, bar- 
quitos. 

Muñecas de hule y animales. 

Una maletita o un portamonedas 
grande. 

Cuentas grandes de madera de una 
pulgada, para ensartar en un cor- 
dón grueso, como el de una agu- 
jeta de zapato. 

Rompecabezas de tres a ocho piezas. 

Tablones de madera y cubos huecos. 

Juguetes de tela rellenos de viruta de 
madera o aserrín. 

Evite juguetes que: 

Tengan partes pequeñas fácilmente 

removibles, como los ojos de un oso 

de peluche. 
Que sean frágiles o se quiebren con 

facilidad. 
Que sean eléctricos o se les dé cuerda. 



24 El niño de 1 a 6 años 



Primeros amigos. Al niño de 1 a 3 
años le gustan los amigos. Se entretiene 
mejor, con uno o dos. Sus primeros en- 
cuentros serán más gratos si son cortos, 
sencillos y vigilados. 

Una media hora de jugar, de vez 
en cuando, con otro niño, es mucho 
mejor que una larga y concurrida fies- 
ta de cumpleaños. De hecho, las fiestas 
de cumpleaños son más divertidas para 
los anfitriones y para las amistades, 
cuando son reducidas. Un invitado por 
cada año del niño parece una buena 
fórmula. 

Aún estando con amigos, un niño 
suele ponerse a jugar solo, se detiene 
para observar, se disputa por la posesión 
de un camión, o de repente invita a otro 
niño a jugar con él a la pelota. Los ni- 
ños de esta edad parecen entenderse sin 
palabras; les agrada tener cerca otra 
persona de su mismo tamaño. 

No nacen con sentimientos de gene- 
rosidad y suelen ser muy posesivos por 
lo que respecta a sus juguetes. "Mío" 
es una de las primeras palabras que un 
niño pronuncia. Son capaces de prestar 
sus cosas, siempre y cuando no sea en 
el momento en que ellos las quieren. 
Tomar su tumo y compartir, son acti- 
tudes que se aprenden al cabo de los 
años; en realidad algunos adultos no 
son mucho más generosos que sus hijos 
pequeños. 

No es posible forzar a un niño en sus 
sentimientos, pero se le puede ayudar 
a convivir con los demás. No le pida 
usted que comparta demasiadas cosas, 
demasiado seguido. Si usted le sugiere 
que preste un juguete, también procu- 
re que se lo devuelvan en un tiempo ra- 
zonable. Cuando no se le obliga a des- 
prenderse de sus posesiones, descubrirá 
que es divertido compartir un juguete 
— los dos pequeños pueden poner los 
cubos de madera en el vagoncito, al mis- 
mo tiempo, y uno empujar mientras el 
otro tira del camioncito. Estos breves 
momentos de armonía tienden a pro- 
longarse a medida que los niños em- 
piezan a tenerse confianza mutua, y se 
hacen más comunicativos. Para que dos 
niños jueguen bien juntos se necesita la 



presencia de un adulto, pero no inter- 
venga tan rápidamente que prive a los 
niños de la oportunidad de arreglar por 
ellos mismos sus propias diferencias y 
de irse así conociendo. Al mismo tiempo 
présteles la atención necesaria para evi- 
tar que se molesten o se fastidien el uno 
del otro. 

Seguramente le dará a usted mucha 
mortificación que su niño muerda o le 
pegue a otro. Es probable que le cause 
asombro ver la indiferencia con que 
observa las lágrimas de la parte injuria- 
da sin, al parecer, darse cuenta de que 
él mismo fue la causa. En verdad, él no 
pensó que así sucedería; tal vez estrujó 
a su amiguito, tanto como lo ha hecho 
con su osito de peluche porque piensa 
que son parecidos. Lo que en este caso 
necesita es consejo, no castigo. "Tus 
dientes lastiman, Loli. Mira, la nena 
está llorando." Si el niño muerde por 
estar enojado, dígale que no debe ha- 
cerlo. Sin embargo, no lo haga sentirse 
"malo" por haberse enojado. 

Ocasionalmente, cuando los niñitos 
de esa edad recurren a morder, es que 
han sido provocados más allá de lo 
que pueden soportar y quizá necesiten 
vigilancia más cercana para protegerlos 
de compañeros de juego igualmente in- 
maduros o agresivos. En todo caso, mor- 
der a un niño para enseñarle que NO 
debe morder, parece inútil. "Yo le en- 
señaré que duele," no suele dar resul- 
tado. Lo que el niño aprende es que 
también usted sabe lastimar y que ha 
abusado de que él es más pequeño. 

El niño que ya cerca de los 3 años 
repetidamente muerde y golpea a otros 
niños, probablemente tiene otra razón 
para hacerlo que no la simple disculpa 
de que no sabe lo que hace. Trate de 
averiguar por qué quiere lastimar a los 
demás. Generalmente su víctima es un 
sustituto de otra persona. Tal vez se 
siente agobiado por lo que sus padres 
exigen de él o encuentra tan poco afecto 
por parte de ellos, que piensa que no lo 
quieren. O quizá se ve sometido a una 
competencia constante en la que nunca 
puede salir victorioso — la competencia 
de un hemianito recién nacido o de 



De uno a tres años 25 



otro mayor que él. Por eso está listo para 
defenderse a la mayor oposición. 

Es muy malo cuando su niño muerde 
a los demás, pero para los padres es 
peor cuando otros niños lo muerden a 
él. Entonces, antes de mandar al visi- 
tante a su casa con la frase: "¡Habráse 
visto, salvaje igual!" asegurarse de que 
su intervención no impida que su niño 
reciba una valiosa lección: la de apren- 
der a defenderse. Desde muy pequeños, 
los niños aprecian cuando sus padres 
tratan a sus amigos con tanta compren- 
sión como a ellos mismos. 

Ir de visita. Las visitas cortas a casa 
de amigos pueden ser divertidas y bené- 
ficas para el niño. Será una suerte es- 
pecial si tiene abuelitos que vivan lo su- 
ficientemente cerca para ir a su casa con 
frecuencia y de una manera informal. 
A través de tales contactos, conoce a 
personas de diferentes edades y genera- 
ciones, y ve diversas maneras de vivir. 
Puede comenzar a darse idea de lo que 
son los ancianos, y es probable que re- 
ciba de ellos afecto y algunos saludables 
consejos. 

Cuando lleva usted al niño de visita 
o recibe usted amigos en su casa, es po- 
sible que se vuelva usted más exigente 
respecto a su comportamiento. Proba- 
blemente sea inútil, en la edad pre-esco- 
lar, pretender inculcarle al niño muchas 
reglas de urbanidad. Parece dar mejor 
resultado el alentar al niño para que 
exprese sus sentimientos amistosos en 
forma espontánea. No tome en cuenta 
a los adultos que quieren que los niños 
sean muy "educados" a esta edad, pero 
sí puede usted encomendar al pequeño 
algunas tareas fáciles que contribuyan a 
las atenciones que usted proporciona a 
sus huéspedes. 

Las visitas largas, sin usted, no son 
siempre buenas para los niños muy jó- 
venes. Es muy frecuente que los abue- 
los que viven un poco lejos deseen tener 
algunos días a sus nietos cerca de ellos 
y consentirlos a su antojo. A pesar del 
cariño que los mueve, las visitas cortas 
son mejores para las tres generaciones. 
Los chiquitines suelen extrañar su casa, 
aunque estén con sus amorosos abuelos; 



los papas resienten la diferencia en los 
métodos de educación, y los abuelos, a 
pesar de ellos mismos, muchas veces des- 
cubren que el cuidado que hay que te- 
ner con estos incansables andarines, es 
superior a sus fuerzas. 



El cuidado del niño pre- escolar 

En la vida de un niño de 1 a 6 años 
es preciso avenir su vehemente deseo de 
bastarse a sí mismo y el buen sentido 
de usted acerca de lo que puede ser 
peligroso para él o para los demás. A 
través de la rutina diaria — - comer, eva- 
cuar, jugar — usted le da al niño sus 
primeras lecciones de cómo debe com- 
portarse. En esta forma comienza la 
disciplina; sin embargo, no es tanto una 
cuestión de obediencia o desobediencia, 
sino de paciente enseñanza. 

Cuando un niño se ajusta* a los deseos 
de su madre, prescinde de algo que de- 
sea vivamente por obtener su amante 
aprobación. Es una de las primeras tran- 
sacciones de su vida. Se comporta bien 
por agradar a usted, porque la valora y 
porque se sabe dependiente de usted. 
Más tarde tratará de obtener por su 
conducta la aprobación de sus amigos, 
profesores y otras personas, pero ahora 
sus padres lo son todo. 

A veces se espera demasiado de un 
niño a esta edad. Cuando era más pe- 
queño, todo el mundo estaba dispuesto 
a adaptarse a sus deseos, pero en cuanto 
empieza a caminar y a hablar la gente 
olvida lo inmaduro que es todavía, a 
pesar de las habilidades impresionantes 
que ha adquirido, y se le pide dema- 
siado. Esto sucede especialmente a los 
niños que por su tamaño parecen ser 
mayores. Las personas que tienen la 
responsabilidad de velar por el bienes- 
tar de un niño de esta edad, deben 
guardar un delicado equilibrio : por una 
parte, anticipar los peligros y fijarse en 
que obtenga el descanso necesario, para 
no añadir la fatiga a su inmadurez; por 
la otra, quizá más difícil, deben darle la 
bastante libertad para que no se con- 
vierta en un ser totalmente dependiente 



26 El niño de 1 a 6 años 



de ellos, o rebelde a causa de las res- 
tricciones. 

A continuación damos algunas suges- 
tiones para el manejo de un chiquitín. 
Del modo como sea dirigido dependerá 
que pueda retener su vigoroso sentido 
de poder o surgirán en él sentimientos 
y dudas acerca de su persona. 

Facilite la vida. A partir de la ru- 
tina diaria un niño aprende a creer en 
el mundo y a sentirse capaz de hacer lo 
que se espera de él. Retire de su alre- 
dedor los bibelots y los objetos frágiles 
que usted estima. Los podrá volver a 
sacar cuando ya el niño tenga mayor 
control sobre su persona. La mucha 
gente, el ruido y la confusión deben ser 
la excepción, no la regla. Los modernos 
supermercados con sus pasillos atesta- 
dos de gente, con banderines que on- 
dulan y montones de galletas puestas 
atractivamente al alcance de la mano, 
son un ejemplo diario de la situación 
que descontrola a un niño. No es de 
maravillarse que la sesión de compras 
termine con el niño bañado en lágrimas 
y la madre fastidiada de tanto decir: 
"No cojas esto." "Deja esa fruta." "Ven 
acá." 

Las madres que aceptan la afanosa 
ayuda del niño de poner y sacar cosas 
de la canasta, parecen haber encontra- 
do un mejor sistema para ir de compras 
que aquellas otras que tratan de conser- 
var a su "ayudante" quieto, sin que 
toque nada. Un coche de ruedas ligero 
puede ayudar a tener al niño contro- 
lado. Otras madres prefieren ponerle 
un arnés para que tenga una poca de 
libertad en un determinado radio de ac- 
ción, pero en forma segura. 

Evite enfrentarse con su obstinación. 
Canalice los actos del niño sugiriéndole 
algo más o igualmente interesante. Evi- 
te las batallas de voluntades. "Aquí está 
una pelota," es bastante para que in- 
conscientemente abandone la colilla del 
puro que acababa de descubrir. "Voy 
a poner tu taza aquí" desvía el interés 
del niño de la taza de café caliente de 
usted. 

Las acciones influyen en él más efi- 
cazmente que las palabras. Si usted se 



pone a hacer las cosas que quiere que 
se hagan, el niño la seguirá aunque a' 
principio diga "NO." Cuando sea la 
hora de regresar del parque a la casa 
encamínese tranquilamente a ella; llene 
la tina del baño cuando se acerque Is 
hora de dormir y el niño todavía andf 
"dando vueltas." Hacer algo, es lo que 
prefiere; lo difícil para él es no hacei 
nada. 

Las palabras que usted emplee deber 
ser sencillas y claras. Las largas perora- 
tas lo confunden. "Ahora tus botas," e; 
una manera breve de decir: "Debes 
usar tus zapatos de hule porque esti 
lloviendo." Téngase de pie junto al niñc 
o arrodíllese para estar al nivel de su: 
ojos. Este simple hecho la asienta sobre 
mejores bases y le permitirá hablarle 
sin gritos cuando confronta la miradí 
solemne y firme de su niño. 

Enséñele lo que quieren decir las pa- 
labras "caliente," "duele," "sabe feo,' 
en vez de emplear para todo el "No'' 
o el "Estáte quieto." De vez en cuando 
sugiérale alguna cosa al oído; el le con 
testará en la misma forma, feliz de ha 
blar en secreto, y muchas veces hará k 
que se le dice. 

Manténgase firme en sus decisiones. 
El niño depende de usted para contro- 
lar sus impulsos, ya sea que entrañen ur 
peligro físico, o que causen molestias í 
las demás personas. Es mejor para Ali- 
cita cuando sus padres la detienen y sor 
lo bastante fuertes para contraponerse 
al mal genio de la niña, que dejar ir las 
cosas demasiado lejos y después enfure- 
cerse por su testarudez. Cuando Alici?, 
necesita que la detengan, su madre debe- 
buscarle otra actividad o darle órdenes 
simples. Si esto no da resultado, la ma- 
dre la toma en sus brazos y la lleva a 
lugar en donde quiere que esté. 

Algunas veces la madre de Alicia, re 
considerará su decisión por no contra- 
riar a la niña en algo que no vale h 
pena. Si la ve jugando encantada cuan 
do dice: "Es hora de entrar," su madre 
puede acceder a que unos minutos más 
fuera de la casa quizá sean divertidos 
para ambas, mientras que la siesta pue- 
de esperar. 



De uno a tres años 27 



En cambio, si lo que se pretende ha- 
cer es deveras importante, será mejor 
para la madre y la niña que la primera 
actúe rápidamente, pero sin enojo. Si 
la madre enojada le pega a Alicia, la 
niña podrá pensar que está permitido 
tener arranques de enojo y golpear a la 
gente, cosa que hará a la primera opor- 
tunidad. Es cierto que a esta edad pro- 
bablemente lo haga de todos modos, 
pero el ejemplo de una persona adulta 
la convencerá de que el método es bue- 
no. La madre de Alicia, sintiéndose se- 
gura de sí misma, puede esperar para 
obtener lo que quiere con tacto. El 
tiempo que se ahorra violentando a la 
niña, a menudo se pierde secando lá- 
grimas de ira, producidas por esas órde- 
nes intemperantes. 

Cuando un niño desobedece porfia- 
damente, quizá sea la expresión de un 
impulso interno sobre el cual tiene poco 
control. Por ejemplo, cerca del año de 
edad, quizá le dé por aventar los ju- 



guetes constantemente. En realidad está 
aprendiendo a lanzar los objetos, a darse 
cuenta de lo que pesan y a ensayar si 
rebotan o se rompen. 

En estos casos, es mejor no ponerse 
a levantar las cosas, pues de hacerlo, 
puede creer que es parte del juego y 
aventará las cosas con más ganas. Pón- 
galo en el suelo para que levante los 
juguetes él mismo. Ahórrese esfuerzos y 
piense que esto es temporal. 



Una acompañante para su niño 

Para esa edad, un elemento impor- 
tante en el hogar es una persona que 
pueda acompañar y cuidar al niño a 
determinadas horas en sustitución de la 
madre. La atmósfera de la casa será 
más alegre si los padres pueden salir a 
pasear juntos de vez en cuando. Los 
matrimonios necesitan continuar ocu- 
pándose de sus asuntos comunes y de 




Una acompañante de su niño es importante en el hogar. 



28 El niño de 1 a 6 años 



intereses personales después de que ha 
nacido un niño. Sabemos también que 
muchas veces los niños están mejor en 
su casa, que si se llevan a visitas o de 
una a otra tienda. 

Cualquiera que sea el tiempo y la fre- 
cuencia con que necesita usted que una 
persona acompañe a su niño, debe ser 
alguien en quien se pueda confiar. Es 
mucho mejor si utiliza usted a la misma 
persona o a pocas personas. Ambos, la 
acompañante y el niño, se sienten más 
a gusto si ya se conocen. Cuando usted 
contrate a alguna persona que vaya a 
tener contacto más o menos regular con 
sus hijos, pida referencias y un examen 
médico reciente que incluya una prueba 
para la tuberculosis. A los jóvenes entre 
los 13 y los 19 años suelen hacérseles 
estos exámenes en el colegio. 

La primera vez, pida a la acompa- 
ñante que llegue a su casa algún tiempo 
antes de que usted parta, para que ten- 
gan oportunidad de conocerse todos en- 
tre sí. Aun cuando espere dejar al niño 
dormido mientras esté usted fuera, es 
mejor que ya conozca a su acompañan- 
te, porque no será difícil que hasta el 
más profundo dormilón despierte ese 
día, en cuyo caso se asustará de ver a 
una persona extraña, llamará a su ma- 
dre ausente y se creará una situación 
desagradable para todos. 

Un suceso de ese género puede ser la 
causa de que el niño pase malas noches 
persistentemente. En cuanto el niño co- 
bra miedo, puede despertar llorando 
noche a noche o quizá rehuse ir a la 
cama hasta que vuelva a sentir con- 
fianza en usted. 

Cuando el niño ya tenga entre 2 y 
3 años y se haya hecho amigo de su 
acompañante, ya se le puede decir, con 
tiempo, que usted va a salir. Acuéstelo 
como de costumbre y él se acordará de 
que usted va a ausentarse. 

En lugares donde es muy agudo el 
problema de encontrar personas que 
ayuden al cuidado de los niños, algunos 
matrimonios jóvenes han formado espe- 
cies de clubes para turnarse en la tarea 
de acompañar a los niños mientras los 
otros salen. Una secretaria voluntaria. 



lleva el cómputo de las horas. Con este 
plan se dispone de muchos padres y ma- 
dres, y el problema de que los niños 
vean caras distintas se compensa, en 
cierto modo, ya que suelen ser personas 
que el niño ya conoce y que están fa- 
miliarizadas con la rutina de cada casa. 

En los Estados Unidos de Norteamé- 
rica los jovencitos entre los 13 y los 19 
años se dedican mucho a esta clase de 
trabajo. Tengan o no experiencia en el 
cuidado de niños, sentirán mayor con- 
fianza si usted les explica la manera 
como alimentar, cambiar los pañales y 
cuidar al suyo. Todos los acompañantes, 
jóvenes o viejos, agradecerán que usted 
les diga en qué forma acostumbra hacer 
las cosas. Conforme crece el niño, se- 
guramente indicará: "Así es como lo 
hace mi mamá" o bien, "Mi mamá me 
permite tal o cual cosa." Para que el 
acompañante pueda distinguir entre lo 
que es verdad y las argucias del niño 
para "salirse con la suya" conviene que 
esté bien informado por usted. 

Entre las cosas que un acompañante 
desea saber se cuentan las siguientes: 
¿Hay que darle al niño comida o be- 
bida antes de acostarlo? ¿A qué hora 
se acuesta? ¿Se le debe dar alguna me- 
dicina? ¿Puede dársele alguna medi- 
cina si la necesita? ¿Cuál es su juguete 
favorito? ¿Cómo arregla usted los co- 
bertores? ¿Va el niño al baño por la 
noche? ¿En dónde puede jugar, dentro 
y fuera de la casa? 

Además, el acompañante debe tener 
otros informes: el número telefónico a 
donde usted u otra persona responsable 
pueda ser llamada; el númei'o de su 
doctor y el del departamento de bom- 
beros; cómo se regula la calefacción; si 
hay algún otro trabajo que desempeñar; 
si puede comer algo y hacer uso de la 
radio o la televisión; si puede llevar 
acompañantes; la hora a la que usted 
va a regresar. No olvide de llamar por 
teléfono si su regreso se retrasa más de 
15 minutos. Las personas que en otros 
casos son muy cuidadosas en su pun- 
tualidad, muchas veces hacen esperar 
demasiado a las personas que se que- 
daron acompañando a sus hijos. 



Los tres y los cuatro años 



Conforme va acercándose su tercer 
cumpleaños, el niño gradualmente va 
adquiriendo los rasgos y el modo de 
ser correspondientes a una nueva fase 
Ya no es el nene de caminar vacilante 
que anda por todas partes; ahora va 
entrando en otra etapa que podríamos 
llamar una niñez temprana. A menudo 
se le llama edad pre-escolar. El nombre 
no es muy apropiado, ya que muchos 
niños entre los 3 y los 5 años van ahora 
a la escuela. El niño está haciendo un 
inmenso esfuerzo por crecer, por abrir- 
se camino en el mundo en forma tur- 
bulenta y ansiosa. 

En los sigviientes 2 ó 3 años, el niño 
se vuelve mucho más diestro en el do- 
minio de sus reflejos. Aprende a correr 
con facilidad y libertad, a trepar con pie 
firme, a brincar, a saltar y a dominar 
un triciclo perfectamente. 

Si se ha fomentado su interés por qui- 
tarse y ponerse la ropa, ya podrá, para 
cuando cumpla 4 años, vestirse y des- 
vestirse solo, excepto por lo que toca a 
atarse las agujetas del calzado o hacer 
lazos. Necesitará, también, que se le ayu- 
de cuando la ropa que va a usar no es 
la habitual, cuando se abotona por la 
espalda, o si va a calzar botas de hule 
ajustadas. 

Su eficiencia en el manejo del vaso, 
la cuchara y el tenedor es manifiesta, y 
come con más destreza. El manejo de 
sus cubiertos no lo entretiene tanto co- 
mo antes, de modo que puede platicar 
y comer al mismo tiempo. Le divierte 
tanto lo que está contando, o lo que 
hace o dice la gente que lo rodea, que 
muchas veces derrama su vaso de leche 
por tener fija su atención en otra cosa 
más importante. 

Ya tampoco necesita concentrarse en 
cada paso que da al subir escalones. 
Ahora corre por las escaleras, un pie 
tras otro, para dar alcance a su madre 
y comunicarle que el señor que vende 
los helados está afuera tocando el tim- 
bre. 



Sus visitas al retrete han perdido im- 
portancia; se detiene brevemente y des- 
pués reanuda a la carrera su juego. A 
veces está demasiado entretenido y pos- 
pone por demasiado tiempo la molestia 
de ir al excusado, hasta que su madre 
observa consternada un círculo mojado, 
y muy característico, en la parte delan- 
tera de sus pantaloncitos. 

En cuanto el niño logra hacer algo fá- 
cilmente, esa actividad pasa a segundo 
plano en su pensamiento; su horizonte 
se ensancha y pronto lo absorbe una 
nueva tarea. Por eso, a veces, da la im- 
presión de que retrocede en su habili- 
dad de cuidar de su persona. La madre 
lo regaña y le echa en cara que su her- 
mano menor es más limpio que él. Lo 
que quizá olvida es que su hijo mayor 
también comía con más limpieza cuan- 
do era más pequeño. 

Durante esta edad afanosa decaen 
mucho los buenos hábitos en el comer, 
en el vestir y en "ir al excusado." Más 
tarde, la rutina vuelve a parecer im- 
portante, cuando el niño va a la escuela 
y se acostumbra a acatar sus normas y 
reglamentos. 

El trabajo de los padres cambia tam- 
bién. Usted tuvo que hacer todo por el 
lactante; alimentarlo, tenerlo limpio y 
seco. Al niño de 1 a 3 años lo enseñó 
a hacer estas cosas por él mismo y lo 
protegió de daños físicos. Al llegar 
a su tercer cumpleaños, usted lo guía, 
pero arregla las cosas de tal manera 
que empiece a bastarse a sí mismo. Esto 
quiere decir que está dispuesta a "sol- 
tar la rienda" un poco. Si bien muchos 
padres se alegran de este progreso, a 
otros se les hace difícil confiar en el 
niño lo bastante para permitirle que 
aprenda ensayando y cometiendo fre- 
cuentes errores. 

Hay algo que ayuda mucho. El niño 
en verdad es más digno de confianza. 
Si se da cuenta de que la gente lo es- 
cucha y le permite tomar ciertas decisio- 
nes, no tiene por qué pelear para salirse 



30 El niño de 1 a 6 años 



con la suya. Está ahora dispuesto a 
cooperar. 

Pedirá que se le ayude. Querrá saber 
si puede hacer tal o cual cosa. "¿Puedo 
salir a jugar?" Trata de entender. Acep- 
ta mejor las negativas. Puede esperar 
un poco. En resumen, se vuelve más 
"tratable" (la mayor parte del tiempo) . 
Ciertamente que hay fluctuaciones de 
un día a otro, sobre todo cuando la fa- 
milia pasa por épocas de tensión y cuan- 
do ha estado enfermo, 

A esta edad, lo que el niño aprende 
depende menos de lo que su cuerpo 
puede hacer, y más de los factores ex- 
temos. Las personas que lo rodean de- 
terminan en gran parte el estímulo que 
recibe y le comunican su sentido de los 
valores, su manera de conducirse en la 
vida. Las oportunidades para que vaya 
aprendiendo le llegan de muy diversas 
fuentes, ideas y experiencias. Su vida 
se ha enriquecido con un amplio círculo 
de personas que ahora tienen impor- 
tancia para él. 



Los padres se vuelven 
importantes 

Hasta aquí, al hablar de los padres, 
nos hemos referido indistintamente al 
padre o la madre. En nuestra sociedad, 
la mayoría de los cuidados de los ni- 
ños los imparte la madre, aunque a 
menudo ambos padres se alternan para 
cambiar los pañales, dar la botella, lle- 
nar la bañera, cocinar los alimentos y 
limpiar la casa. 

El niño pequeño naturalmente se in- 
clina más por la persona con la que ha 
tenido mayor contacto físico, en cuyos 
brazos se siente seguro y feliz. Esta pue- 
de ser cualquiera de ambos padres, pero 
por lo general la madre tiene más opor- 
tunidades. Muchos padres, sin embar- 
go, se inmiscuyen con gusto en supervi- 
sar la cena, en hacer del baño un poco 
de diversión, o en acompañar al niño 
a la hora de irse a acostar. 

En realidad, es cuidando a un niño, 
como se llega a entenderlo, y los papas 




El padre es el modelo del comportamiento masculino. 



Los tres y los cuatro años 31 



que gustan de dar atención personal a 
sus hijos desde un principio, son afor- 
tunados. Otros empiezan a aficionarse 
cuando el pequeño aprende a hablar; 
pero hay algunos que no entablan inti- 
midad con el hijo sino hasta que puede 
compartir las actividades de la gente 
adulta, como ir de pesca o ayudar en 
la carpintería. Los padres no tienen por 
qué ser exactamente iguales que las 
madres en sus sentimientos o en su mo- 
do de actuar con respecto a los niños. 
Su propia manera de hacer las cosas es 
igualmente valiosa. 

Cualquiera que sea la actitud de los 
padres, es probable que los hijos al 
crecer se vuelvan más hacia ellos, lo 
que acrecentará sus sentimientos pater- 
nales. El niño busca al padre, en parte 
cuando va teniendo que separarse de la 
madre. Quizá también descubre con 
gusto que su papá es una persona im- 
portante por sí misma. 

La llegada del padre a casa después 
del trabajo es recibida con júbilo. Qui- 
zá deseaba llegar a descansar en un 
sillón, pero prefiere dedicar 15 ó 20 
minutos a sus hijos, ya sea jugando con 
ellos a la pelota o leyendo juntos el pe- 
riódico. Después ya podrá decirles: "Si- 
gan jugando, yo quiero leer vm rato." 
Así ya habrán satisfecho su deseo de 
estar con su ídolo y no necesitarán mo- 
lestar a fin de llamar su atención el 
resto de la tarde. 

Para cuando el niño tiene unos 3 
años, observa a las personas que lo ro- 
dean y comienza a ver las diferencias 
en el comportamiento de hombres y 
mujeres. El padre como hombre, se con- 
vierte en el modelo o patrón del com- 
portamiento masculino. Las madres son 
para sus hijos e hijas la personificación 
de todas las mujeres. El niño lleva esta 
identificación más lejos, y durante una 
época piensa que cuando sea grande va 
a casarse con su padre o con su madre 
según que él sea niño o niña. Las niñas 
practican en su padre la manera de 
conquistar el corazón de un hombre. Los 
niños se enamoran de la madre, se dan 
cuenta cómo tiene que trabajar un hom- 
bre, cómo debe tratar a la mujer, y en 



suma, cuál debe ser el comportamiento 
varonil. 



Cuando los padres 
no están de acuerdo 

Cuando los padres disienten sobre la 
manera de tratar a un niño, la situa- 
ción es más difícil para todos, pero los 
resultados no son necesariamente catas- 
tróficos. Los niños se pueden acostum- 
brar a diferentes maneras de hacer las 
cosas. Para cuando tienen 3 ó 4 años, 
ya han aprendido a distinguir, y a prac- 
ticar diversas formas de llegar a un mis- 
mo fin. Hay una regla de conducta en 
casa del vecino y otra en la propia ca- 
sa con la familia. Los abuelos viven de 
diferente modo que los padres. Lo acos- 
tumbrado en la comida, cuando el pa- 
dre está presente, podrá ser distinto a lo 
acostumbrado a la hora del almuerzo, 
cuando solamente está presente la ma- 
dre; el desayuno será otra variante. 

Siempre que estos cambios sean más 
o menos los mismos, en diversas situa- 
ciones, los niños suelen ser capaces de 
modificar su comportamiento o su len- 
guaje, para estar de acuerdo con la 
ocasión. Solamente se confunden cuan- 
do todo está cambiando de continuo 
dentro del mismo cuadro. 

Si la madre dice una cosa y el padre 
otra, el niño se desconcierta, porque 
él necesita la aprobación de ambos. Tra- 
tará como siempre de obtener lo que 
quiere, tanto de uno como del otro, 
pero se sentirá perdido si sus dos pro- 
tectores lo defraudan. 

Por supuesto, siempre hay que espe- 
rar que haya diferencias y hasta algu- 
nos pleitos ocasionales. Son fricciones 
inevitables entre esposos, entre el hijo 
y alguno de sus padres o entre dos her- 
manos. Personas que se quieren y se 
tienen confianza pueden, con toda fran- 
queza, no estar de acuerdo de vez en 
cuando, pero resuelven sus diferencias 
discutiéndolas, a veces en forma acalo- 
rada. Una buena pelea puede aclarar 
la atmósfera. 

Sin embargo, es evidente que cuando 



32 El niño de 1 a 6 años 



la madre y el padre están básicamente 
en desacuerdo acerca de casi todo aque- 
llo que concierne a la educación del 
niño, el que sufre es el propio niño. 
Probablemente él, a su vez, se hará pe- 
leonero y agresivo, lo cual contribuirá 
a acentuar la tensión que existe en los 
padres y creará en el hogar una atmós- 
fera de intemperancias y resentimientos 
Las heridas y el odio se van acumulando 
cuando la gente toma partidos fijos, 
siempre contrarios. 

El mejor camino para resolver este 
tipo de desacuerdos es que los padres 
discutan francamente entre ellos sus 
puntos de vista acerca de cómo educar 
a sus hijos. Solamente cuando recono- 
cen las diferencias, pueden encontrar 
una solución o cuando menos pactar 
una tregua. Algunas veces, uno de los 
padres ignora lo que el otro sabe, y 
hablando podrán llegar a ver las cosas 
del mismo modo. 

Una buena regla es la de que los pa- 
dres se apoyen mutuamente aun cuando 
la resolución dada no sea la que uno de 
ellos hubiera escogido. El niño sufre 
menos al tener que obedecer una orden 
muy estricta o muy blanda, que ante el 
temor de perder el cariño de uno de sus 
padres. 



Podrá sugerir un juego nuevo o buscar 
otro curso al juego emprendido. "¿Qué 
pasa con ese tren? ¿No necesitará una 
estación?" 

Si usted cae en la costumbre de ha- 
cer de arbitro, es posible que los pleitos 
sean más frecuentes, ya que los niños 
tratarán de utilizarla como defensa con- 
tra los otros. Es natural que usted quie- 
ra proteger a un niño cuando es víctima 
de otros más fuertes, pero si constante- 
mente interviene para defenderlo, quizá 
su ayuda le resulte contraproducente. 

Cuando un niño pregunta: "¿Y aho- 
ra qué hago mamá?" pocas veces signi- 
fica que ya no tenga con qué jugar. Y 
si usted le da algo para entretenerse, 
probablemente no le haga el menor ca- 
so. Detrás de este ruego hay una oculta 
petición: "¿Me dejarás hacer lo que 
tengo ganas?" O simplemente, es una 
manera de solicitar su atención por un 
momento. Si usted le pide que la ayude 
a escoger los botones para su abrigui- 
to de invierno, o se ofrece a leerle un 
cuento, probablemente obtenga un éxito 
completo. "Vamos a hacer ..." suele 
ser mejor recibido que "¿Por qué no 
haces . . . ?" 



Los celos en la familia 



Querellas entre hermanos 

Hay días en que surgen dificultades 
entre los hermanos; otros en que el plei- 
to es con los vecinos, y se oyen gritos y 
llantos. 

Cuando estalla una querella infantil, 
conviene analizar bien la situación. Qui- 
zá usted crea saber de inmediato quién 
es el causante de la dificultad y no dude 
en mandarlo a su casa, o a su cuarto si 
es uno de sus hijos; pero no siempre es 
esto lo mejor que se puede hacer. En 
vez de echarle la culpa a alguien, pro- 
cure que los mismos niños resuelvan su 
problema. Frecuentemente, sus ideas son 
más justas y el modo de entenderse más 
correcto que el nuestro. 

Acerqúese al grupo con calma. Quizá 
su sola presencia resuelva la dificultad. 



Los celos son uno de los sentimientos 
más fuertes en todos nosotros. Los pro- 
voca cualquier situación en la que sen- 
timos, errónea o fundamentalmente, que 
nos han hecho a un lado. 

Un niño siente celos cuando otro ob- 
tiene lo que él considera que es suyo. A 
menudo sucede, y en forma muy inten- 
sa, cuando llega a la familia un nuevo 
bebé. El mayorcito experimenta enojo y 
miedo hacia sus padres, por haber permi- 
tido que alguien venga a tomar su lugar. 
Como teme perder aún más su cariño, 
no se atreve a expresar su enojo direc- 
tamente contra sus padres, pero lo ma- 
nifiesta hacia el pequeño que está de 
por medio. Tratará de alejarlo él mis- 
mo, o sugiere que sus padres lo devuel- 
van al hospital de donde vino. Si están 
tan deseosos de tener un bebito él pue- 



Los tres y los cuatro años 33 



de serlo. Y así, lo vemos que retrocede 
a la primera edad y volver a adoptar 
maneras infantiles: gatea, pide la bote- 
lla y moja sus pantalones. 

Puede disfrazar sus sentimientos com- 
pletamente y hacer una demostración 
de amor al recién llegado, esperando 
ganarse de nuevo el afecto de sus pa- 
dres. Puede empezar a tener pesadillas, 
hacerse el remiso para comer, llorar de 
todo, aferrarse a la madre o dejarse 
arrebatar por violentas o repentinas ex- 
plosiones de rabia. Puede volverse cruel 
con niños menores o con los animales, 
desquitando en ellos su rensentimiento 
hacia su madre o el bebé. 

No se puede permitir que exprese su 
enojo directamente contra el hermani- 
to, pues podría hacerle realmente un 
grave daño, o sentirse demasiado cul- 
pable de lo que pudiera hacer. Necesita 
protección para que sus actos no lo 
lleven muy lejos. Lo peor es burlarse 
de él. 

El mejor remedio contra los celos es 
prevenirlos. Esto no se logra con sólo 
anunciar anticipadamente la llegada del 
hermano, o asegurando al mayorcito que 
se le quiere mucho. Los meses y los años 
de un amor continuado y fimie le dan 
la base para sentirse valorado por él 
mismo. Si está seguro de ello, sus celos 
o su pena no durarán mucho tiempo ni 
lo perturbarán demasiado. 

Todo lo que los padres hagan para 
preparar al hermano mayor es bueno. 
Al hablar y hacer planes con él, acerca 
del niño que está por llegar, entenderán 
mejor lo que el grandecito va a sentir. 
sea éste el primogénito u otro cualquiera 
de la serie. 

Tales preparativos no deben comen- 
zar sino hasta que el niño hace pregun- 
tas sobre los cambios operados en su 
madre o, si acaso no pregunta nada, 
hasta unas semanas antes de la llegada 
del bebé. Cualquier arreglo que sea ne- 
cesario llevar a cabo — mudanza de 
dormitorios, preparación de equipo, in- 
greso del hermano mayor al jardín de 
niños — debe hacerse con anticipación, 
y no todo al mismo tiempo. De este mo- 
do los niños mayorcitos pueden pre- 



parar el rincón para el bebé, ponerse 
a lavar la ropa que se le destina, o ir a 
comprar talco. Descríbales al recién na- 
cido como realmente va a ser y no como 
un nuevo compañero de juegos. Los be- 
bitos no son buenos compañeros de jue- 
go sino después de muchos meses, si 
acaso lo llegan a ser, y si el hermano 
espera un compañero, con seguridad 
sufrirá una desilusión. Podrá, inclusive, 
tener dificultades si sus torpes insinua- 
ciones asustan al bebé. 

Cómo ayudar. Por muy bien prepa- 
rado que esté, es casi imposible que el 
niño mayor no sufra intensamente cuan- 
do su madre lo abandona para ir a 
"buscar" al nuevo hermano. Tampoco 
se debe esperar que le agrade la esme- 
rada atención que su madre le dedica 
al bebé; ya no podrá llevar al mayor a 
su largo paseo favorito, o estará de hu- 
mor irritable porque duerme mal por 
las noches. 

Las madres, a su vez, no están ade- 
cuadamente preparadas para refrenar 
su indignación cuando ven al hermano 
mayor pellizcar o estrujar al pequeño. 
Instintivamente, sienten ganas de cas- 
tigar al niño, con lo cual lo hacen sen- 
tirse todavía menos querido. 

Todos los miembros de la familia, así 
como los visitantes, deben tener cuidado 
de no pasar por alto a los niños ma- 
yores. Cuando las visitas llegan a admi- 
rar y traer regalos al bebé, conviene 
tener algima atención con los hermanos. 
Se le puede pedir a la tía Sara que 
mencione a Juanito en la conversación. 
Se pueden ponderar sus adelantos en el 
manejo del triciclo, o las bellas cons- 
trucciones que hace con sus cubos de 
madera. Se le puede encomendar que 
abra los paquetes de regalos, le lleve la 
sonaje al bebé o acomode la chambrita 
nueva en donde convenga. Algunos vi- 
sitantes tienen la delicadeza de llevar 
también un regalo al hermano mayor. 

Sin embargo, las cosas buenas de la 
vida no siempre están equitativamente 
distribuidas, y los padres no pueden ha- 
cer que lo estén. Si tratan de igualarlo 
todo, la situación se puede volver arti- 
ficial y tirante. La presencia del recién 



34 El niño de 1 a 6 años 



nacido es innegable y puede constituir 
una lección importante para el herma- 
no. En pequeñas dosis, aprende que hay- 
lugar para alguien más, que los otros 
tienen derechos y ventajas también, pero 
que no va a ser olvidado ni se le dejará 
de querer porque el círculo se haya 
ampliado. 

Las medidas que se usen variarán 
según la edad y el temperamento de la 
víctima. Para consolar a un niño a los 
3 años, lo mejor es consentirlo un poco 
como a un bebé. Si se le da de nuevo 
la botella cuando la pida, a pesar de 
que ya la tenía abandonada desde me- 
ses atrás, probablemente no se aferré 
a ella, pasados los primeros días de 
adaptación. 

Un niño mayorcito, que tiene ami- 
gos e intereses fuera de la casa, tal vez 
resienta menos la intrusión del herma- 
nito. La manera de ayudarlo es fomen- 
tar estos intereses, procurando que ten- 
ga con quien jugar fuera de casa y 
prodigándole un trato especial, como es 
llevarlo de compras o de paseo cuando 
pueda usted desprenderse del bebé. Al- 
guna vez la madre puede consagrar al 
niño mayor una media hora de aten- 
ción, mientras el pequeño está dormi- 
do; saldrá a tomar el sol con él, le leerá 
un cuento, lo ayudará a hacer moldes 
de arena u otra cosa que les divierta a 
ambos. 

Si un niño parece retraerse totalmen- 
te de sus viejos amigos e intereses o 
demuestra en otra forma que sus celos 
son más fuertes de lo que él o sus pa- 
dres pueden vencer, es prudente con- 
sultar al médico, pues quizá se necesite 
la intervención de un especialista. Ha- 
brá necesidad de atención adecuada. 

No siempre los niños sienten celos 
cuando nace un hermano, ni es ésta 
la única causa que puede despertarlos. 
La rivalidad puede no manifestarse sino 
hasta que el bebé comience a entreme- 
terse en la vida de familia, aprendiendo 
a rastrear y a agarrar las cosas. Los 
celos pueden estallar en cuanto uno de 
los niños alcance una nueva habilidad. 

Por ejemplo, cuando el bebé se suelta 
caminando, el antiguo equilibrio entre 



los hermanos se trastorna. Aumentan 
los pleitos y los disgustos, hasta que los 
niños establecen nuevas maneras de vi- 
vir juntos y se adaptan a otras reglas. 
El equilibrio se altera otra vez cuan- 
do el niño mayor inicia algo nuevo, 
como caminar en una bicicleta de sólo 
dos ruedas, o ir a la escuela, y la situa- 
ción vuelve a descomponerse cuando el 
más joven comienza a leer. En resumen, 
toda esta situación es un continuo sube 
y baja, movido por las circunstancias 
que permiten a aquél que se había que- 
dado atrás tomar la delantera. 



Aprendiendo algo bueno 
de lo malo 

Más o menos a la edad de 3 años, 
un niño comienza a distinguir bastante 
bien lo que usted aprueba o desaprue- 
ba. De usted adquiere el sentido de lo 
que es bueno y lo que es malo — a tra- 
vés de su ejemplo, de sus enseñanzas, 
de la expresión de su rostro. No nace 
con este conocimiento, y si usted mis- 
ma no sabe lo que piensa o cambia de 
manera de pensar de un día a otro, el 
niño no podrá obtenerlo. 

Al principio, usted deberá estar cer- 
ca para indicarle lo que debe hacer o 
para detenerlo. Más tarde, bastará con 
su sola presencia. A medida que pasa 
el tiempo, él solo será capaz de frenar 
las acciones prohibidas. Ya sabe lo que 
usted quiere que haga y trata de ha- 
cerlo aun cuando no esté usted presen- 
te. Después de un tiempo, ya piensa 
por sí mismo. Esto es el principio de lo 
que llamamos conciencia. Un niño pe- 
queño se refrena de andar hurgando 
el bote de las galletas cuando su madre 
está en casa de la vecina. Juanita gri- 
ta: "Es mío," en vez de pellizcar o darle 
una patada a su compañero de juego. 
Tal freno en el comportamiento indica 
ya un verdadero desarrollo. 

Al correr de los años se puede de- 
pender de la conciencia como freno 
para controlar una mala educación y 
como guía hacia lo bueno. Todo eso 
toma tiempo, por supuesto, y alguien 



Los tres y los cuatro años 35 



tiene que vigilar el desarrollo de esa 
conciencia infantil hasta su completo 
desarrollo. 

Una conciencia eficaz y bien orien- 
tada suele desarrollarse mejor en una 
atmósfera de bondadosa paciencia, que 
hace que el niño desee parecerse a sus 
padres. No se puede llamar una verda- 
dera conciencia a aquella que se rige 
solo por el miedo: miedo de usted, o 
de sus castigos, de ser descubierto, de 
encontrar un opositor más fuerte. 

Rara vez detiene a un niño el temor 
de las consecuencias. Puede hacerse el 
ánimo de aceptar el castigo futuro, a 
cambio del placer presente, o arriesga 
la suerte de que no se enteren en ab- 
soluto. No puede decirse que ésta sea 
una manera de desarrollar la concien- 
cia, ya que ésta debe conducir a que 
el niño, al cabo del tiempo, obre bien 
sin necesidad de supervisión. El papel 
de los padres es de prestarle apoyo 
mientras desarrolla un control interior 
sobre su comportamiento. 

A través de lo que se le dice, de lo 
que observa y, hasta cierto grado, me- 
diante halagos y castigos, el niño va 
aprendiendo lo que es correcto hacer. 
Desgraciadamente, muchos padres de- 
dican mucho más tiempo a regañar a 
sus niños por los errores cometidos que 
a alabarlos por aquellas cosas que hicie- 
ron bien. 

Arduo como es aprender a dominar 
los impulsos, se hace más arduo para 
un pre-escolar que no sabe distinguir 
bien entre lo que ha hecho, y lo que 
ha imaginado o deseado que suceda. 
Con sólo desear ser un vaquero, ya lo 
es. Pero si ha querido que la herma- 
nita desaparezca — un deseo muy co- 
mún en la mayoría de los niños, en 
ciertos momentos — y la niña se enfer- 
ma, forzosamente se verá preocupado. 
¿Deseó realmente que esto llegara a 
suceder? 

AboiTiina de su madre cuando lo 
obliga a interrumpir su juego y a en- 
trar en casa. ¿ Fue esta la causa de que 
se fuera ella a trabajar, de viaje, o de 
paseo por la tarde? Tal vez se sienta 
culpable de todo lo malo que sucede. 



Tal vez trate con ahinco que todas las 
cosas vayan bien o, por lo menos, de 
hacerlas del mismo modo todos los 
días. Hace un rito de la hora de irse a 
acostar, o de despedirse. A su modo, 
se imagina que es absolutamente capaz 
de regir al mundo. 

Le gustan los caminos trillados, por- 
que ya los conoce y les tiene confianza. 
No querrá dejar de usar sus piyamas de 
invierno sino hasta agosto, y cuando 
llegue diciembre tampoco será fácil per- 
suadirlo de que abandone las de ve- 
rano. 

Algunos niños, a través de tales exa- 
geraciones, nos demuestran lo exigentes 
que son con ellos mismos. Entonces tra- 
tamos de buscar la manera de ayudar- 
los a recobrar su espíritu aventurero y 
el bello placer de ensayar cosas nuevas. 
Realmente no nos proponemos que la 
conciencia de un niño sea tan estricta 
que le haga perder la dicha de vivir 
— en su ser físico, en sus sentimientos, 
en sí mismo. 

Probablemente, la mejor manera de 
ayudar a su hijo es demostrarle que le 
tiene confianza y lo respeta. Al mismo 
tiempo debe aceptar sus sentimientos 
contradictorios — sus odios y sus amo- 
res, su grandeza y su pequenez, su ter- 
nura y sus impulsos destructivos. 

Si se siente dueño de sus acciones y 
piensa que usted no lo está vigilando 
y tratando de ayudarlo a controlarse a 
sí mismo, quizá le dé miedo usar de su 
libertad, o por el contrario se propase. 
El apoyo que usted le presta contribuye 
a infundirle confianza, del mismo modo 
que un cercado de alambre o madera 
permite al que empieza a caminar, ha- 
cerlo con más libertad, pues le señala en 
dónde empieza la zona peligrosa. 

Los padres también ayudan grande- 
mente cuando lo inducen a distinguir 
la fantasía de la realidad, sus sueños de 
sus actos. "Tú sabes que éstas son men- 
tirillas," o bien: "Comprendo que estés 
enojado con Tomás, pero no debes pe- 
garle," son ejemplos de la manera como 
puede usted asegurarle al niño que sus 
sentimientos y deseos son naturales y 
que no dañan a nadie. 



36 El niño de 1 a 6 años 



Aprendiendo a decir 
la verdad 

Lo que un niño quiere sei' — un in- 
geniero, un piloto o una madre — lo es 
en el acto. Unas cajas de cartón amon- 
tonadas son un apartamiento. El surco 
en el cajón de arena es una carretera. 

A los padres les gusta fomentar estas 
fantasías. Algunas veces hasta las uti- 
lizan para manejar la conducta del niño. 
"Ya es hora de guardar el camión y de 
que el chofer se siente a comer." 

Los chiquillos que saben distinguir 
los tipos de aviones que vuelan sobre 
su cabeza con igual precisión que un 
experto observador de los aires, pue- 
den, sin embargo, aceptar la historia 
del hombre gordo y feliz con su carga- 
mento de juguetes que cruza el cielo 
en un trineo tirado por ciervos vola- 
dores. Los niños que saben todo acerca 
de los huevos y las gallinas, los conejos 
y los conejitos, no encuentran invero- 
símil la historia del conejo de Pascua. 
Todo el mundo está poblado de mara- 
villas, y es normal que ocurran cosas 
mágicas. 

Los padres se preocupan, sin embar- 
go, cuando un niño alega: "Yo no rom- 
pí ese plato," porque desea vivamente 
que no se hubiera roto, o "Mi hermana 
se comió las galletas," cuando todo el 
mundo sabe perfectamente que él fue. 
Tales mentiras demuestran que el niño 
está adquiriendo una conciencia y sabe 
cuándo ha cometido una falta. Revelan 
también lo mal que distingue la ver- 
dad de los hechos, o lo que hubiera de- 
seado hacer, de lo que su torpe y des- 
cuidada personita hizo. 

Los padres ayudan a sus hijos a decir 
la verdad cuando evitan que su confesión 
resulte muy penosa. Lo importante no 
es averiguar la verdad, sino que el niño 
reconozca sus faltas. Tal vez pueda 
usted preguntar: "¿Qué fue lo que pa- 
só? ¿Rompiste el plato?" y así conse- 
guir su objeto. 

Debemos recordar que nuestro patrón 
para decir la verdad suele ser bastante 
parcial. Queremos que los niños digan 
siempre la verdad pura, una verdad 



incriminadora, y, sin embargo, caritati- 
vamente llamamos a nuestras propias 
mentiras, mentirillas blancas, tacto o 
bondad. Cuando inventamos una ex- 
cusa para no ir a comer a casa del 
vecino que nos desagrada, faltamos in- 
dudablemente a la verdad, y, sin em- 
bargo, para muchas personas es una 
prueba de buena educación guardarse 
de decir la entera verdad en tales cir- 
cunstancias. 

Estas sutilezas respecto a la verdad 
y la semi-verdad son difíciles de expli- 
car a un niño. Sin embargo, con el 
tiempo y una buena dirección, se logra- 
rá que llegue a ser a la vez veraz y 
considerado en su trato con la demás 
gente. 

Por lo que respecta a Santa Claus 
y al conejo de Pascua, así como al ra- 
tón que viene por la noche a dejar una 
pequeña moneda en lugar del diente 
que el niño puso debajo de la almoha- 
da, todos estos amorosos cuentos, no 
dañan al niño. A medida que se acerca 
el tiempo de que el niño entre al co- 
legio, va penetrando más en el mundo 
de la realidad, y puede empezar a ser 
cómplice del mito. El puede también 
disfrazarse de Santa Claus; puede ayu- 
dar al conejo de Pascua, y probable- 
mente él mismo le recuerde a usted 
que tiene que venir el ratón a recoger 
su diente de leche. 



Compañeros imaginarios 

Algunas veces se le ocurre a su niño 
inventar un compañero de juego que 
viene a ser para él tan real como si 
en efecto existiera. No quiere que nadie 
se siente en una silla ni cierre una puer- 
ta porque puede aplastar a su compa- 
ñero. Algunas veces, éste es un niño 
muy malo, que hace toda clase de tra- 
vesuras; es el responsable de todo lo 
que no anda bien, odia las espinacas, 
se niega a alzar sus piyamas y golpea 
a su mamá. 

El compañero puede ser un animal 
— un tigre o un oso — . Puede perma- 
necer en la casa sólo algunos días, pero 



Los tres y los cuatro años 37 



hay amigos imaginarios que se han 
instalado en una casa y vivido en ella 
durante meses y años, entrometiéndose 
en los asuntos de todos. 

En vez de inventar un amigo, el 
niño puede convertirse en alguien di- 
ferente. "Yo no soy Ana, soy Eloísa," 
advierte Anita. Se le debe llamar Eloísa 
y debe ser como Eloísa, lo cual a veces 
quiere decir que Eloísa no duerme sies- 
ta ni se pone zapatos de hule. 

En ocasiones es fácil entender por 
qué un niño necesita tener un amigo 
imaginario. Es posible que le falte com- 
pañía con niños de su edad, o que sea 
incapaz de llevarse bien con los que 
tiene a su alrededor. Puede estar bus- 
cando una compensación al rechazo que 
siente de parte de los niños mayores. 

En realidad, un amigo imaginario 
no causa ningún daño, a menos que el 
niño se retraiga más y más de lo que 
pasa a su alrededor y no haga el esfuer- 
zo de mezclarse con los otros niños. Si 
al compañero imaginario, el niño le 
atribuye la culpa de todas las faltas, 
muchas de las cuales son también ima- 
ginarias, los padres deberían recapaci- 
tar si han sido demasiado duros con 
el niño, y en caso que así sea, necesitan 
cambiar de táctica y emplear métodos 
más en consonancia con lo que es ra- 
zonable pedir. 

Si los padres tienen alguna razón 
para creer que el amigo imaginario es 
la expresión de un problema demasia- 
do hondo para que ellos lo resuelvan, 
quizá convendría que buscaran el con- 
sejo de una clínica de orientación in- 
fantil. Como una regla de conducta, 
provisional al menos, trate de no hacer 
las cosas que el niño pretende que pue- 
den lastimar a su amisto imaafinario. 



El niño tiene nuevos temores 

El lactante y el niño de 1 a 3 años 
tienen miedo de las cosas reales, pero 
muchos de los miedos de los pre-esco- 
lares son imaginarios. Para ellos, sin 
embargo, son verdaderos y no pueden 
pasarse por alto. 



Puede un niño desarrollar miedo a 
los perros, aunque alegremente haya 
retozado con el suyo y, que usted sepa, 
nunca ha sido asustado por ninguno. 
El que antes tenía especial predilec- 
ción por el león, el lobo y el oso del 
zoológico, ahora tiene pesadillas en las 
que aparecen animales feroces. El que 
de más pequeño quería poner en mar- 
cha la enceradora, llora de terror cuan- 
do la oye funcionar. 

El valiente chiquito de 2 años se ha 
ido; a los 4, hace tal escándalo cuando 
le aplican una inyección en el consul- 
torio médico, que sus gritos ahogan 
las palabras tranquilizadoras de la en- 
fermera. Los parches de tela adhesiva 
se venden por millares para el uso de 
niños de esta edad que sólo se consue- 
lan cuando se tapa el rasguño que se 
acaban de hacer. 

Los pre-escolares se afligen cuando 
se les rompe un juguete, no porque ya 
no funcione sino porque queda incom- 
pleto. Les desagrada tener tan sólo un 
trozo de la lámina de un libro o de una 
revista, una mesa con tres patas, o la 
mitad de un perro. 

Tan frecuentes son estas actitudes 
en los niños de esta edad que podemos 
decir que son normales. Parten de la 
preocupación creciente en el niño de 
conservar su cuerpo intacto, y de que 
empieza a darse cuenta de su sexo. 
También se relacionan a su imperfecto 
conocimiento de qué o quién es la cau- 
sa de qué. Hasta cierto grado, aún se 
siente el centro del universo y cree que 
controla una gran cantidad de cosas, 
más de lo que en realidad hace. Con 
todo el poder que se imagina que tiene, 
se asusta de sus propios impulsos y 
deseos. 

Sus temores son a menudo el resul- 
tado de entender mejor los peligros; 
al mismo tiempo su cuerpo y su mente 
inquietos lo empujan a situaciones pe- 
ligrosas. El miedo de perder a su ma- 
dre era mayor en el niño que empezaba 
a gatear o caminar. El de 4 años se 
atreve a alejarse de ella de muchas ma- 
neras. Su vida se extiende por toda la 
vecindad. Sus ideas lo llevan aún más 



)8 El niño de 1 a 6 años 



lejos, al mundo del espacio y de lo des- 
conocido y hasta las profundidades del 
océano. Su mente está poblada de ani- 
males imaginarios que lo espantan. 

A veces, por casualidad, escucha 
fragmentos de las conversaciones de los 
adultos acerca de hechos pavorosos y 
horribles, que entiende a medias. La 
violencia y el crimen tienen para él 
mayor realidad ahora que su imagina- 
ción se alimenta en los inadecuados 
programas de televisión. 

Debido a que la mayoría de sus te- 
mores son el resultado de un grano de 
verdad adornado con una gran canti- 
dad de imaginación, es difícil comba- 
tirlos directamente. Lo mejor, desde 
luego, es evitar las situaciones que le 
produzcan miedo. Nunca lo encierre en 
un cuarto obscuro, ni lo amenace con el 
coco. Es preferible posponer una ope- 
ración que puede esperar sin riesgo, 
hasta que sea más grande, a fin de no 
violentar su temor de que lo corten. 

Cuando usted le demuestra que do- 
mina la situación, le ayuda a ahuyen- 
tar muchos de sus miedos. Usted carga 
el peso de una responsabilidad que es 
superior a las fuerzas del niño. Le de- 
muestra diariamente, de mil maneras, 
que no lo dejará llegar demasiado le- 
jos. Cuando esté asustado, trátelo con 
bondad y cariño, dándole toda la segu- 
ridad que parece necesitar. 

Sin embargo, no se pueden evitar to- 
dos los miedos, ya que suelen tener 
algún fundamento. De este granito de 
verdad proviene una sensata prudencia, 
la cual es necesaria para la supervi- 
vencia del ser humano. Los padres que 
se esfuerzan por ocultar a sus hijos los 
peligros de la vida, no logran sino dar- 
les la impresión de que la vida es más 
peligrosa de lo que en realidad es, y sus 
niños tienden a ser los más miedosos 
de todos. No aprenden prudencia ni 
precaución, ni conocen la satisfacción 
de poder hacer frente a cualquiera si- 
tuación, ya sea una caída del triciclo, o 
la entereza ante el dolor. 

Hay muchos problemas de los pre- 
escolares que se deben tratar indirecta- 
mente. Si el niño le tiene miedo a la 



barredora eléctrica, se le puede enseñar 
la manera de echarla a andar y de des- 
conectarla. Si muestra temor hacia los 
animales, se le puede comprar un perri- 
to, aunque no siempre dé resultado. 

Tendrá usted que analizar la vida 
entera del niño. Tal vez se dé cuenta 
de que está usted exigiendo demasia- 
do de él en bondad y control y en otras 
muchas virtudes que sólo se adquieren 
con los años. Es posible que su hijo viva 
con miedo creciente de que él no puede 
hacer nada bien hecho. 

A veces los niños encubren sus temo- 
res sobreactuando y haciéndose los muy 
listos y beligerantes. Esta jactancia se 
desvanecerá rápidamente si el niño se da 
cuenta de que usted acepta sus temores 
y le da su firme y amoroso sostén. 

Muchos miedos sin causa aparente 
desaparecerán a medida que el niño va- 
ya adquiriendo experiencia y seguridad. 
Si se le avergüenza, quizá aprenda a 
esconder su temor, pero continuará in- 
tranquilo en su interior. Como resul- 
tado, es posible que sufra pesadillas, o 
su ánimo se verá ensombrecido por un 
exceso de precauciones o una timidez 
general. 

Frecuentemente se da el caso de que 
los adultos continúan luchando contra 
sus miedos infantiles, porque nadie los 
avudó a hacerles frente abiertamente. 



En busca de respuestas: 
el sexo 

"¿Qué es eso?" pregunta el niño 
cuando apenas empieza a hablar, y us- 
ted, infatigable, le da los nombres de 
las cosas para que él amplíe su vocabu- 
lario a brincos y saltos. Ahora es "¿ Por 
que?" Un niño de 4^4 años que se ha- 
bía pasado todo el día preguntando 
"¿Por qué?" todavía hizo estas pre- 
guntas mientras su madre lo arropaba 
dentro de su cama: 

"Bueno mamá, ¿Por qué el cabello está 
pegado a la cabeza? ¿Por qué la madera 
no se rompe? ¿Por qué los barrotes de la 
cárcel se quedan unidos? ¿Por qué el pa- 



Los tres y los cuatro años 39 



peí de la pared se queda como está? ¿Por 
qué los huevos son buenos para ti? ¿Por que 
las barajas solamente tienen números de 
un solo lado? ¿Por qué los libros tienen 
páginas? ¿Por qué se encienden las luces? 
¿Por qué hay pasteles de cumpleaños? ¿Por 
qué los botones se cosen en los abrigos? 
¿Por qué los perros están cubiertos de 
piel? ¿Por qué las personas no tienen cola? 
¿Por qué vuelan los pájaros? ¿Por qué las 
espadas tienen filo? ¿Por qué el dinero es 
un tesoro? ¿Por qué hay tal cosa que se lla- 
ma gente? 

Algunas de estas preguntas pueden 
ser contestadas y otras no. El hombre 
a través de las edades se ha preguntado 
algunas de ellas. Las hay que reflejan 
las preocupaciones comunes de la juven- 
tud de hoy. Otras demuestran de qué 
modo tan imperfecto se desarrolla el 
sentido de causa y efecto en un niño. 
Muchas veces este concepto está inver- 
tido, como en el caso de la niñita que 
animció: "Mi hermanito tiene un mes. 
¿Sabes por qué? Porque es muy chi- 
quito." 

El niño pudo haber preguntado de 
la misma manera: ¿ Por qué hay papas 
y mamas ? ¿ Por qué yo no tengo un 
bebé? ¿Por qué Susana no tiene una 
cosa como yo?" El niño espera la mis- 
ma reacción como cuando pregunta: 
"¿Por qué vuelan los pájaros?" Se que- 
daría muy desconcertado si se le con- 
testara: "Eres demasiado chiquito para 
saberlo." 

Ahora bien, es imposible contestar las 
preguntas que atañen la cuestión del 
sexo de la misma manera que respon- 
demos a "¿Por qué caminan las nubes?" 
Y no hay necesidad de ocultar que se 
trata de cosas diferentes. El nacimien- 
to y la procreación tienen un sentido 
profundo e implican relaciones humanas 
básicas. De modo que usted quiere dar 
informes al niño en dos diferentes pla- 
nos, cuando le hace preguntas que ata- 
ñen al sexo. Quiere usted presentarle los 
hechos y a la vez hacerle sentir que son 
hechos especiales, con mucha impor- 
tancia para usted. 

Aunque no sea muy fácil para usted 



responder, el niño no debe sentir que 
cometió una falta cuando hizo su pre- 
gunta. Como mejor pueda explíquele las 
cosas de la \'ida en una forma que pue- 
da entenderlas. 

"¿De dónde vienen los niños?" Vie- 
nen de la madre. Crecen dentro de ella. 
Crecen en un lugar especial. (Esto es 
mejor que decir en su estómago, y más 
exacto, además.) 

"¿Cómo salen?" Por ellos mismos, 
cuando ya están listos para nacer, sa- 
len de un lugar especial, entre las pier- 
nas de la madre. El doctor ayuda al 
nacimiento. 

Por supuesto que usted tendrá su ma- 
nera especial de decir estas cosas, y no 
hay un modo único que sea el correcto. 
Cada niño hará sus preguntas de mo- 
do diferente. Generalmente las sueltan 
cuando menos se espera o en el mo- 
mento más inoportuno. Sin embargo, 
rara vez es necesario posponer la res- 
puesta, ya que la información pedida 
es muy sencilla. 

El papel que el padre desempeña en 
la procreación es el más difícil de ex- 
plicar, para la mayor parte de nosotros. 
Generalmente los niños no preguntan 
acerca de ello sino hasta los 6 u 8 años. 
Aun entonces, suelen contentarse con 
una explicación superficial. 

A veces vale la pena preguntar: 
"¿Qué es lo que quieres saber?" y com- 
prender mejor la pregunta del niño, 
antes de lanzarse a una conferencia. 
Existe el viejo cuento del niño que pre- 
guntó de dónde había venido, y se le 
explicó el proceso completo de la re- 
producción de los seres. Con impacien- 
cia replicó: "¿Quiero saber si venimos 
de Nueva York? María si." 

La mayoría de los niños se contentan 
con que se les diga que el papá debe 
dar principio al desarrollo del niño. 
Conviene que sepa que se necesitan un 
papá y una mamá para hacer un bebé, 
del mismo modo que se necesita de los 
dos para atenderlo. Puede usted usar 
la palabra "espemia" sin dar muchas 
explicaciones, como tampoco las da so- 
bre la palabra "radio." Más tarde, po- 
drá entender un poco más. Desde lúe- 



40 El niño de 1 a 6 años 



go que es mucho mejor que los niños 
sepan los nombres correctos de las di- 
ferentes partes de su cuerpo y sus 
productos: vagina, pene, heces, orina y 
demás. 

Decirlo puede no ser suficiente. En- 
terar siempre y claramente al niño 
sobre los hechos relacionados con la 
reproducción, no da por terminado el 
asunto. Usted sabe que los niños casi 
nunca creen las cosas nada más por- 
que se las dicen. Tienen que investigar 
por ellos mismos. Les gusta verificar y 
probar. Cuántas veces decimos: "Te lo 
dije," después que el niño deliberada- 
mente ha querido cerciorarse de si el 
cuchillo tiene filo o si el globo se podía 
romper. 

Tampoco suelen aceptar la explica- 
ción de la madre acerca de cómo viene 
al mundo un bebé. Después de todo, es 
bastante increíble. Con excepción de los 
hijos de campesinos que posiblemente 
han visto nacer los animales, los demás 
niños están acostumbrados a un mundo 
en el cual las cosas nuevas se compran. 
Así es como quieren saber de "ese lu- 
gar especial" del que usted habló, lo 
comentan con su compañerita de juego 
(si tienen la oportunidad) y lo plati- 
can entre amigos. Las niñas se buscan 
preguntándose: "¿Dónde está?" 

Esta curiosidad es del todo natural. 
Los niños quieren ver si los otros niños 
son como ellos y si sus hennanas son 
como las otras niñas. Ya en el jardín de 
niños, donde los niños y niñas compar- 
ten los mismos servicios sanitarios, tie- 
nen una manera fácil de satisfacer su 
curiosidad acerca de la diferencia de 
los sexos. Se quedan tan absortos y con- 
templan la situación tan científicamen- 
te, como cuando observan una tortuga 
que come; después se distraen con la 
próxima cosa que les cae en las manos. 

A un niño que no tenga ninguna 
oportunidad para observar la anatomía 
humana, le ayudará que lo lleve usted 
a ver bañar o cambiar de ropa a un 
bebé. Haga usted sus planes de acuerdo 
con la madre de ese bebé, para que 
con tacto le pueda procurar dicha ob- 
servación. 



Tan solo cuando nos damos cuenta 
de que el niño tiene una curiosidad 
malsana por todo lo que se refiere al 
sexo, y esta actitud persiste a través de 
los años, habrá razón de preocuparse. 
Un niño que se acaricia los órganos 
sexuales de continuo, demuestra miedo 
o preocupación; en este caso se nece- 
sita el consejo de una persona exper- 
ta. Ya para cuando alcanza la edad 
escolar, la mayoría de los niños han 
satisfecho su curiosidad, se dan cuenta 
de que estos son asuntos privados y se 
interesan por otras cosas. 

Recuerde que cuando un niño le ha- 
ga preguntas acerca de su propio sexo 
o del de otros, merece recibir informa- 
ción correcta. Es preferible que usted 
se la dé y no que la obtenga de otros, 
falseada y torcida. Si el niño nunca 
pregunta, es posible que haya apren- 
dido lo que quería saber observando la 
vida familiar, o a través de los amigos, 
en cuyo caso la información es de 
carácter secreto y puede haberle crea- 
do una sensación de temor hacia todo 
lo que se refiere al sexo. 

Si usted siente que por alguna razón 
está apenado o temeroso de preguntar, 
puede ayudarlo introduciendo el tópico 
en la conveisación: "¿Ya sabías que tu 
tía Juanita y tu tío Roberto van a tener 
un bebé? En este momento se está de- 
sarrollando en un lugar especial." Al 
compartir con él esta noticia, le dará 
a su hijo la confianza que necesita pa- 
ra hacer más preguntas. 



Más preguntas: la muerte 

Tarde o temprano su hijo sabrá que 
existe la muerte. Puede morir su abue- 
lita, o un compañero de juego, puede 
un coche atropellar a su perro, puede 
él encontrar en el parque un pájaro 
muerto. Los adultos suelen demostrar 
dolor ante la muerte, y a veces repug- 
nancia a la vista del cadáver de un 
animal muerto. El niño a menudo ve 
el hecho con mucha naturalidad; lo 
que antes se movía ahora permanece 
quieto y al poco tiempo deja de ser 



Los tres y los cuatro años 41 



interesante; alguien que estaba presen- 
te, se ha ido. 

No le tome a mal su aparente indi- 
ferencia. Hay muchas razones para ello. 
El ha visto que la gente va y viene de 
continuo: en sus juegos, el vaquero 
"muerto" resucita para volver a pelear. 
Apenas se está dando cuenta del factor 
tiempo y de que los cumpleaños se re- 
piten a intervalos que le parecen enor- 
mes. De modo que la frase: "Para siem- 
pre," tampoco es algo que su mente 
pueda captar. Es más fácil que se dé 
cuenta que usted está triste, y su reac- 
ción dependerá de la de usted. Esto de- 
be tranquilizar a los padres y hacerles 
ver que es inútil procurar proteger al 
niño del conocimiento de la muerte, tra- 
tando de reponer de inmediato al perrito 
que acaba de morir o diciendo que la 
abuelita está durmiendo, o que se fue 
de viaje. 

En realidad, estas evasivas pueden 
crear problemas, pues el niño le puede 
tomar horror a irse a la cama en la 
noche, intranquilizarse cuando se hace 
mención de "un sueño especial," de 
una operación, o preocuparse cuando 
oye hablar de un próximo viaje. 

Emplee palabras sencillas para decir 
lo que sucedió. Si usa palabras flori- 



das y un tanto vagas el niño puede 
pensar que él, de algún modo, ocasionó 
la muerte, especialmente si había dado 
malos tratos al perro, o si había sido 
grosero con su abuelita, o si simplemen- 
te se cree " un niño malo." Mandar a 
un niño a casa de parientes para evitar 
que presencie escenas tristes, general- 
mente no es aconsejable. Cualquiera 
que sea la pena, la soportará mejor al 
lado de sus padres. 

Más adelante, el niño dará señales 
de haber pensado con más detenimien- 
to en el verdadero sentido de la muerte. 
Preguntará si él va a morir, qué se 
siente cuando se muere y si usted va a 
morir y cuándo. Asociados con estas 
preguntas que conciernen a la muerte, 
estarán sus temores de perder a sus 
padres, del dolor corporal y de la obscu- 
ridad desconocida. 

Quizá quedará más satisfecho si ha- 
ce usted un intento por tranquilizarlo 
acerca de todos estos temores, refor- 
zando su confianza y tratando de poner 
en claro cualquier malentendido que pu- 
diera tener. Una filosofía acerca de la 
muerte solamente se alcanza a través del 
tiempo y la experiencia, y mediante una 
profunda fe en los destinos del Uni- 
verso. 




A esta edad, son indiferentes ante la muerte. 



42 El niño de 1 a 6 años 



Enseñando buena conducta 

Por lo que respecta a la disciplina, 
durante mucho tiempo se pensó que 
consistía en un conjunto de reglas que se 
podían aplicar cada vez que hiciera fal- 
ta. Contestaban a preguntas tales como : 
"¿Qué hacer cuando el niño desobede- 
ce?" "¿En qué ocasiones se le debe 
pegar?" 

En nuestros días no creemos tanto en 
aplicar reglas a ocasiones especiales. Sa- 
bemos — como los padres y los maestros 
sensatos lo han sabido siempre — que la 
disciplina es el resultado de todo lo que 
ha ido relacionando al padre con el hi- 
jo. No es tampoco algo dosificado sola- 
mente para los niños. Una buena disci- 
plina es esencial también para la gente 
grande. Nos ayuda a todos a ser felices 
y a sentimos cómodos. Nos facilita el 
estar contentos con todo el mundo, y 
el que la gente esté contenta con nos- 
otros. Es la base cotidiana de una vida 
productiva. 

Hablando en términos generales, la 
disciplina nos enseña la manera de com- 
portamos. Queremos que la lección du- 
re y perdure cuando los hijos sean 
grandes, después que los padres, los 
maestros y otras autoridades hayan des- 
aparecido de la escena. Enseñar buen 
comportamiento a los niños, no es cosa 
fácil. No queremos solamente impedir- 
les que se porten mal. Con sólo frenar 
su conducta, no se les enseña lo que de- 
ben hacer. Como niños, son activos, 
creadores y positivos. Logran sus propó- 
sitos, y nosotros queremos que conti- 
núen lográndolos. Sin embargo, y aquí 
es donde entra la disciplina, queremos 
que tengan en consideración a los de- 
más, al igual que a ellos mismos. Que- 
remos que sean rectos y no tramposos, 
que sean dóciles y sin embargo fuertes, 
cooperativos, capaces de sostener solos 
un criterio cuando piensan que están en 
lo justo. 

Estas grandes metas pueden parecer 
muy alejadas de los años del "corrali- 
to" y del triciclo. Pero usted empieza a 
perseguirlas desde que enseña al niño 
a tomarla de la mano al cruzar una ca- 



lle y a estacionar su triciclo a im lado 
de la avenida. Estas enseñanzas se van 
sumando, y de la suma total, a lo largo 
de las semanas, los meses y los años, se 
determinará sin duda la conducta del 
niño. 

Un buen profesor de cualquier ma- 
teria — disciplina o aritmética — es más 
eficiente cuando tiene en consideración 
al alumno. Así usted, lo que enseñe y 
como se lo enseñe depende del niño. Su 
edad determina en parte lo que es apro- 
piado. Por esta razón, en este libro se 
dedica una sección a la manera de vi- 
vir con el niño que empieza a andar. A 
medida que crece el niño usted le deja 
tomar más responsabilidades y decisio- 
nes. Algunas veces le explica la razón 
de sus órdenes. Cada vez necesita inter- 
venir menos con la fuerza y más con la 
palabra. 

La disciplina que impone al niño tam- 
bién depende del temperamento de éste; 
puede ser sensible, terco, exuberante, 
tranquilo, dócil o rebelde. Aunque estas 
características sufren la influencia de 
las experiencias del niño, generalmente 
le son innatas y persisten en él de por 
vida. A menos que pueda usted ajustar 
su diapasón y método al modo de ser 
del niño, no podrán sincronizarse, ni en- 
tenderse; tratará usted de imponerle su 
voluntad y él se volverá obstinado. Una 
madre que es rápida y eficiente en 
hacer las cosas encuentra muy difícil 
acomodarse a un niño apático y soña- 
dor. Lo opuesto es también un proble- 
ma. Tales combinaciones no son extra- 
ordinarias, pero suelen complicar la 
vida. 

Por otra parte, los padres se sorpren- 
den algunas veces al darse cuenta de 
que aquel hijo que se parece más a 
ellos, es con el que tienen más proble- 
mas y con el que más se impacientan. 
El reconocer en el niño un rasgo que en 
sí mismos siempre han aborrecido, pa- 
rece reavivar sus antiguas y no resueltas 
luchas. Podrían entonces ser demasiado 
estrictos con aquella "astilla del mismo 
palo." 

La manera de educar de los padres 
también depende de la situación gene- 



Los tres y los cuatro años 43 



ral de la casa. Lo que podría hacerse 
para un hijo único quizá no sea factible 
para media docena de muchachos. Al- 
agunas actividades se adaptan a ciertas 
circunstancias, pero no a otras. La ma- 
y^oría de los niños, con muy pequeñas 
diferencias, son fáciles de manejar a 
partir de los 3 años. Ya son lo bastante 
inteligentes para resentir las reglas fijas 
que carecen de sentido. Inclusive pue- 
den aceptar que se quebrante una pro- 
mesa o que haya cambios inesperados, 
siempre y cuando usted pueda expli- 
carles con "claridad y certeza que son 
necesarios. 

Es bueno tener una actitud pareja 
con los niños o con cualquiera otra per- 
sona, pero en un hogar atareado no 
siempre es posible. Hoy nada anduvo 
bien: los huevos se rompieron en la 
bolsa del mandado y la lavadora dete- 
rioró el suéter preferido. La forma en 
que responda usted a sus niños en un 
día como éste, sin duda será diferente 
a la de otro en que su humor era sereno. 
O bien, esta mañana el niño está "de 
malas," rehusa quitarse la piyama, mo- 
lesta al gato, derrama el cereal. Y esto 
es sólo el principio. Usted dice: "No 
es el mismo hoy." Mañana todo será 
diferente. 

No se fija la disciplina en un día. 
Tome su tiempo, consciente de que su 
ejemplo y sus constantes esfuerzos con- 
tarán. 



Cómo se enseña la disciplina 

Ahora, ya sabemos de las muchas 
maneras de aprender de los niños. Sa- 
bemos que aprenden por la experien- 
cia. Por eso les permitimos hacer ensa- 
yos tanto como sea posible. Esto es tan 
cierto en las lecciones de aritmética 
(para aprender que 2 y 2 son 4 el niño 
lo ensaya docenas de veces con guija- 
rros, palitos de paleta o canicas) como 
en el comportamiento (si golpeas a tus 
amigos, se irán a su casa; si cojes algo 
caliente, te quemarás). 

Por supuesto, no podrá usted dejar 
que un niño haga ensayos con objetos 



que lo puedan dañar. Pero antes de de- 
tenerlo, asegúrese de que en verdad 
hay riesgo. Muchos padres con la mente 
puesta en otra cosa dicen: "No corras, 
te vas a caer," cuando una caída en el 
pasto en nada perjudica al niño. 

Tampoco puede usted dejar al niño 
que haga ensayos que tengan, con el 
tiempo, consecuencias que él no pueda 
prever o que, sencillamente, a usted no 
le gusten; aunque éstas a final de cuen- 
tas resultarán menos de las imagina- 
das, el peligro existe. En estos casos 
diga al niño finiie y claramente, y si es 
posible con anticipación, lo que puede 
y lo que no puede hacer. Persista en 
ello. Hágase comprender del niño y 
formule sus órdenes de manera positi- 
va. Si usted le dice: "No puedes hacer 
eso," el muchacho puede tomarlo como 
reto y tratar de demostrar por sus ac- 
ciones que sí puede hacerlo. En cambio, 
si usted le dice: "Puedes andar en tu 
triciclo por toda la acera de esta calle 
de una esquina a la otra," le habrá 
usted dicho exactamente lo que debe 
hacer. 

Se ha demostrado que los niños 
aprenden rápidamente cuando creen 
que pueden hacer las cosas. El secreto 
del éxito no está en una lista de conse- 
jos, sino en un sentido de confianza en 
sí mismo, que los padres deben incul- 
car en el niño desde pequeño. "Soy 
apto." "Soy bueno." Por supuesto es 
infantil, inmaduro, tiene poco juicio, se 
deja llevar por los impulsos del mo- 
mento, es olvidadizo y aún no es dueño 
de sí mismo. Así es la niñez. Pero sus 
padres se encantan con sus progresos 
en conocimientos y habilidades y admi- 
ran su vigorosa vitalidad. En secreto 
(a veces manifiesto) se enorgullecen 
de su éxito como padres. ¡ Tienen de 
qué estar ufanos; la tarea no ha sido 
fácil! 

Sabemos que los niños están inclina- 
dos a portarse bien cuando tienen mu- 
cho quehacer y algún estímulo. Mu- 
chos problemas de disciplina ocurren 
cuando están aburridos o sometidos a 
demasiadas restricciones. Les da, enton- 
ces, por hacer travesuras. Se ha escrito 



44 El niño de 1 a 6 años 



mucho acerca del adolescente que se 
rebela en contra de la excesiva super- 
visión. El mismo proceso ocurre a los 5 
años de edad, pero es menos notorio 
porque el niño es menor y su radio de 
acción es más limitado. Si un chico 
de 4 ó 5 años se siente capaz de lazar 
un oso ¡ Que lo intente ! 

Escoja usted muy bien la clase de 
deberes que le impone; deben estar de 
acuerdo con su edad y sus inclinacio- 
nes individuales. Necesita materiales 
para trabajar. Puede ampliar sus hori- 
zontes si lo lleva a visitar el zoológico, 
una fábrica, la oficina de papá, la gran- 
ja, una biblioteca, un museo, el aero- 
puerto, un expendio de gasolina, la 
estación de bomberos o la del ferroca- 
rril. Necesita amigos con quienes jugar, 
espacio para moverse y lugares para 
correr y subir. Tiene abiertas sus puer- 
tas a toda idea nueva que le venga de 
los libros a su alcance y de las conver- 
saciones que sostenga con usted. 

No es necesario y ni siquiera desea- 
ble, que empiece a hacer tareas co- 
mo de escuela, ni apresurar al niño a 
aprender letras y números, o imponerle 
prematuramente lecciones de piano, 
danza, pintura u otras. A los 3, 4 y 5 
años, todavía necesita experimentar li- 
bremente en una extensa variedad de 
actividades. No puede regir sus movi- 
mientos lo suficiente para ejecutarlos 
con rapidez o con finura. Si se le obliga 
a hacerlo, sencillamente se le expone a 
una frustración. 

Con amistosos recordatorios se pue- 
de esperar de él que recoja su ropa, 
que ayude en las pequeñas tareas de la 
cocina, que se haga responsable de su 
triciclo, de su cochecito y que ayude 
al cuidado de su perro o gato, si lo tie- 
ne. Ya es capaz de entender y respetar 
las razones para hacer las cosas y co- 
operará con más ganas si sabe el por 
qué y el cómo. 

¿Sirve de algo el castigo? Cuando 
vemos la disciplina como un proceso 
educativo que trata de enseñar a un 
niño a comportarse, el espinoso proble- 
ma de los castigos se vuelve menos 
complicado. Podemos considerar el cas- 



tigo como uno de los métodos para ha- 
cer efectiva la enseñanza. 

Los especialistas que han estudiado 
el asunto están de acuerdo en que el 
castigo puede ser útil para imponer una, 
prohibición específica: no maltrates las, 
flores; no te subas a ese árbol. A veces! 
tales lecciones se deben enseñar rápi-; 
damente. La regla no cambia; no se 
harán excepciones. El castigo puede fi- i 
jar la idea y evitar que el niño repita i 
aquella acción. | 

Pero la mayor parte de lo que ense- 1 
ñamos es más complicado que eso. No i 
es con castigos que se enseña a un niño í 
a ser bondadoso, inteligente u honrado, i 

Los especialistas están de acuerdo : 
también en que cuando el castigo es i 
duro y doloroso el niño olvida por qué 
se le castigó, y sólo le queda el deseo 
de vengarse. Esta es una reacción sana. 
Si no se atreve a devolver directamente 
el golpe, esconderá su rencor, se des- 
quitará en su hermano menor o se vol- 
verá reacio y lento para hacer las cosas. 
La peor forma de reaccionar, al punto 
de vista de su salud mental, es cuando 
el castigo rompe su voluntad y le hace 
perder toda iniciativa propia. 

Los padres que castigan frecuente- 
mente y con severidad, casi por lo re- 
gular tienen que admitir su fracaso. 
Encuentran que deben aumentar la 
frecuencia y la severidad del castigo, y 
esto no es bueno. Se desesperan porque 
el niño al que se le han dado nalgadas 
por mojar sus pantalones, los moja de 
nuevo al día siguiente o esa misma no- 
che. Al niño que se le da un manazo por 
arrebatar las cosas, arrebata de nuevo 
o golpea a su vez para obtener lo que 
desea. Al niño que ponen en la cama 
por desobediente, desobedecerá de nue- 
vo probablemente a la hora que resulte 
más inconveniente mandarlo a acostar. 

La mayoría de los papas creen ne- 
cesario castigar a veces. Los castigos 
suaves son mejor tolerados por el niño 
que los continuos regaños, el silencio 
tenaz o la actitud de ofendido que al- 
gún padre adopta para crear remordi- 
mientos en el niño. La vergüenza y el 
ridículo son lo más difícil de sobrellevar. I 



Los tres y los cuatro años 45 



Un castigo corporal moderado puede, 
en realidad, aliviar un sentimiento de 
culpa. La madre da una nalgada al 
niño y ya están a mano; pagó por su 
fechoría y asunto concluido. 

Sin embargo, ni siquiera los castigos 
moderados son verdaderamente necesa- 
rios, y es muy difícil castigar a un niño, 
sin que parezca una venganza de nues- 
tra parte. Casi siempre, antes de recibir 
el manazo, el niño ya ha comprendido lo 
que debía haber hecho. Se resigna al 
castigo por la diferencia de tamaños 
entre él y su padre; lo acepta como algo 
inevitable, pero que no le enseña nada 
nuevo sobre la falta cometida. Los 
premios y los castigos sólo sirven cuan- 
do entre los padres y los hijos existe un 
sentimiento de mutuo respeto y cola- 
boración. Una actitud constante de: 
"Estamos unidos en todo," es el mejor 
instrumento para la disciplina. 



Los juegos a los 3 y los 4 años 

Ocupado desde el amanecer hasta el 
anochecer, solamente deteniéndose por 
fuerza para comer y dormir la siesta, el 
niño de los 3 a los 5 años progresa cons- 
tantemente. Al final de un día atarea- 
dísimo, su madre se pregunta qué tanto 
ha estado haciendo. 

Tiene mucho que aprender y no va a 
esperar, para empezar, que se le mande 
a la escuela. A través del juego toma lec- 
ciones apropiadas a su edad. Poco a 
poco se lanza a más audaces, intrépidas 
y complejas hazañas: corre, salta, tre- 
pa, vuelve las páginas de un libro, ma- 
neja un lápiz, se amarra un zapato, 
abotona el vestido de la muñeca. Todo 
el tiempo está practicando la manera de 
hablar, aunque algunas habilidades so- 
ciales no dependan exclusivamente del 
lenguaje, como la de saber esperar su 
tumo, o saber defenderse. Pero no se 
piense que estas habilidades se practi- 
can conscientemente. Son el resultado 
de las actividades propias del niño, no 
la causa. 

Rara vez corre por el puro gusto de 
correr, o amarra y desamarra sus zapa- 



tos por el placer de coger el cordón y 
atinar a introducirlo por el agujero. Si 
hace todo esto es con el fin de llegar a 
algo o de ser alguien. Ensaya cómo se 
sentirá ser madre, o padre, o bombero, 
o enfermera. Imita al empleado de la 
tienda de abarrotes, al hombre que re- 
coge la basura y todo trabajo que obser- 
va. Cuando se está construyendo una 
casa cerca de la suya, hay una racha de 
carpinteros entre los niños del vecinda- 
rio. Piden los recortes de madera y cla- 
vos sobrantes para jugar. 

Los niños de los 3 a los 6 años son 
más felices cuando tienen compañeros 
con quienes jugar. Niños y niñas juegan 
juntos disfrutando casi las mismas acti- 
vidades, hasta la edad de 4 años. Des- 
pués prefieren a los compañeros del mis- 
mo sexo. 

Empiezan por juegos sencillos, para 
los que no necesitan palabras; después 
aprenden a coordinar sus esfuerzos y 
llegan a inventar juegos en los que par- 
ticipan tres o más niños, como puede ser 
el de la "casita," conducir un imagina- 
rio carro de bomberos o pilotear un 
avión. 



Auxiliares en el juego 

Los niños a esta edad hacen uso de 
todo en sus juegos. Con bellotas y hojas 
de los árboles pueden jugar a "la co- 
midita." Un pedazo de tela de algodón 
sirve a veces de mantel, otras veces de 
manto de la reina o de cobertor de la 
muñeca. Un tubo cualquiera puede con- 
vertirse en un telescopio. Un traje per- 
fecto de vaquero, completo desde el 
sombrero hasta las espuelas, puede no 
interesar tanto al niño como lo que su 
imaginación hace de un pedazo de cuer- 
da y un revólver de madera. Más tarde, 
es posible que la cuerda se vuelva un 
tubo de buzo o un proyectil dirigido. 
Los padres que se afanan por propor- 
cionarle un buen disfraz privan al niño 
del placer de imaginar las cosas más 
bellas de lo que en realidad son. 

Una casa de muñecas en miniatura, 
con cuartitos y muebles, no les interesa 



46 El niño de 1 a 6 años 



tanto a los niños como unos recortes de 
cartón que puedan mover a voluntad y 
de los cuales puedan entrar y salir sin 
problemas. Las niñas en edad escolar y 
personas ya mayores, son los que se di- 
vierten en armar casas de muñecas de 
exhibición. Los muchachos quieren tre- 
necitos que puedan arrastrar a volun- 
tad; más adelante serán capaces de res- 
petar las vías fijas de un ferrocarrilito 
eléctrico. 

Actualmente, al parecer se da más 
importancia a los juguetes que al juego, 
como si el juego no pudiera existir sin 
juguetes de fábrica. 

Hace muchos años, las madres vestían 
muñecas de trapo para sus hijas y con- 
feccionaban las pelotas de los niños. Se 
ideaban muchos juegos usando guija- 
rros de colores, huesos de frutas y vari- 
tas de madera. Las hojas secas en otoño, 
eran motivo de gran diversión. 

Es posible que todos estos sencillos 
objetos y estas actividades fueran más 
apreciados antaño que lo son hoy los 
costosos juguetes, de los que a veces los 
niños no saben qué hacer. 



Esto no quiere decir que los niños no i 
deban tener juguetes; significa que los 
juguetes y el juego no dependen, preci- , 
sámente, el uno del otro. 

Los juguetes, en ciertos casos, son un j 
medio de alejar a un niño. Un padre I 
puede dar a su hijo un surtido grande] 
de juguetes, para tenerlo entretenido le- 
jos de su vista. Otras veces le compra 
los juguetes como compensación de co- 
sas que siente que le niega. Por ejem- 
plo, una madre que trabaja y que dis- 
pone de poco tiempo para estar al lado 
de su hijo, puede inundarlo de jugue- 
tes en su afán de reparar algo que no 
está en su mano remediar. 

Sin embargo, los juguetes y equipos 
de juego bien seleccionados pueden 
enriquecer el juego, impartir enseñan- 
za, proporcionar diversión y belleza al 
mismo tiempo. Los mejores entre ellos 
reúnen más de vmo de estos valores. A 
continuación damos una lista de jugue- 
tes que hemos agrupado de acuerdo 
con su valor educativo. Gomo podrá 
verse, hay algunos que pueden servir a 
diversos propósitos. 




A los niños les gusta imitar a las personas mayores. 



Los tres y los cuatro años 47 



Juguetes inspirados en la vida de los 
adultos. A los niños les gusta imitar a 
las personas mayores y esta clase de jue- 
go atrae a otros compañeros y da lugar 
a mucha conversación. 

Muñecas y juguetes para ama de casa, 
tales como platos, muebles, teléfonos, 
escobas. En opinión general, los ni- 
ños hacen más uso de estos objetos si 
son casi de tamaño natural y lo bas- 
tante resistentes para dar algún ser- 
vicio. El niño se querrá subir a la 
cama de la muñeca; la tabla de plan- 
char debe ser consistente y fuerte, lo 
bastante para recibir la presión que 
necesita la pequeña ama de casa para 
planchar. Los juguetes de plástico en 
miniatura atraen a niños mayores, 
pues los muy pequeños no tienen la 
destreza que se necesita para mane- 
jarlos. 

Disfraces, zapatos, sombreros, bolsas de 
mano, chalecos, corbatas, pedazos de 
trapo, una maleta. 

Títeres de "guignol" representando ani- 
males y personas. Espere a que el ni- 
ño sea mayorcito para darle títeres 
que se operan por medio de cuerdas. 

Objetos propios para jugar a la tien- 
da: una caja registradora, botes va- 
cíos de mercancías y recipientes para 
alimentos (que no sean de vidrio) . 

Animalitos de granja, granero, cercas, 
vm tractor, camiones, trenes, barcos, 
aeroplanos grandes y pequeños. 



Juguetes para construir o para desa- 
rrollar alguna habilidad especial. 

Cubos de madera propios para la cons- 
trucción. 

Rompecabezas de cartón o de madera 
de 4 a 30 piezas, de acuerdo con la 
habilidad del niño. 

Un abaco. 

Un magneto y caleidoscopio. 

Animales caseros: perro, gato, rana, tor- 
tuga, salamandra, pescado, conejillo 
de Indias, conejo, cochinito, periqui- 
to, canario. 

Martillo, clavos, sierra, alicates, cepillo 



de carpintero, y algunos otros instru- 
mentos fuertes, que realmente sirvan. 
Si son demasiado pequeños y ligeros, 
de orillas romas no podrá hacer nada 
con ellos. Provéase de una mesa fuer- 
te de trabajo, o un banco de carpin- 
tería con un tornillo de banco para 
sujetar la madera. 

Juegos sencillos, tales como barajas 
que hagan pares, una lotería, dominó 
grande. 

Instrumentos musicales: campanas, xi- 
lófonos, armónica, caja de música, 
tocadiscos y discos. 



Juguetes para el buen desarrollo de 
la musculatura y para gastar energía. 

Cubos grandes y huecos (pintados para 
la intemperie) y cajas. 

Cubos más pequeños (pueden ser he- 
chos en casa por el papá), material: 
madera resistente, cortada de medida 
especial que se ajuste a alguna uni- 
dad, por ejemplo 10, 20, 30 centí- 
metros, etc. Se pueden ir aumentan- 
do a medida que los proyectos del 
niño se hagan más grandes. 

Un columpio, barras para trepar, una 
escalera de cuerda, conjuntos para 
un gimnasio. Instale el marco sobre 
concreto, de ser posible. 

Escaleras, barril, caballos mecedores. 

Un vagón, trineo, volantín, triciclo, 
carrito de muñeca, carretilla. 

Aro, patines de ruedas, una llanta para 
rodar. 

Pequeños conjuntos para deportes. 

Pelotas infladas, balón para golpear. 

Instrumentos de jardinería: pala, aza- 
dón, rastrillo, llana. 



Juguetes propios para el desarrollo 
de los sentidos y las aptitudes creado- 
ras. 

Entre los materiales que más satisfac- 
ción proporcionan a los niños, se 
cuentan los que les sirven para pin- 
tar o modelar: lápices de colores, gi- 
ses, pinturas, papel, plastilina. Los 



48 El niño de 1 a 6 años 



bloques de madera, la arena y el agua 
también deben figurar en este grupo, 
pues ofrecen infinidad de posibilida- 
des para expresar ideas y sentimien- 
tos, sirviendo como de trampolín a 
la imaginación. Del mismo modo, 
podemos añadir el lodo, para apre- 
tujarlo con las manos, hacer moldes 
o pasteles. No es más difícil de lim- 
piar que las pinturas usadas para 
pintar con los dedos. Los instrumen- 
tos musicales sencillos, así como los 
tocadiscos también estimulan la pro- 
pia expresión. 

Con arcilla y otras sustancias propias 
para moldear, un niño puede crear 
toda clase de formas. Puede hacer y 
volver a hacer, observando los cam- 
bios que brotan de sus dedos. Goza 
la sensación. Puede golpear, excavar 
y pellizcar o comprimir sin perjuicio. 

El solo color es suficiente para los prin- 
cipios de un pintor. Más tarde hará 
dibujos y cuadros. A través de todo 
ello puede expresar alegría, tristeza, 
enojo y otros sentimientos difíciles de 
poner en palabras. Si no se le pide 
al niño que pinte o modele al gusto 
de otra persona, estos materiales son 
verdaderamente un medio de ensan- 
char su vida. 

Tienen también la ventaja de absorber 
la atención del niño, quien les dedi- 
cará más tiempo que a ningún otro 
juguete, siempre que se sienta libre 
de hacer lo que le plazca con estos 
materiales. Esto no quiere decir, na- 
turalmente, que debe permitírsele al 
niño que haga mal uso del barro o 
la pintura, por ejemplo, embadurnan- 
do las paredes. Significa que nuestra 
censura debe limitarse a este aspecto, 
y no a los resultados "artísticos" de 
su actividad. 

Los libros para iluminar no ofrecen las 
mismas perspectivas exactamente; en 
ellos, las ideas ya han recibido forma. 
Muchos padres desaprueban que su 
hijo pinte de verde la cara de una 
dama, o decida garrapatear el libro. 
Sin embargo, los niños entre los 5 y 
6 años no pueden, al iluminar, cons- 
treñirse a las líneas del contorno, y 



por lo general les dice poco o nada 
lo que las estampas representan. Por 
eso, un cuaderno de hojas en blanco 
servirá para el caso. 

Pintura. Las cajas de pintura con 
pequeños compartimientos para cada 
color y pinceles muy finos son de 
muy difícil manejo para un niño pe- 
queño; lo que a él le gusta es hacer 
rápidamente un gran manchón. Pro- 
porciónele una brocha de 2 a 3 cen- 
tímetros de ancho y uno o varios 
botecitos que contengan pintura de 
agua, que es fácil de lavar de las 
prendas de ropa, de las manos, así 
como de las paredes y del suelo. Un 
caballete o cualquier otro dispositivo 
que sostenga el papel a buena altura 
de los ojos, es un excelente regalo 
para el niño. Por supuesto que el 
pintorcito estará igualmente conten- 
to pintando sobre el suelo. Ponga la 
pintura dentro de una caja de hoja- 
lata para evitar que se derrame. 

Al principio le parecerá a usted impo- 
sible este asunto de la pintura y pen- 
sará que no tiene tiempo para vigi- 
lar esta actividad y conservar las 
pinturas en condiciones de servir. Tal 
vez sea mejor que las guarde para 
ocasiones especiales, por ejemplo, pa- 
ra un día lluvioso, o que disponga 
que el caballete sólo se use fuera de 
casa, quizá en la cochera. 

Si, en verdad, no ve la manera de arre- 
glar las cosas para que el niño pin- 
te, no por ello se dañará su futuro, 
pero asegúrese de no privarlo de otros 
medios de expresión de sus sentimien- 
tos. Permítale apreciar las texturas, 
los colores, la sensación de las for- 
mas. Déjelo que cambie de sitio las 
cosas, que las desarme, que las re- 
vuelva. El uso de las pinturas fuera 
de casa es algo que complace mucho 
al niño y también a las madres que 
quieren conservar el orden y la lim- 
pieza dentro del hogar. 

Pintar con los dedos presenta pareci- 
das ventajas y problemas. Cuando 
un niño pinta con los dedos — o con 
los codos, las muñecas o los bra- 
zos — experimenta un gusto intenso 



Los tres y los cuatro años 49 



al contacto directo con la pintura, 
mezclando y borrando dibujos. No 
tiene necesidad de lápices ni pince- 
les. Este tipo de pintura hace felices 
a los niños de todas las edades, ex- 
cepto a aquellos a quienes se ha 
inculcado el horror a ensuciarse. 

Las pinturas para este uso se pueden 
comprar o preparar en casa. Basta 
añadir colorante innocuo (pintura 
de agua, al temple, en polvo o vege- 
tal) a un cocimiento de almidón u 
otro tipo de engrudo. Si se hace cier- 
ta cantidad conviene guardar el en- 
grudo en un pomo cubierto, dentro 
del refrigerador. Puede usted com- 
binar un poco de color y un poco de 
engrudo directamente sobre la super- 
ficie en la cual está trabajando el 
niño. 

Se necesita emplear papel muy satina- 
do para que los dedos del niño giren 
y resbalen sobre él sin obstáculo. 
Cualquier papel encerado, como el 
que se usa para envolver los alimen- 
tos puede servir. También se puede 
emplear una lámina de "formaica," 
un trozo de linóleo sobre los que el 
niño pueda pintar directamente sin 
necesidad de papel. En este caso, su 
obra tiene que borrarse, una vez ter- 
minada, pero esto no importa, por- 
que como sucede con todo lo que los 



niños hacen, les divierte mientras lo 
están ejecutando, y después ya no 
les interesa. 

Si se mezcla agua de jabón al en- 
grudo coloreado, la sesión de pintura 
con los dedos, puede terminar en ha- 
cer pompas de jabón. No hay que 
usar detergentes porque irritan la 
garganta. El niño que empieza a ha- 
cer pompas con agua jabonosa pue- 
de emplear pajuelas de papel, carre- 
tes vacíos o un tubo especial, pero 
pronto aprenderá a soplarlas directa- 
mente con la mano. 

Barro y masa. Puede usted tener la 
suerte de vivir cerca de un río en 
cuyas orillas hay depósitos de barro. 
De lo contrario, tendrá que comprar- 
lo, pero es muy barato. Añada agua 
de vez en cuando para tenerlo siem- 
pre en condiciones de modelar. Con- 
sérvelo en un recipiente a prueba 
de enmohecimiento o en una bolsa de 
plástico cerrada. El barro de mode- 
lar se hace duro cuando se expone al 
aire libre. 

La plastilina es barro tratado para que 
se conserve suave y moldeable. Su 
desventaja es que contiene aceite y 
mancha pisos y muebles. 

La masa o pasta para jugar se puede 
fabricar con harina y sal; una parte 
de sal por dos de harina. Hay que 




El barro y la plastilina proporcionan diversión. 



5ü El niño de 1 a 6 años 



añadir el agua suficiente para hacer- 
la una masa moldeable. Con un poco 
de aceite para ensalada, se obtiene 
una pasta de suave textura. La sal 
actúa como un preservativo, de mo- 
do que la masa dura para mucho 
tiempo, especialmente si se guarda 
cubierta y refrigerada. Se puede aña- 
dir un poco de colorante vegetal pa- 
ra cambiar su aspecto. Este tipo de 
pasta para moldear resulta barata y 
limpia; a las niñas les sirve para 
iniciarse en las artes domésticas ma- 
nejando el rodillo y los moldes para 
cortar galletas. 

Papel. Todos los papeles tienen posibi- 
lidades. El más barato es el que se 
emplea para imprimir los periódicos. 
Se puede adquirir en diferentes ta- 
maños. Las hojas de 35 por 47 cm. 
son apropiadas para las pinturas, las 
de tamaño menor para los lápices de 
color. 

El periódico impreso puede usarse tam- 
bién para este fin. Las bolsas de pa- 
pel bien planchadas proporcionan 
igualmente una buena superficie pa- 
ra gises o pinturas. Guarde los pape- 
les de colores de las envolturas de los 
regalos, a fin de que el niño los re- 
corte con tijeras romas y los pegue 
sobre sus dibujos con un poco de en- 
grudo. Un surtido de papeles de chi- 
na, en colores, resulta atractivo. 

Libros. Aunque los libros no pueden 
llamarse propiamente juguetes, cons- 
tituyen posesiones muy preciadas de 
las que algunos niños no se separan 
en todo el día y llevan consigo a la 
cama. Un bonito cuento puede ser 
un lazo de unión de toda una fami- 
lia — y hasta de una nación. Los 
niños que tienen personas que les lean 
con frecuencia, son afortunados. 

Escoja historias sencillas y cortas para 
los chiquitines. Sepa que tendrá que 
leerlas una y otra vez. Los niños de 
2 y 3 años se encantan escuchando 
los acontecimientos diarios y todo 
asunto que concierne a la gente. La 
escucharán con arrobada atención si 
hilvana una historia acerca de la 
vida diaria del propio niño, pero cuí- 



dese de no cambiar un solo término 
cada vez que lo repita. 

Conforme los niños van creciendo, les 
agradan los libros que tratan de in- 
sectos y otros animales, carros de 
bomberos y dinosauros, historias de 
tierras lejanas y de tiempos pasados. 
Son capaces de entender una trama 
más intrincada; sin embargo, los per- 
sonajes deben hacer cosas que el niño 
conozca, para que pueda entender 
sus motivos y su modo de pensar. 

Por esta razón mucha gente opina que 
los cuentos de hadas, no son adecua- 
dos para los niños muy pequeños. En 
cuanto aprendan a distinguir la ver- 
dad de la mentira, estarán más pre- 
parados para vérselas con dragones, 
hadas madrinas, brujas malévolas y 
anim.ales que se convierten en perso- 
nas. 

Es posible que quiera usted comprarle 
al niño un bello y costoso libro para 
que, primero, disfrute las estampas, 
después escuche embelesado la lectu- 
ra del texto y posteriormente, a los 8 ó 
9 años vuelva a descubrirlo para leerlo 
por sí solo. Pero la mayoría de los 
libros infantiles no necesitan ser ca- 
ros. Hay muchos bien escritos y be- 
llamente ilustrados; lo importante es 
seleccionarlos con cuidado, porque no 
todos los libros que se publican para 
los niños merecen que se gaste en 
ellos dinero y tiempo. 

Un buen libro para niños conserva su 
buena calidad a través de los años e 
interesa por igual a chicos y grandes. 
No tiene por qué ser bobo, insulso 
ni mal escrito. 

El uso regular de las bibliotecas pú- 
blicas pone a nuestra disposición un 
variado material de lectura, e inicia 
al niño en la buena costumbre de 
utilizarlas. 



Jardín de niños 

Muchos niños entre los 3 y los 4 años 
\'an a la escuela. Algunos asisten por 
unas horas a un jardín de niños o foi- 
inan parte de un grupo que se reúne 



Los tres y los cuatro años 51 



para jugar. Las madres que trabajan 
dejan a sus niños en "guarderías" cuyo 
horario es de 8 a 9 horas. Cuando un 
niño está ya en aptitud de separarse de 
su hogar y de su madre por varias ho- 
ras al día, un plantel adaptado a los 
intereses y necesidades de la infancia 
constituye una satisfactoria experiencia. 
Muchos niños a los 3 años tienen ya la 
madurez suficiente; los de 2 años, gene- 
ralmente aún no pueden soportar una 
larga estancia con otros niños y necesi- 
tan todavía mucha atención individual 
de alguien que sustituya a la madre, si 
ésta tiene que ausentarse. 

No todas las guarderías infantiles son 
igualmente buenas. Se requiere perso- 
nal bien preparado y ésto resulta cos- 
toso. Por todos conceptos, debe usted 
visitar la escuela a la que piensa enviar 
a su niño; si es buena, tendrán mucho 
gusto en mostrársela. 

En los departamentos locales de edu- 
cación, salubridad o bienestar se podrán 
obtener informes sobre las escuelas y 
guarderías que operan bajo el patroci- 
nio o con licencia del Estado. De cual- 
quiera manera, conviene siempre verifi- 
car estos informes personalmente, y qui- 
zá se puedan visitar 2 ó 3 escuelas a fin 
de tener una base de comparación. 

Algunas madres se han unido en co- 
operativas para formar un jardín de 
niños. Emplean una educadora profesio- 
nal y colaboran con ella en el cuida- 
do de los niños. También manejan las 
cuestiones financieras, se encargan de 
las compras de equipo y ejecutan to- 
das las labores administrativas. Como 
tanto los padres como las madres están 
en íntimo contacto con la escuela, y sa- 
ben cómo andan las cosas, muchas de 
estas escuelas funcionan muy bien. La 
base del éxito es la educación de los 
padres. 

Una buena escuela puede proporcio- 
nar más espacio para juegos al aire libre 
y en las salas, y un equipo más surtido 
que los de la mayoría de los hogares. 
Debe haber un míniíno de 10 metros 
cuadrados, por niño, de espacio disponi- 
ble dentro del edificio, y 60 metros cua- 
drados o más de espacio exterior, pla- 



neado en forma que se pueda vigilar 
constantemente. Los cuartos deben ser 
alegres en su colorido, pero de acabados 
resistentes. El mobiliario, incluyendo los 
lavabos y excusados, debe ser proporcio- 
nado al tamaño del cuerpo del niño. 

Dentro de un pequeño grupo de su 
edad, el niño tiene la oportunidad de 
aprender a convivir bien con sus com- 
pañeros. No siempre estará siguiendo 
jadeante a sus hermanos mayores, ape- 
nas doblan la esquina delante de él. 
Ni será tampoco siempre el "rey del 
gallinero" como suele suceder cuando 
él es el mayor de la casa. Todo es más 
divertido entre compañeros que pueden 
congeniar. 

En una buena escuela, los profesores 
o profesoras están especialmente pre- 
parados para comprender las necesida- 
des físicas y psicológicas de un niño. 
Deben ser afectuosos y simpáticos al 
mismo tiempo. Los niños pequeños ne- 
cesitan mucha atención individual, de 
manera que el número de niñeras, edu- 
cadoras y profesores debe ser propor- 
cional al número y a la edad de los 
niños. Se considera que dos personas son 
necesarias para atender a un grupo de 
doce o quince niños de 3 a 4 años, o a 
un grupo de quince a veinte niños entre 
los 4 y los 6 años. 

El programa deberá ser apropiado 
para los niños. Los juegos ruidosos, agi- 
tados y libres (dentro o fuera del re- 
cinto) deben alternarse con entreteni- 
mientos tranquilos. Los alimentos se 
servirán a interv^alos adecuados al pe- 
queño estómago de los alumnos. El niño 
dispondrá de tiempo para hacer lo que 
quiera y para participar en actividades 
con el profesor y con los demás niños 
a las horas en que conversan o cantan 
juntos, tocan instrumentos musicales y 
se divierten con libros y materiales edu- 
cativos. 

Deberá haber actividades regularmen- 
te programadas, entreveradas con mu- 
chas otras que son optativas. En todas 
se fomentará en el niño el hábito de 
hacer las cosas por sí mismo. Como un 
niño decía: "En esta escuela tenemos 
que enseñarnos solos." Para el efecto. 



52 El niño de 1 a 6 años 



deberán estar a su alcance las cosas que 
necesita: (ganchos pequeños para sus 
abrigos, repisas bajas para sus juguetes, 
escalones que le permitan asearse en los 
lavabos) . La actitud de la maestra tam- 
bién lo ayudará, al darle tiempo para 
realizar sus torpes y desmañados esfuer- 
zos. 

No se debe admitir en la escuela a 
ningún niño que parezca estar enfermo. 
Un médico, una enfermera o una pro- 
fesora especializada, debe examinar cui- 
dadosamente a todos los niños cuando 
llegan. La profesora seguirá observán- 
dolos durante todo el día; investigará 
por qué un pequeño abandona los cubos 
con que estaba jugando o se queda si- 
lencioso en un rincón del cuarto. Si 
muestra señales de enfermedad, habrá 
que aislarlo de los otros niños mientras 
pueda ser enviado a su casa. 



Durante el primer año de escuela, el 
niño suele ser más propenso a los res- 
friados y otras enfermedades menores. 
Esto sucede así tenga 3 ó 4 años de 
edad, y la mayoría de los niños desarro- 
llan resistencia al contacto con los de- 
más. Si su niño fácilmente contrae ca- 
tarros o es, en general, delicado de 
salud, será mejor que consulte al médi- 
co antes de mandarlo a un jardín de 
niños. 

Primeros días de escuela. General- 
mente, se requiere tiempo para que el 
niño se acostumbre al grupo. Evite ins- 
cribirlo cuando acaba de ocurrir un 
acontecimiento en casa, tal como la lle- 
gada de un nuevo bebé o que la madre 
comienza a trabajar. Dé usted ese paso 
con bastante anticipación. 

Algunos niños vigorosos y alegres se 
encantan en la escuela desde el primer 




.\.|,/^/- 



La escuela puede proporcionar más espacio para juegos. 



Los cinco años 53 



día; pero no todos se muestran tan bien 
dispuestos a emprender nuevos sende- 
ros, y necesitan acostumbrarse poco a 
poco. Como regla, conviene primero vi- 
sitar la escuela con el niño, permane- 
ciendo en ella una hora más o menos. 
Acompañe al niño al día siguiente y 
quédese de nuevo con él. Usted y la 
profesora podrán acordar el siguiente 
paso que hay que dar. Quizá tenga que 
acompañar a su hijo por ima semana 
o más. 

Cuando esté dispuesto a permanecer 
sin usted, despídase en fonna natural 
y dígale cuándo volverá. Conviene ha- 
cerlo, aunque parezca una innecesaria 
interrupción del juego en que está en- 
tretenido. Si se retira sin avisarle, es po- 
sible que le cueste muchos momentos 
amargos. 

Algunos niños quieren que la madre 



se quede, y lloran cuando ésta se va, 
pero dejan de protestar en cuanto la 
pierden de vista. Realmente desean am- 
bas cosas: la escuela y su madre. Para 
ellos, una firme despedida abrevia el 
paso. Diríase que lloran porque creen 
que es su obligación hacerlo. Si su padre 
los lleva a la escuela es posible que se 
evite el conflicto. 

Cuando después de haber hecho todo 
lo indicado para que el niño acepte la 
escuela, sigue reacio a ir, y vuelve a 
casa molesto y cansado, procure hablar 
con su profesora. Tal vez decida usted 
retirar al niño hasta que sea un poco 
mayor. Algunas veces el problema se 
resuelve mandándolo sólo dos o tres 
días a la semana. Puede dar buen resul- 
tado el pasarlo a un grupo de niños 
más pequeños donde las exigencias sean 
menores. 



Los einco años 



¡ Cinco años! ¡ Tantos . . . cuantos de- 
dos tiene la mano! A un niño que ha 
alcanzado esta tierna edad, le parece 
que ya ha llegado tan lejos como se 
puede llegar. Ha estado esperando este 
cumpleaños desde que tiene memoria. 
De hecho, todos nos inclinamos a mi- 
rar este quinto cumpleaños como el 
principio de una nueva etapa, debido 
sin duda a que la mayoría de los niños 
empiezan entonces a asistir a una es- 
cuela formal. 

Por lo demás, no hay nada muy no- 
table en el crecimiento físico del niño, a 
los 5 años. Es la época, entre la infan- 
cia y la adolescencia, en que su desarro- 
llo es más lento. Crece, sí claro está, 
pero sus pantalones vaqueros duran más 
y las bastillas en los vestidos de las niñas 
no necesitan bajarse tan rápidamente. 

Tal vez crezca de 5 a 7 centímetros 
este año y aumente 1 a 2 kilogramos. 
En un grupo de chiquillos de 5 años 



habrá diferencias más notables que nun- 
ca antes, ya que han venido acumulan- 
do peso y estatura en diferentes propor- 
ciones. Medirán de 95 a 115 centímetros 
y pesarán de 10 a 25 kilogramos. Una 
niña puede ser más pequeña o más alta, 
puesto que el margen es más amplio en 
las mujercitas. 

Los muchachitos patizambos, de ab- 
domen protuberante, de los primeros 
años van desapareciendo, pero todavía 
es difícil sujetar los pantalones en su 
lugar. Apenas empiezan a marcarse las 
curvas de la espina dorsal. 

El niño todavía es inmaduro en mu- 
chos aspectos. Su vista tiene tendencia 
a la presbicie, y la coordinación de los 
ojos con las manos es imperfecta. Por 
esta razón, los niños de 5 años no sue- 
len ser capaces de llevar a cabo tareas 
minuciosas, ni de distinguir sin grandes 
esfuerzos las letras impresas o manuscri- 
tas aun de tamaño grande. 



54 El niño de 1 a 6 años 



El niño espera mucho de sí mismo 
y a veces no sabe medir sus fuerzas. 
Demostrará su cansancio más en for- 
ma de inquietud, que de llanto. Los 
chicos de 5 años todavía necesitan un 
periodo de descanso, si no es que una 
siesta, durante el día, y por lo menos 
unas 10 horas de sueño durante la no- 
che. Alsrunos suelen necesitar 11 ó 12. 



¿Qué mano usa? 

Al llegar a los 5 años, ya se puede 
saber qué mano prefiere el niño. Mien- 
tras algunos tienen una marcada predi- 
lección por la derecha o por la izquierda 
desde un principio, muchos las usan 
indistintamente hasta que tienen 3 años 
o más. En estos años de formación, su 
preferencia puede cambiar más de una 
vez. 

Nadie sabe con seguridad a qué se 
debe que una persona sea diestra o zur- 
da, como tampoco se sabe por qué pre- 
fieren un ojo o un pie al otro, pero 
todos los fisiólogos están de acuerdo en 
que esto forma parte de las caracterís- 
ticas básicas del individuo, siendo posi- 
blemente un rasgo hereditario. Por tal 
motivo, el forzar a un niño a ir en con- 
tra de su tendencia natural, le causa 
intensa perturbación. 

Alrededor de un 90 por ciento de los 
niños tienen preferencia por la mano 
derecha. El número de zurdos, sin em- 
bargo, ha crecido en la última genera- 
ción, desde que se empezó a desacon- 
sejar a los padres que hicieran esfuerzos 
por cambiar la tendencia de los niños 
que de un modo natural usaban la ma- 
no izquierda. Por supuesto, hay algunos 
que emplean ambas manos con igual 
destreza. 

En el caso de un niño que no da tra- 
zas de decidirse por una mano o la otra 
y se muestre marcadamente torpe con 
ambas, tal vez convenga someterlo a 
un examen para determinar cuál de sus 
manos es la más capacitada. Consúltelo 
con su médico, y cuando sepa ya el re- 
sultado de la prueba, trate de ayudar 
al niño para que use la mano que más 



le convenga, poniéndole, por ejemplo, 
su vaso de ese lado, dándole las cosas en 
esa mano, etc. Por lo que respecta a sus 
estudios y a sus capacidades deportivas, 
el ser zurdo no lo perjudica. 



El niño se torna industrioso 

El crecimiento sigue a paso seguro. 
Así todas las cosas que se han dicho del 
niño de 3 a 4 años se aplican igualmente 
al de 5. El cambio más marcado se ob- 
serva en relación a sus actitudes. Parece 
ahora más dispuesto y ansioso por poner 
manos a la obra. 

Los chiquillos de esta edad suelen 
adoptar graciosas actitudes muy "mas- 
culinas" o "femeninas." El niño trata 
de copiar los ademanes del padre, y la 
niña es una perfecta réplica de su ma- 
dre, cuando juega a las muñecas. Esta 
copia fidedigna del modo de ser de los 
mayores, nunca volverá a ser ni tan ab- 
sorbente ni tan fiel. 

Ya el niño a los 5 años no es tan 
abierto y accesible como lo era antes. 
A los 3 y 4 años su comportamiento era 
fiel espejo de sus sentimientos; pero a 
los 5, ya no está uno siempre tan seguro 
de lo que trae en la cabeza. 

A los 5, los niños comienzan a hacer 
una doble confrontación. Ya distinguen 
su propio mundo del de los mayores. 
Comparan lo que piensan sus compañe- 
ros de la misma edad, con lo que los 
adultos puedan pensar o decir. Esa co- 
municación clara y directa con sus pa- 
dres, que éstos tanto atesoraban, empieza 
desgraciadamente a borrarse. 

Los pequeños, sin malicia, catalogan 
a todos los adultos, incluyendo padres 
y maestros, en la categoría de "personas 
mayores," las cuales forman un mundo 
completamente extraño. 

Por supuesto, el cambio se efectúa 
paulatinamente y nunca es total. El ni- 
ño de 5 años acepta a sus padres de 
buena gana la mayor parte de las veces. 
Los requiere a la hora de acostarse, 
cuando está enfermo o cuando está in- 
quieto por algo. Tiende a estar más 
cerca del hogar que el chiquillo corre- 



Los cinco años 55 



lón de 4 años, y a veces "tocará base" 
sólo por hacerse presente; en cuanto 
confirma que ahí está su madre, vuelve 
a alejarse. Le gusta hallarla en casa 
cuando llega de la escuela y demuestra 
su disgusto si no la encuentra, cualquie- 
ra que sea la razón de su ausencia. Las 
explicaciones tienen para él poco signi- 
ficado. 

Por lo demás, es muy independiente, 
aunque de una independencia menos 
temeraria que la de los 2 años, pues 
ahora se funda en la noción bastante 
exacta de sus verdaderas habilidades. 
Si dice que no caerá del árbol, es proba- 
ble que no caiga. Sabe medir sus pro- 
pias fuerzas y la de sus compañeros, lo 
que da por resultado que haya menos 
pleitos entre los niños de 5 años. No sólo 
son capaces de expresarse mejor con pa- 
labras, sino que se dan muy bien cuenta 
de las diferencias; diferencias de opi- 
nión y de puntos de vista, así como de 
habilidad. 

En su mayor parte, hacen amigos so- 
bre la base de intereses comunes ; alguna 
actividad con la que ambos gozan o 
porque son capaces de hacer las cosas 
con una habilidad semejante. Simpati- 
zan con el compañero cuyas ideas en- 
cajan con las propias, pero también se 
sienten atraídos por aquel que demues- 
tra tener dotes de líder. 

Todo esto se puede comprobar en ni- 
ños que tienen la oportunidad de ele- 
gir. Cuando no la tienen, prefieren to- 
lerar grandes diferencias, mejor que 
quedarse solos. Como regla general, se 
llevan mejor con un niño solo que con 
un grupo. El dicho inglés de que : "Dos 
es compañía, y tres es una muchedum- 
bre" nunca es tan cierto como a la edad 
de 5 años. 



Los prejuicios nacen cuando 
el niño tiene dudas 

A los niños no les importa la situa- 
ción económica, el color, la raza ni la 
religión de sus amigos, a menos que los 
adultos les hayan metido ideas en la 
cabeza. Todavía a los 5 años, el niño 



no se fija en el color de la piel de su 
compañero de juegos. Cuenta un obser- 
vador la historia de dos muchachitos 
que planearon engañar a su profesor 
cambiándose los impermeables. "Bien 
- — dijo uno - — debemos cambiarnos los 
sombreros también." Ninguno de los ni- 
ños se daba cuenta de que el profesor 
podía distinguirlos de inmediato, ya que 
uno era indio y el otro inglés. 

Las investigaciones han demostrado 
que los prejuicios raciales, religiosos o 
económicos se desarrollan con más fa- 
cilidad entre personas que se sienten 
inseguras económica y socialmente, y 
tratan de obtener una situación privile- 
giada, negándosela a otros. De igual ma- 
nera, un niño que se siente intranquilo 
acerca de su posición, inseguro de ser 
una persona amada o que no puede con- 
fiar en los demás, será el primero en 
manifestarse lleno de prejuicios. 

Un niño a quien siempre se le ha 
ayudado a sobreponerse a sus sentimien- 
tos de ira y celos, será más capaz de 
formarse un juicio acerca de la gente, 
pues podrá basarse en los valores perso- 
nales de ésta. 

El niño que ha sido tratado con equi- 
dad está más capacitado para respetar 
los derechos de los demás. El niño que 
ha aprendido a controlar sus impulsos 
agresivos contra aquellos que se atra- 
viesan en su camino, tendrá la fuerza 
de dominar los prejuicios. A través de 
tales lecciones de la vida diaria, nuestro 
mundo llegará un día a alcanzar una 
mayor hermandad entre los hombres. 



El niño necesita preceptos 

Al llegar a los 5 años un niño quiere 
hacer las cosas bien. Como esponja, ab- 
sorbe conocimientos relacionados a los 
coches y al funcionamiento del expendio 
de gasolina. A las niñas les gusta coci- 
nar, pero con ingredientes verdaderos. 
En sus dibujos comienzan a perfilarse 
objetos y personas, y quieren que las 
cosas que van haciendo sir\'an realmen- 
te. Comienzan a ver que las reglas son 
necesarias para alcanzar los resultados 



56 El niño de 1 a 6 años 



apetecidos. Recurren a usted y quizá aún 
más a su maestra y a otras autoridades, 
que pueden darles las respuestas que 
buscan. Comienzan a entretenerse en 
juegos regidos por reglas que no inven- 
taron ellos. 

De hecho, a veces exageran su ape- 
go a las reglas. Algunos niños se vuel- 
ven regañones con sus compañeros de 
juego, y también son demasiado estric- 
tos con ellos mismos. Tan altas normas 
pueden llevarlos (especialmente a las 
niñas) a chismosear a la maestra o a la 
madre las faltas grandes y pequeñas de 
los demás. Los adultos generalmente no 
sienten simpatía por el chismoso y lo 
tratan con desdén. Otras personas, por 
el contrario, lo alientan a que siga tra- 
yendo y llevando cuentos, con lo cual 
lo colocan en un papel difícil ante sus 
compañeros. 

En realidad, un niño que tiene la ten- 
dencia a estar hablando de otros nece- 
sita que se le ayude. Puede ser indicio 
de que tiene deseo de hacer él mismo 
aquello prohibido, y quiere asegurarse 
de las reglas. Tal vez necesita que se le 
estimule para "soltarse" un poco y para 
expresarse con más espontaneidad. 

Algunos chismosos sienten envidia ha- 
cia otros niños y se consuelan buscando 
la aprobación de las personas mayores. 
No hay que negársela; pero quizá se 
les pueda ayudar con mucho tacto a que 
aprendan a ganarse también la apro- 
bación de los compañeros de la misma 
edad. 

Esta creciente apreciación de las re- 
glas y los reglamentos puede ser la ra- 
zón de que el chiquillo de 5 años no se 
asuste de casi nada. Confía en que el 
mundo está bien ordenado. No es pro- 
penso a imaginarse cosas terribles, a pe- 
sar de que pueda preocuparle la idea 
de perder a su madre, tenga miedo a la 
oscuridad o a otras cosas desconocidas. 
Sin embargo, estas preocupaciones son 
menos intensas que antes. Es posible que 
haga gran escándalo por haber recibido 
una cortada, o un rasguño, pero cuando 
tiene que enfrentarse al verdadero do- 
lor, suele dar muestras de un valor 
admirable. 



Televisión, con mesura 

Desde los 5 años, y quizá desde antes, 
los niños se interesan en la televisión. La 
combinación de sonido, luz y movi- 
miento les encanta. Muchos parecen 
dispuestos a pasar el día mirándola. 

Cuando el niño está en edad de asis- 
tir al jardín de niños su afición a la 
televisión puede alcanzar un grado in- 
quietante, ya que querrá pasar más tiem- 
po frente a la pantalla, la cual absorberá 
toda su atención. De más chico, per- 
manecía cerca del aparato, pero conti- 
nuaba jugando a intervalos con sus 
camiones, sus cubos, o sus muñecas. 
Ahora ya entiende mejor lo que ve (o 
lo malentiende a su modo), de manera 
que la selección de los programas ad- 
quiere capital importancia para los pa- 
dres. 

A través de encuestas, se sabe que los 
niños pasan "pegados," por decirlo así, 
a la televisión igual número de horas 
que las que pasan en la escuela, y mu- 
chas personas se preguntan si ese tiempo 
está bien empleado. 

Toca a los padres decidir qué bus- 
can, para sí mismos y para sus hijos, en 
sus horas de recreo. Nadie puede to- 
mar esta decisión por ellos, pero para 
hacer una buena elección hay que saber 
lo que está pasando. En primer lugar, 
hay que tomar en cuenta cuánto tiem- 
po pasa su niño frente a la televisión, 
y saber por qué se inclina. Observe los 
programas que selecciona, no diaria- 
mente, pero sí bastante seguido para po- 
derse formar una opinión. Cuando los 
comente con el niño, procure ayudarlo 
a apreciar su valor. 

Muchas familias están convencidas de 
que la televisión les ha proporcionado 
una nueva manera de compartir jun- 
tos una distracción. A veces hacen una 
fiesta de familia, alrededor del aparato 
de televisión, cenando o mereridando 
ahí mismo. Determinados programas son 
esperados con gusto por todos. La di- 
ferencia de edades parece significar me- 
nos ante la televisión que en muchas 
otras actividades. El padre y el hijo 
pueden ver juntos un programa depor- 



Los cinco años 57 



tivo con más gusto, tal vez, que si tratan 
de jugar entre ellos; sobre todo si el 
padre es de los que se impacientan 
cuando el niño lanza o recibe mal la 
pelota. 

Otras familias han encontrado en la 
televisión una fuente de altercados. Sin 
embargo, la forma de disuadir a un 
chico de ver un programa que a usted 
le parece impropio, no es distinta de la 
que emplea para impedirle comer las 
cosas que a su juicio le son perjudicia- 
les. De manera parecida, regula usted 
cualquiera actividad que es buena en 
cierto aspecto, pero puede ser mala si 
se exagera. 

Conviene que hable usted con el ni- 
ño acerca de los planes que se tengan 
para ver televisión, a fin de buscar un 
acuerdo. Una vez tomada una decisión, 
hay que sostenerla. Utilícense algunos 
subterfugios, en vez de dar órdenes es- 
cuetas. Se dirá, por ejemplo: "Ya es 
hora de salir un momento a jugar, no 
has acabado de levantar la fortaleza." 
Si el niño se resiste, puede usted ayu- 
darlo a olvidar su enojo momentáneo. 

En cierto modo, es la misma situa- 
ción en que usted se encuentra cuando 
está leyendo un buen libro. "Espérame 
hasta que llegue al final del capítulo," 
dice usted. Y cuando se da cuenta, ya 
está en la mitad del siguiente. Necesita 
un recordatorio para detenerse. 

Ya verá usted que el niño rara vez 
permanece viendo televisión cuando hay 
algo mejor que hacer. "Vamos a hacer 
galletitas," o "Vamos a dar una vuelta," 
son palabras mágicas que cualquier ni- 
ño oye por muy alto que sea el volu- 
men del sonido de la televisión. 

Todos estos son caminos que se pue- 
den tomar si un niño parece demasiado 
inclinado a pasar la mayor parte de sus 
horas de vigilia mirando televisión. Tal 
vez no ha encontrado nada mejor que 
hacer; tal vez no se siente capaz de 
afrontar la vida real de una manera 
que le satisfaga y usa la televisión como 
un sustituto. Una extensa ojeada a la 
vida toda del niño puede proporcionar 
a usted la respuesta que no encuentra 
consultando los programas de televisión. 



El ingreso a la escuela 

En casi todos los lugares, los niños 
ingresan a la escuela a determinada 
edad. En algunas partes, se espera a que 
cumplan 6 años, pero los jardines de 
niños los admiten desde más pequeños. 

Muchos educadores no están de acuer- 
do en que guiarse por la fecha del cum- 
pleaños sea el mejor método para saber 
si un niño está ya listo para entrar a 
la escuela. Señalan las grandes diferen- 
cias que existen entre los niños, no tan 
sólo en el desarrollo físico, sino en el 
intelectual y en madurez social. Sin em- 
bargo, mientras no se cuente con otra 
manera fácil de medir la aptitud del 
niño, nos seguiremos guiando por el 
calendario. 

En realidad, usted ha estado prepa- 
rando a su hijo para la escuela, durante 
todos estos años. Le ha dado una vida 
feliz, dentro de una familia amorosa, 
y le ha hecho asumir más y más res- 
ponsabilidades. Ha vigilado su salud, le 
ha aplicado todas las vacunas recomen- 
dadas, ha puesto especial atención en 
sus ojos, oídos y dientes. Parte de esta 
preparación ha sido: 

Enseñarlo a vestirse por sí solo. A 
los 5 años puede hacerlo bien, con 
excepción de algún lazo complicado, 
abotonarse por detrás o atarse los 
zapatos. Algunas niñas pueden inclu- 
sive hacer esto. Guiarlo para que sepa 
cuidar sus cosas, incluyendo la ropa 
de uso fuera de casa. Conviene que 
conozca bien sus prendas nuevas, an- 
tes de llevarlas a la escuela, y no está 
por demás marcárselas. 

Acostumbrarlo a prescindir de us- 
ted a ratos. Si no ha asistido al jardín 
de niños, envíelo de vez en cuando a 
jugar con los niños del vecino. La 
escuela dominical puede también 
constituir un primer contacto grato 
con un maestro. 

Proporcionarle abundante informa- 
ción respecto al mundo. Cuando usted 
lo estimula a que haga preguntas y 
se las contesta en una forma que él 
pueda entender, le está dando una 



58 El niño de 1 a 6 años 




La edad de ingreso a la escuela varía con cada niño. 



base para su aprendizaje en la escue- 
la. Usted agudiza su facultad de ob- 
servación al señalarle las diferencias 
y similitudes en los animales y las 
plantas, los coches y los camiones. Us- 
ted ha estado leyéndole y comentán- 
dole libros, así como los programas 
de televisión que él ve. Usted lo ha 
paseado, no necesariamente fuera de 
los límites de su propia ciudad, pero 
libre y ampliamente dentro de ella. 

Enseñarle a escuchar y a seguir 
instrucciones. Si es verdad que la es- 
cuela acrecienta esta habilidad, mu- 
cho ayuda el que el niño tenga una 
preparación cuando ingresa a ella. 

Enseñarle a cruzar las calles. Su 
niño debe saber obedecer las señales 



de tránsito y ser cauteloso en las bo- 
cacalles para poder ir solo a la escue- 
la. La mejor manera de enseñarlo es 
por medio de ejemplo constante. 



La preparación de los padres 

Pocos son los padres ajenos a cierta 
mezcla de sentimientos en el momento 
de confiar a su hijo a otra persona: su 
primera maestra. Experimentan cierto 
alivio y cierto orgullo, naturalmente, 
pero existe la posibilidad de que surjan 
recelos, aun cuando se trate del segundo 
o del quinto niño. Pueden los padres 
temer que la profesora encuentre en el 
niño algún defecto del que los culpe a 



Los cinco años 59 



ellos. A medida que se acerca el tiempo 
de enviarlo a la escuela, comienzan a 
mirar al niño a través de los ojos de un 
extraño y a volverse críticos. ¿ Qué pen- 
sará de él la profesora? y ¿Qué pensará 
de ellos, sus padres? 

Tal vez sientan que la profesora no 
será capaz de comprender que su hijo 
es algo excepcional. Y es posible que 
estén en lo justo si la maestra tiene a 
su cargo más niños de los que una sola 
persona realmente puede manejar. Los 
educadores saben que de 20 a 25 niños 
en una clase es el límite para un jardín 
de niños y para los años inferiores; pero 
muchas escuelas se ven precisadas a to- 
mar 40 ó más. Los padres que deploran 
tener a sus hijos incluidos en una mu- 
chedumbre y posiblemente olvidados 
entre el tumulto, buscarán cierto con- 
tacto con los profesores para corregir 
algunos de los defectos de esta situación. 

Aunque la escuela sea excelente, los 
padres se sentirán tal vez un tanto aban- 
donados y deprimidos después del pri- 
mero o segundo día. Esto puede suceder 
independientemente de si el niño está 
contento o no. Usted siente que lo ha 
perdido; o bien, el niño no le dice nada 
acerca de la escuela, o le da una infor- 
mación tan vaga que usted apenas vis- 
lumbra lo que pasa. Muchas veces la 
impresión que se forma usted es com- 
pletamente parcial. 

Prepárese también para un decai- 
miento en el estado de ánimo del niño. 
Durante meses ha estado soñando con 
la escuela. Es posible que haya tenido 
miedo de lo que le iba a pasar, por ha- 
ber oído pláticas de los niños mayores 
sobre las tremendas cosas que suceden 
allí. Durante las primeras 4 ó 5 semanas 
casi todos los niños dan muestras de un 
estado de tensión. Algunos vuelven a 



mojar la cama, otros a morderse las 
uñas, o pierden el apetito, se muestran 
irritables y lloran de todo. Si tales sín- 
tomas de tensión no desaparecen en 
unas cuantas semanas, haga una cita 
con la profesora del niño y dígale lo que 
está pasando. 

Algunos padres sufren tanto por la 
separación del hijo, que en realidad ha- 
cen más difícil la adaptación. La madre 
se siente lastimada cuando el niño dis- 
traídamente la llama por el nombre de 
la profesora: "¿Señorita Meche, pue- 
do.. . ?" Por supuesto que a la señorita 
Meche, del jardín de niños, también le 
dice a cada rato: "¿Mamá, puedo . . .?" 
Pero las mamas no lo saben. 

Tanto usted como el niño comenza- 
rán mejor las cosas si visitan la escuela 
juntos antes del ingreso del pequeño. 
Vayan más de una vez, si es posible. 
Pregúntele al director cuál es la hora 
más apropiada. En muchas escuelas hay 
días fijos para visitas de esta índole. El 
niño querrá saber por qué puerta debe 
entrar, dónde debe colgar su abriguito, 
qué juguetes hay, en dónde se encuen- 
tran los cuartos de baño y cómo es su 
profesora. Las madres también sienten 
más confianza una vez que conocen 
todos estos detalles. 

A medida que pasa el tiempo, verá 
usted las ventajas de estar en estrecho 
contacto con la escuela de su hijo. Hay 
muchas maneras de ayudar. Un padre 
o una madre con poco tiempo dispo- 
nible pueden, cuando menos, estar bien 
informados respecto de los propósitos 
de la escuela y del modo que se emplea 
para enseñar a los niños. 

La estrecha asociación entre el pro- 
fesorado y los padres, compenetrados 
ambos de los métodos del plantel y de 
sus problemas, mejora la educación. 



Problemas especiales 



Todos los niños son especiales, en 
una forma o en otra, y todos más o me- 
nos confrontan serios problemas a me- 
dida que crecen. La vida no es siempre 
tranquila, a pesar de nuestros esfuerzos, 
y las penas que amenazan a la familia 
son inevitables. En el niño, su efecto 
inmediato o remoto varía por muchos 
factores, incluyendo el de su edad y su 
temperamento. La separación del lado 
de su madre, por ejemplo, causa dife- 
rentes impactos a la edad de un año 
que a la de 4 ó 5. En circunstancias 
semejantes, un niño alegre y dócil actua- 
rá en forma completamente distinta a 
otro que es demasiado sensible y tímido. 

Sin embargo, la actitud de usted ante 
los hechos, determinará el impacto. Si se 
planean las cosas de manera inteli- 
gente, los efectos desagradables de la 
situación se aminoran, por lo menos. 
Cuando sobrevengan desgracias impre- 
vistas, su actitud serena y una actuación 
acertada harán llevadero el problema 
para el niño. 

A continuación, vamos a exponer al- 
gunos de los problemas que suelen con- 
frontar las familias. 



Cambios de casa 

Cada año, una de cinco familias em- 
paca sus pertenencias y se muda. Algu- 
nas veces el cambio es a unas cuantas 
calles, y otras, a kilómetros de distancia, 
dejando atrás el mundo que les era 
familiar. 

Para un niño pequeño, la mudanza 
puede no ser tan desconcertante como 
para los niños mayores, a quienes les 
importa muchísimo tener que decir 
adiós a sus queridos profesores y amigos. 
Mientras el chiquillo permanezca con 
su familia, generalmente las cosas se 
enderezan por sí solas bastante pronto, 
especialmente si conserva su camita co- 
nocida, sus juguetes y su silla. Por esta 
razón, vale la pena acarrear las cosas 
que, aunque algo viejas y estropeadas, 



son importantes para él. A través de 
estas pertenencias, el niño vuelve a fa- 
miliarizarse con el nuevo ambiente. En 
cambio, si ve que se tiran a la basura 
los objetos que para él son un tesoro, 
sentirá un gran disgusto, en cualquier 
momento en que suceda, pero especial- 
mente cuando la gente grande está ocu- 
pada y preocupada con todo el proceso 
de la mudanza. 

Las mudanzas son, en realidad, una 
dura prueba para los niños. A veces el 
niño lo toma a la ligera en un princi- 
pio, pero algunas semanas más tarde 
demuestra obstinación e irritabilidad. A 
otros les trastorna desde luego y lo de- 
muestran de mil maneras: tienen pesa- 
dillas, mojan de noche su cama, se 
acentúa su timidez, o quieren estar pe- 
gados a las faldas de su madre, cosas 
que antes ya no hacían. 

Estas señales de inquietud son parti- 
cularmente enojosas en el preciso ins- 
tante en que tiene usted tanto trabajo 
en mano. Le urge salir a comprar va- 
rillas para las cortinas, papel para las 
alacenas, y un millón de cosas más que 
la casa nueva requiere. No obstante, tra- 
te de dedicar tanto tiempo como le sea 
posible al recalcitrante muchachito que 
se niega a ser trasplantado. A la larga, 
esto le ahorrará tiempo y energía emo- 
cional. El niño al que no se le hace caso 
en el momento que lo necesita, podrá 
requerir después más tiempo y atención. 



Estancia en un hospital 

Guando un niño es internado en un 
hospital, sus padres se muestran preocu- 
pados acerca del curso de su padeci- 
miento o el resultado de la operación. 
Es natural que él también se perturbe. 
Usted ignora las reglas del hospital; no 
quiere estorbar y, sin embargo, interfie- 
re, en cierto modo, con el cuidado que 
su niño debe recibir. Está intranquila 
por su comportamiento personal. Su hijo 
resiente su ansiedad, sin saber si nace 



Problemas especiales 61 



por alguna causa que le es ajena. A la 
extrañeza del hospital, donde todo, has- 
ta el olor, es distinto, se añaden los 
dolores o molestias que sienta. Nada de 
esto sería tan duro para él si usted se 
pudiera quedar a su lado. 

Pero el intemamiento en un hospital 
suele constituir una separación inevita- 
ble. Mucho de lo que vamos a tratar a 
continuación se aplica igualmente a cual- 
quier situación que obliga a un niño a 
alejarse de su hogar, o de sus padres. 

Los bebés de unos cuantos meses de 
edad no se afectan particularmente, 
mientras puedan recibir mucha aten- 
ción individual y no necesiten estar fue- 
ra de casa mucho tiempo. Sin embargo, 
como el niño está muy apegado a su 
madre, no es nada fácil que alguien to- 
me su lugar. Ambos padres son impor- 
tantes, naturalmente, pero el niño por 
lo general ha desarrollado una mayor 
intimidad con su madre, y en cualquier 
momento de angustia se vuelve más con- 
fiadamente hacia ella. 

Es imposible, realmente, preparar a 
un niño menor de 3 años para una se- 
paración. Aunque usted le diga que tie- 
ne que dejarlo, no podrá imaginarse, en 
verdad, cómo será la situación sin usted 
día tras día. A ese respecto, hasta un 
niño mayor no sabe qué perdido se 
encontrará cuando llegue la hora. 

Tratándose de niños de más de 3 años 
es posible prepararlos hasta cierto gra- 
do. Explíquele lo que es un hospital, 
cuando acierte a pasar cerca de alguno, 
o cuando una amiga vaya a tener un 
bebé. Hable del hospital con la misma 
naturalidad con que describe otros lu- 
gares interesantes. Tal vez pueda mos- 
trarle al niño el hospital donde nació. 

Hable de lo que se puede hacer en 
un hospital. La mayoría de los niños de 
3 ó 4 años se interesan al oir que hay 
unas máquinas que toman las fotogra- 
fías de los huesos que están dentro del 
cuerpo, y camas que por medio de un 
manubrio se levantan de la cabeza o de 
los pies. 

Hay libros de estampas que muestran 
con algún detalle la vida en un hospi- 
tal: cómo se toman los alimentos en la 



cama; los camisones un poco cómicos 
que se usan; la amable enfermera que 
atiende a los pacientes; el doctor que 
lleva puesta una máscara. La mayor 
parte de los libros, sin embargo, no men- 
cionan las partes desagradables de la 
estancia en un hospital, y sí, en cambio, 
destacan la parte amena; los helados 
que se toman después de la extracción 
de las amígdalas, por ejemplo. Es pre- 
ferible que el niño sepa que tendrá que 
sufrir y sentirse mal a ratos. 

Si se sabe de antemano que un niño 
va a ser internado en el hospital, con- 
viene prevenirlo con unos días de anti- 
cipación. No importa tanto cuándo lo 
haga, como en qué forma lo hace. Dí- 
gaselo poco a poco y espere que él for- 
mule sus preguntas. Debe usted ser ve- 
raz, pero sin extenderse demasiado en 
las partes desagradables. No entre en de- 
talles acerca de todo lo que podría pa- 
sar, como inyecciones o enemas, pero sí 
descríbale lo que es un "cómodo" e 
infórmelo sobre el "sueño especial" del 
cual despertará en otro cuarto. Asegú- 
rele que usted sí sabe en dónde está y 
que sabrá dar con él cuando vaya a ver- 
lo. Dígale que habrá otros niños, ahí 
también, y que algunos llorarán a ratos. 

Pídale que la ayude a empacar sus 
menesteres. Asegúrese de incluir cual- 
quier juguete consentido que de cos- 
tumbre lleve a la cama consigo, o el 
pedazo de manta en el que le gusta en- 
volverse. Demuéstrele que también está 
preparando cosas para cuando vuelva a 
casa: sus ropitas limpias en los cajones 
y su triciclo a salvo en un rincón. 

Su niño debe saber por qué va a un 
hospital y que aun cuando tengan que 
extirparle cualquier cosa, anginas por 
ejemplo, él volverá a quedar igual que 
antes. Sin esta seguridad puede pensar 
que se ha portado mal y que lo están 
castigando. No es raro que un niño hos- 
pitalizado diga: "¡Ya no lo vuelvo a 
hacer . . . Quiero irme a mi casa!" 

Mientras más tiempo pueda pasar 
con su hijo en el hospital, mejor será, 
aunque tenga que descuidar un poco la 
atención de su hogar. Algunos hospita- 
les permiten que la madre se quede de 



62 El niño de 1 a 6 años 



noche y le piden que se ocupe lo más 
posible de los cuidados rutinarios del 
niño: el baño, la alimentación, las eva- 
cuaciones, etc. Cada vez son más los 
hospitales que reconocen la gran impor- 
tancia que tienen las madres para el 
bienestar de los pequeños pacientes, y 
por ello permiten que el horario de las 
visitas sea muy flexible. 

Su niño hospitalizado no siempre pa- 
recerá contento de verla, pues tal vez 
quiera ocultar a sí mismo y a usted, 
cuánto la ha extrañado. Pero sus fre- 
cuentes visitas le darán la seguridad 
de que aún tiene una madre y un pa- 
dre. Cuando usted llegue, descansará 
su tensión, que de otro modo podría 
arraigarse en él por demasiado tiempo, 
ocasionándole una perturbación dura- 
dera. Deje que le diga, de palabra y de 
obra, lo solo y lo disgustado que está y 
no espere que la tranquilice. 

Cuando llegue la hora de partir, deje 
cerca del niño algún objeto personal: 
una bolsa de mano o un par de guantes. 
Esto le indicará que usted va a regresar. 
No alargue la despedida; invente algo 



que lo distraiga: "Te diré adiós desde 
la puerta, haz que tu osito me conteste." 

Cuando por fin llegue el día de vol- 
ver a casa, todo el mundo espera que 
los problemas terminen. Ya pasaron los 
días del hospital, así que todo está bien. 
Rara vez sucede así, sin embargo, por- 
que el niño suele sufrir una reacción de 
decaimiento después del valor que de- 
mostró durante toda la separación. Es 
posible que se vuelva muy difícil duran- 
te semanas y tal vez meses. El más va- 
leroso "soldado" puede tornarse en el 
peor convaleciente. Esto depende, hasta 
cierto grado, del tiempo que el niño 
tuvo que estar en el hospital. Pero aun 
después de un corto periodo, las difi- 
cultades pueden ser mucho mayores que 
lo que usted esperaba. 

Se requiere muchísima paciencia pa- 
ra tratar con un niño que muestra este 
tipo de reacción después de una estancia 
en el hospital o de cualquier otra sepa- 
ración dolorosa. Es muy importante que 
se le dé lo que parece necesitar: amo- 
rosa confianza. 

Muéstrese indulgente con su mal 




Un niño en desventaja, necesita cuidados especiales. 



Problemas especiales 63 



comportamiento; que toda su actitud le 
demuestre lo importante que es el niño 
para usted. El siente que fue traicionado 
y tiene que volver a aprender a confiar 
en usted. Si un niño sufre experiencias 
repetidas, que finalmente destruyan su 
confianza en la gente que le es querida, 
no podrá cimentar su fe en nada. 

Cuando el niño tiene cierto 
impedimento o desventaja 

Muchos niños tienen un impedimento 
físico, mental o emocional que interfie- 
re el desarrollo y crecimiento normales. 
Los problemas son muy extensos y va- 
riados. Un niño viene al mundo con el 
paladar hendido o con un brazo de me- 
nos. Otro, es el terror de la calle con 
sus escandalosas bravatas. Algún otro, 
puede ser ciego o sordo. Otro más, ne- 
cesita un aparato para caminar. La in- 
teligencia de otros es muy inferior al 
promedio normal. Algunos tienen varios 
impedimentos juntos, tanto físicos como 
mentales, lo que los hace estar en des- 
ventaja con los demás niños. 

Cada una de estas situaciones impone 
demandas diferentes al niño y a sus pa- 
dres. La manera como ustedes ven las 
cosas puede ser completamente distinta 
de como las v^en los demás. Un defecto 
moderado puede ser tan inquietante co- 
mo uno mayor. Una pequeña diferencia 
puede parecer abrumadora al principio. 

Cada tipo de problema requiere un 
tratamiento adecuado a ese niño en par- 
ticular y a su familia. La mayoría de 
estos niños necesitan cuidados especia- 
les en los que, a veces, debe colaborar 
un conjunto de especialistas. Entre ellos 
se encuentran los pediatras, los psicó- 
logos, los trabajadores sociales, las en- 
fermeras de salud pública, los ortope- 
distas, algunas veces los psiquiatras o 
algún otro especialista en medicina. 
Dependiendo del tipo de problema exis- 
tente, se recurre a fisioterapeutas, crgo- 
terapeutas, neurólogos, dentistas y tera- 
peutas del habla y del oído. 

No es posible tratar cada uno de 
estos impedimentos en este libro. Exis- 
ten publicaciones al respecto que reco- 



mendamos consultar.* Nos concretamos 
aquí a dar algunos consejos esenciales 
que se aplican a todas las invalideces. 

Consulte al médico a tiempo 

Siempre que esté preocupada por la 
manera como se comporta su hijo, acer- 
ca de lo que hace y de lo que deja de 
hacer, es importante ir en busca del me- 
jor consejo profesional. Nuestro opti- 
mismo puede impulsamos a descartar 
nuestras preocupaciones a base de pen- 
sar: "Esto ya le pasará, es sólo una fase 
por la que atraviesa;" lo cual puede ser 
cierto, en muchos casos, pero en otros, 
quizá se necesita algo más que el tiempo. 

La poca atención que presta el niño 
a quien le habla, puede ser completa- 
mente normal en su periodo de desarro- 
llo, pero puede ser un indicio de un 
problema auditivo. Sólo el médico puede 
decírnoslo. Un niño que no es capaz 
de llevarse bien con los demás, que es tan 
tímido que llora a la simple idea de 
estar con otros, y que no le gusta hablar 
con nadie, necesita pronta ayuda. Si se 
espera hasta que entre en el colegio, 
para que la profesora "lo haga salir de 
sí mismo," sólo se agregará un problema 
a otro. 

En muchos casos, una ayuda oportu- 
na puede convertir el problema en algo 
mucho menos serio de lo que sería si se 
ignorara durante estos años de forma- 
ción. El tratamiento puede consistir en 
proveer al niño de unos zapatos correcto- 
res o de un braguero ; puede requerir de 
largas pláticas con la trabajadora social, 
con el psiquiatra u otra persona adies- 
trada en ayudar a la gente a entender 
sus sentimientos. 

Si el problema es físico, el médico 
recomendará a usted una clínica de 
diagnóstico especial o de rehabilitación 
de niños lisiados. Algunos problemas de 
conducta, al parecer incorregibles, pro- 
vienen de un trastorno físico, de modo 



Véase: El cuidado del niño lisiado, por 
Benjamín Spock y Marión O. Lerrigo. La 
Prensa Médica Mexicana, 1966 y Rehabili- 
tación del niño sordo, por B. V. Morkovin. 
La Prensa Médica Mexicana 1963. 



64 El niño de 1 a 6 años 



que lo primero que hay que hacer es 
someter al niño a un examen médico. 

Quizá el médico le recomiende que 
recurra a una trabajadora social, una 
agencia para ayuda de las familias o 
una clínica de psicología infantil, a fin 
de que atiendan los problemas de orden 
emocional. En algunos casos, un trata- 
miento oportuno puede prevenir efectos 
secundarios, aunque se desconozca el 
remedio para el trastorno inicial. Algu- 
nas cosas se encadenan, un eslabón tras 
otro. Una pronta ayuda puede impedir 
que la cadena se haga más larga, más 
pesada y más compleja. 

El impedimento es tan sólo una par- 
te. El hecho de ser inválido o simple- 
mente diferente es una situación muy 
dura para un niño; pero se hace peor 
si las personas que lo rodean hacen de 
ese problema el centro de su vida. Al- 
gunos padres sienten que ellos son los 
culpables y tratan de reparar sus faltas 
mimando al niño con exceso. 

En ocasiones, palabras tales como 
"ciego," "retardado," "padres divorcia- 
dos," o "disturbios emocionales," ad- 
quieren tal importancia que los padres 
olvidan que hay un niño detrás. OKddan 
también que un niño necesita todo lo 
que sabemos que es bueno para todos 
los niños: una buena atención física, 
incluyendo vacunas y examen dental, 
diversión y amigos, enseñanza y ejem- 
plos de conducta, instrucción general y 
educación esmerada. Hasta donde usted 
pueda, proporciónele una vida lo más 
nonnal que sea posible. 

Antiguamente, muchos niños balda- 
dos eran internados en instituciones, 
para impartirles cuidados especiales. A 
medida que la comunidad cuenta con 
más recursos, es posible que más niños 
puedan permanecer con la familia y re- 
cibir de todos modos el adiestramiento 
y la terapéutica que necesitan. 



Es muy raro que un niño baldado 
necesite o desee ocupar el centro del 
estrado. La vida entera de una familia 
no puede girar en torno a su anorma- 
lidad. De tiempo en tiempo, natural- 
mente, cualquier niño puede necesitar 
cuidados concentrados y temporalmen- 
te habrá que sacrificar a ello otras cosas. 
Sin embargo, los planes de largo alcance 
deben tomar en cuenta las necesidades 
individuales de todos los miembros de la 
familia, incluyendo por supuesto, las de 
usted misma. 

Si desde un principio y con franque- 
za, admitimos el defecto del niño ante 
la familia, y aun ante los extraños, la 
vida para nosotros y para el niño será 
más llevadera. Conviene que los demás 
niños de la familia sepan la verdad. 
Esto los libra de dudas y temores acerca 
de si ellos, o sus padres, pudieron ha- 
ber sido, en cierto modo, los culpables 
del defecto del hennano. Si ellos lo en- 
tienden, están mejor preparados para 
explicarlo a sus amigos. 

Usted querrá, sin duda, tener una 
idea clara de lo que puede esperarse del 
niño baldado; hasta donde sea posible 
determinarlo. Sobre esta base, puede 
juzgar qué tanto éxito tienen sus cui- 
dados. Si ignora el grado en que su de- 
fecto puede alterar su desarrollo, podría 
usted encontrarse luchando por obtener 
lo imposible o, al contrario, subestiman- 
do su verdadera capacidad. 

Los padres que tienen que enfrentar- 
se a muchos problemas especiales, han 
recibido consuelo, al mismo tiempo que 
ayuda práctica, al unirse entre si for- 
mando grupos que tengan problemas 
similares. En algunos países hay organi- 
zaciones nacionales, y cada vez se for- 
man nuevos grupos. Las dependencias 
oficiales de salud pública pueden pro- 
porcionar información y orientación a 
este respecto. 



Conserve saludable al niño 



Un niño saludable es activo, atento 
e interesado en todo. Tiene buen color, 
ojos vivaces y pelo brillante. De acuer- 
do con su edad, juega con vigor, ga- 
teando, corriendo, trepando y brincan- 
do. Es un compañero incansable, cuyo 
deseo de actividad jamás se agota. 

Generalmente es un poco ruidoso, 
charlando alegremente consigo mismo 
y con otros, cantando, golpeando con al- 
gún objeto. Pero cuando llega la hora de 
irse a acostar, duerme profundamente. 
No necesita que se le insista para comer. 
Sus dientes están limpios y en buenas 
condiciones. No tiene dolores ni moles- 
tias. Mes tras mes aumenta con regu- 
laridad en peso y estatura. 

Antiguamente, los padres suponían 
que un niño grande de tamaño era un 
niño sano. Consultaban las tablas de 
promedios de peso y estatura infantiles; 
si el suyo sobrepasaba el promedio, que- 
daban satisfechos; de lo contrario se 
preocupaban, esforzándose por hacerlo 
comer un poco más para que fuera 
"grande y alto." En nuestros días, se ha 
llegado a la conclusión de que comparar 
a un niño con el promedio, no es útil 
realmente, puesto que hay muchas cau- 
sas que determinan la estatura. 

Los patrones que sirven de norma 
para la estatura y el peso se expresan 
ahora en gráficas o cur\'as que indican 
las diferencias normales. Un niño de 3 
años, perfectamente sano, puede tener 
86 centímetros de talla. Otro, extraor- 
dinariamente alto para su edad, puede 
medir hasta 110 centímetros. En cuan- 
to al peso, fluctúa entre 11 y 20 kilogra- 
mos. Con la edad aumenta este margen 
de fluctuación, sin que por ello el niño 
salga fuera de lo normal. 

Aún así, estas medidas no indican 
otra cosa sino cantidad. La descripción 
anterior de un niño saludable nos da 
mejor idea de lo que es un niño en 
perfecto estado. La proporción entre la 
grasa, el hueso y el músculo y, además, 
la resistencia a las enfermedades, son 
también un buen índice para determi- 
nar la salud del niño. 



¿Qué es lo que determina 
la estatura? 

Los niños tienden a tener la misma 
estructura de cuerpo que sus antepasa- 
dos: delgados, gruesos, altos o bajos. Lo 
que se hereda, naturalmente, viene de 
dos grupos de familias, de modo que el 
resultado es algo impredecible. De ge- 
neración en generación, los niños pare- 
cen ahora ser más grandes. La dieta, el 
clima, el estado de salud y el ambiente 
general de contento o de tensión afectan 
su crecimiento, como afectaron el de sus 
padres. Puesto que algunas circunstan- 
cias desfavorables han sido suprimidas 
a través de los años, los organismos jó- 
venes cuentan con mejores medios pa- 
ra alcanzar, sin obstáculo, el máximo 
grado de crecimiento dentro de lo po- 
sible. 

Hay quien crece rápidamente y quien 
crece con lentitud. Por lo general, el 
niño tiende a conservar el mismo rit- 
mo: si cuando tiene 1 año o 2 es más 
pesado y más alto que otros niños de 
la misma edad, es probable que conserve 
esta ventaja durante toda su niñez. 

A pesar de que cada individuo tiene 
su propio ritmo de crecimiento, todos 
los niños siguen, más o menos, el mismo 
patrón. Los bebés crecen muy rápida- 
mente durante su primer año, y lo ha- 
cen más lentamente durante el segundo. 
A los 2 años, el niño es aproximada- 
mente la mitad de alto de lo que será 
cuando acabe de crecer, aunque su peso 
sea, por ahora, sólo la quinta parte de 
lo que va a pesar. Si continuara cre- 
ciendo en la misma proporción que du- 
rante el primer año, acabaría por medir 
un kilómetro de estatura. El aumento en 
talla y peso durante los tres años si- 
guientes, será menor que el del primer 
año de su vida. Los pre-escolares crecen 
generalmente cerca de 7 centímetros al 
año, y su peso aumenta de 2 a 2i/2 
kilogramos. 

Durante los primeros años, los niños 
tienden a ser más altos y pesados que 
las niñas. Pero las medidas de éstas, son 



66 El niño de 1 a 6 años 



proporcionalinente mayores en relación 
a su peso y estatura definitivos. Su es- 
tructura ósea, aunque más ligera, es 
también más madura. Al principio, una 
nenita lleva una ventaja como de un 
mes con respecto a los varones; para 
los 6 años, quizá, su desarrollo físico 
tenga un año de adelanto en relación 
a un niño de su edad, y para los 12 la 
diferencia será de 2 años. Esto hace que 
las niñas aprendan más pronto a vestir- 
se solas, a esci-ibir y a ejecutar otras 
varias cosas que dependen del control 
muscular. 



Es importante tener 
buenos dientes 

Un niño tiene dos juegos de dientes. 
Aunque sólo los dientes de leche son 
visibles durante los 5 primeros años 
de vida, los dientes permanentes se em- 
piezan a formar en el maxilar a raíz 
del nacimiento y están casi completos 
para el tiempo en que el niño alcanza 



la edad escolar. Lo que haya asimilado 
en el proceso de nutrición durante los 
cinco primeros años, habrá contribuido a 
la formación de los dientes de adulto. 
De ahí que los dentistas insistan en la 
importancia de una dieta para los ni- 
ños, adecuada en vitaminas y minerales. 

No suele haber diferencia entre her- 
manos y hermanas por lo que respecta 
al tiempo en que brotan sus dientes. La 
mayoría de los niños tienen su primer 
diente a los 8 meses de edad. Tendrán, 
de cualquier modo, de 2 a 10 dientes al 
año. con un promedio de 4 a 6. Si un 
niño de un año, no tiene un solo diente, 
vea al médico. 

Los dientes siguen saliendo, general- 
mente por pares, hasta la edad de 2^^ 
ó 3 años, época en la que todos los 20 
del primer juego están fuera y el niño 
puede tomar los alimentos de un adul- 
to. Cuando está saliendo un diente, el 
niño suele mostrarse irritable, mohíno 
y deja de comer bien por algunos días, 
pero la dentición en sí no debe conside- 
rarse como una enfermedad. Como se 




Exámenes dentales periódicos, desde los 2 ó 3 años. 



Conserve saludable al niño 67 



prolonga por tanto tiempo, es fácil cul- 
par de todos los trastornos de los niños, 
a la salida de los dientes, pero sería más 
prudente asegurarse primero de que no 
existen otras causas. 

Los primeros 4 dientes permanentes 
son los molares de los 6 años que apa- 
recen entre el quinto y el séptimo cum- 
pleaños. Vienen detrás del último diente 
de leche, de ambos lados de los maxi- 
lares, y a veces se confunden con los 
dientes primarios. Cuide bien los mola- 
res de los 6 años, pues deben durar toda 
la vida. 

Sin embargo, todos los dientes del 
niño son necesarios. Le penniten mas- 
ticar sus alimentos en buena forma co- 
mo ayuda para la digestión. La pre- 
sencia de los dientes de leche contribuye 
a la correcta fonnación del maxilar. El 
modo de morder, o la oclusión, en gran 
parte son resultado de la herencia, pero 
la pérdida prematura de los dientes 
puede alterar las facciones. De aquí que 
los dientes del bebé necesiten un examen 
en regla, hecho por un dentista que de- 
berá revisarlos de cuando en cuando, si 
aparecen caries o si accidentalmente un 
diente se astilla o rompe. Antes de los 
3 años, el niño puede comenzar a cepi- 
llarlos; necesitará que se le recuerde y 
vigile durante muchos años para que 
lo haga como una costumbre propia. 

Para asegurarse de que los niños go- 
cen por toda la vida de unos buenos 
dientes y una fuerte estructura maxilar, 
los padres deberán proporcionarles: 

Una dieta que incluya leche, legum- 
bres y frutas y en la que estén raciona- 
dos el azúcar y los dulces. Cuando el 
niño toma demasiados dulces o refrescos 
embotellados, descuida otros alimentos 
esenciales. 

Exámenes dentales periódicos, comen- 
zando a la edad de 2 ó 3 años. Si el 
niño desde pequeño conoce al dentista, 
le tomará confianza mientras lo exami- 
na o le limpia los dientes. Las caries 
serán tratadas a tiempo y con facilidad. 
Si la primera visita se pospone hasta 
más tarde, la presentación con el den- 
tista será menos placentera. 

Agua de beber que contenga bastan- 



te flúor para ayudar a prevenir las 
caries. En muchas poblaciones las auto- 
ridades de salud pública se están ocu- 
pando de añadir flúor al agua de con- 
sumo, si naturalmente no lo contiene en 
cantidad suficiente. Se ha demostrado 
que una proporción adecuada de este 
elemento en el agua que bebemos no es 
nociva y sí puede reducir en dos terceras 
partes el número de caries en los dientes 
de los ciudadanos que están creciendo. 
Si el abastecimiento de agua no contie- 
ne suficiente flúor, tal vez el dentista 
quiera aplicar una solución florinada a 
los dientes del niño, a intervalos regu- 
lares. 



Alimentos para los niños 

Los niños pequeños necesitan alimen- 
tos que los ayuden a crecer, que desa- 
rrollen su musculatura, huesos, sangre y 
dientes sanos. Necesitan alimentos que 
le ayuden a permanecer bien la mayor 
parte del tiempo y a vencer los catarros 
y otras enfeiTnedades. Los niños gastan 
gran cantidad de energía; todo el día 
corren, suben, bajan, traen y llevan sus 
juguetes. Necesitan alimentos que les 
suministren suficientes elementos cons- 
tructivos, material regulador y energía. 

El niño obtendrá las sustancias que 
le den todo esto, si come con regula- 
ridad algunos alimentos de cada uno de 
los grupos que se mencionan en la pá- 
gina 68. Todos estos alimentos se con- 
siguen en los mercados. No obstante, 
para los muchos niños que no toman 
un litro de leche al día, es generalmente 
necesario completar su dieta con algún 
preparado de vitamina D. 

La vitamina D es la vitamina de los 
rayos solares que ayuda a estructurar 
el cuerpo. No se encuentra en suficiente 
cantidad en la alimentación habitual, 
de manera que cuando los niños no to- 
man bastante sol, sea por el clima, por 
la ropa que usan o por el tiempo que 
pasan bajo techo, los médicos les pres- 
criben 400 unidades de vitamina D por 
día, durante todos los años pre-escolares. 
La vitamina D puede administrarse en 



68 El niño de 1 a 6 años 

Lista de alimentos que cubren las necesidades de los niños y de sus familias 



Tipo de alimento 



Para cada día 



Grupo lácteo 

Leche 3-4 tazas (alguna vez el niño 

Queso y helados. tomará menos). 

Requesón A veces, añadidos a la leche. 

Alimentos cremosos. 

Grupo de las verduras y frutas 

Fuente de vitamina C Una o más porciones. 

Toronja, naranja, mango, jitomate (entero o en jugo), col 
cruda, pimientos (verdes o rojos), brócoli, fresa fresca, 
guayaba, papaya. 

Fuente de Vitamina A Una o más porciones. 

Fácil de juzgar por el color verde oscuro y amarillo inten- 
so: albaricoque, brócoli, melón, zanahorias, verduras 
de hortaliza, calabazas, camote. 

Otros, incluyendo papas Una o más porciones. 

Grupo de las carnes 

Carne, pollo, pescado Una o más porciones. 

Frijol, chícharo, mantequilla de cacahuate En vez de carne. 

Huevo Uno al día. 

Grupo del pan y los cereales 

De grano entero, enriquecido o restituido Cuatro o más porciones al día. 

Harina de sémola, macarrones, espaguetis y arroz. 

Otros alimentos 

Mantequilla o margarina fortificada (contiene vitamina 

A) y otras grasas Un poco al día. 

Vitamina D en alguna forma 400 unidades al día. 

Azúcar y dulces En pequeñas cantidades. 



Sugerencias para las tres comidas principales 



Desayuno 



Comida 



Cena 



Fruta o jugo. 
Cereal con leche. 
Pan tostado. 

Mantequilla o margarina. 
Leche. 



Platillo principal (de preferencia. Carne, pollo o pescado 
carne, huevos, pescado, pollo, fri- Verdura, 
joles o chícharos, queso, mante 
quilla de cacahuate). 

Verdura o ensalada. 

Pan. 

Mantequilla o margarina. 

Dulce o fruta. 

Leche. 



Ensalada. 

Pan. 

Mantequilla o margarina. 

Fruta o dulce. 

Leche. 



forma de gotas, cápsulas, pastillas o le- 
che enriquecida. Si el niño no toma un 
litro de leche al día, es prudente darle 
vitamina D hasta completar 400 unida- 
des por día. Mayor cantidad puede ser 
peligrosa. No dé más de lo que el médi- 
co recete. 

Plan para las comidas. A las madres 
les ha gustado siempre que sus niños 



coman mucho y posiblemente se preo- 
cupen siempre que no lo hacen. Eso es 
natural. Cuando usted ve la lista de ali- 
mentos importantes, incluidos en la lista 
adjunta, probablemente se asuste de te- 
ner que darle tantas cosas. Si las reparte 
entre las comidas del día verá que no es 
difícil hacerlo. Si sabe escoger entre las 
diversas clases de carne, vegetales, frutas 



Conserve saludable al niño 69 



y cereales que existen en el mercado, po- 
drá ofrecer a su familia una alimenta- 
ción variada, económica y adecuada 
a sus gustos. Los menús que damos a 
continuación, ajustados a las necesida- 
des de un niño, pueden, con pocas mo- 
dificaciones, servir para toda la familia. 
Alimentos entre las comidas. En vis- 
ta de que el niño no puede comer mu- 
cho de una vez, se le puede dar algo 
entre las comidas una o más veces al 
día. Esto renovará sus fuerzas en el 
momento en que lo necesite, sea a mi- 
tad de la mañana, a la mitad de la tar- 
de, o poco antes de irse a la cama. A 
estas horas, déle algún alimento que 
forme parte del plan de alimentación 
total diaria y que contribuya a su nu- 
trición. El estar tomando a cada rato 
galletas, pasteles, papas fritas y cosas 
parecidas, junto con algún refresco em- 
botellado para hacerlo bajar, estropea 
el apetito para una verdadera comida 
bien equilibrada. Las golosinas de esa 
clase contribuyen a crear en la boca 
condiciones desfavorables para los dien- 
tes, que pueden dar lugar a caries. A 
continuación damos una lista de ali- 
mentos propios para tomarse entre co- 
midas : 

Cereales con leche o al natural 

Un pastelillo sencillo o galleta 

Verdura cruda 

Fruta de lata, fresca o seca 

Tostadas de pan, con o sin canela 

Queso 

Nieve o helado de fruta 

Jugo de fruta 

Leche 

Jugo de fruta combinado con leche. 

Si un niño es de poco apetito, ofréz- 
cale fruta fresca o jugo de fruta, leche 
descremada en vez de leche entera o 
leche en vez de helado de crema. Los 
alimentos con poca grasa se digieren 
más pronto, y el niño podrá comer nor- 
malmente cuando sea hora de la pró- 
xima comida. 

Otros aspectos del plan alimenticio. 
Hay también otras cosas que conside- 
rar junto con el valor de los alimentos. 



Los niños prefieren los alimentos que 
son fáciles de manejar. Mientras están 
aprendiendo a comer solos, se cansan 
pronto y se vuelven más torpes si los 
alimentos son difíciles de manipular, 
aun cuando tengan las mejores inten- 
ciones. Fácilmente se dan por vencidos. 
Será preferible que las sopas se las ofrez- 
can en taza para poderlas beber. Mu- 
chos alimentos se pueden tomar con los 
dedos. Aun los adultos, disfrutan de pi- 
cotear pequeños pedazos de alimento o 
de roer una pata de pollo. A los niños 
se les puede dar carne, verdura y fruta 
que fácilmente puedan tomar con la 
mano. 

La variedad en consistencia de los 
alimentos es atractiva para los niños. 
Los alimentos pueden ser suaves, chi- 
closos, quebradizos, y debe haber de 
distintas clases en una misma comida. 
El puré de papas, la carne molida y las 
verduras machucadas, tienen contextura 
semejante. Si se cambia la verdura dis- 
puesta en esa forma por unos chícharos, 
se hará un platillo más interesante. A 
los niños les gustan más las carnes y 
verduras suaves y jugosas que las secas, 
duras y medio chiclosas. El rollo de hí- 
gado, por ejemplo, goza de más adeptos 
que el hígado asado. 

El color también les llama la aten- 
ción a los pequeños comensales. Les 
encantan las brillantes gelatinas, las le- 
gumbres de varios colores, o bien un 
poco de perejil o de lechuga en su 
plato. 

Las temperatviras extremas desagra- 
dan a la mayoría de los niños, quienes 
como el osito del cuento, los quieren "a 
la temperatura justa." La leche y otras 
bebidas les gustan más a la temperatura 
ambiente que si están heladas. No es 
común que objeten si les dan las cosas 
tibias. 

Los vegetales que tienen un sabor 
muy penetrante no son muy populares 
entre los niños. Aceptan mejor la col 
y el brócoli cuando se les sirven crudos 
o con salsa de sabor suave. 

A la mayoría de los niños no les gus- 
tan las mezclas de alimentos. Descon- 
fían del sabor que tendrá el próximo bo- 



70 El niño de 1 a 6 años 



cado. Para niños muy delicados son 
convenientes los platos que tienen divi- 
siones. 

Por tradición, mucha gente es muy 
aficionada a los postres. No es de ex- 
trañar que los niños piensen en ellos 
como una recompensa, desde el mo- 
mento que los adultos los consideran de 
igual modo. Si se pueden disponer las 
comidas a modo que el postre sea una 
parte integral y nutritiva de las mismas^ 
como rebanadas de naranja o tarta de 
fruta, no importa el orden del menú. 
Sin embargo, generalmente los postres 
se toman al final de las comidas; de 
modo que no es pedirle mucho a un 
niño que siga esta añeja costumbre 
también. 

La propiedad y comodidad con que 
se sirvan las comidas añaden algo inás 
al deleite de las mismas. Los piecitos 
del niño deben estar apoyados sobre el 
suelo o sobre algún soporte. La silla 
debe estar a la altura conveniente en 
relación a la superficie en donde des- 
cansan los platos. Si las tazas y los va- 
sos no son demasiado altos tendrán más 
estabilidad, y si se derraman, el daño 
es menor. Hay platos y tazas de plástico 
muy atractivos y que evitan sobresaltos 
a la madre y al niño. Tratándose de un 
principiante, es una buena precaución 
proteger el piso y las paredes por me- 
dio de unos trozos de linóleo o papel 
de periódico. 

Si el niño está muy cansado para co- 
mer, le servirá de acicate la ayuda de 
un niño mayor o de un adulto. Es una 
buena idea que el niño descanse un rato 
antes de comer. Aconséjele que se re- 
cueste, que juegue calmadamente o que 
hojee un libro de estampas. Recibirá 
con beneplácito la llamada para la co- 
mida, cuando ya esté a punto de abu- 
rrirse de descansar. 

Durante las comidas se le puede per- 
mitir al niño que se levante un poco 
para estirar las piernas. Puede llevar su 
plato vacío a la cocina y volver para 
comer su fruta o su postre. No hay que 
fomentar el juego durante las comidas, 
pero una madre comprensiva puede 
encontrar la manera de que el niño se 



pueda mover un poco. Una vez que 
termine de comer, déle permiso de le- 
vantarse de la mesa, pues las charlas 
de sobremesa de los mayores son un 
suplicio para los niños. 

La cantidad puede variar. Sii'va us- 
ted a su niño porciones razonables. To- 
me como base lo que usted sabe que 
puede comer y no las cantidades que de- 
searía que comiera. Si le da de comer 
en la boca, no llene mucho la cuchara. 
Una cucharadita basta como prueba. 
Si le agrada podrá darle más; lo que 
no acepte ahora, quizá lo tome la pró- 
xima vez que se le ofrezca. Si se le sirven 
cantidades razonables, es más fácil que 
se las acabe. Muy a menudo los niños 
dejan el plato limpio, pero distraídos 
por otras cosas no quieren que se les 
sirva de nuevo, como usted intentaba 
hacerlo. 

Al igual que todos nosotros, los niños 
varían de tiempo en tiempo en la can- 
tidad que quieren tomar y en los ali- 
mentos que prefieren de momento. A 
veces parecen encantados con cierto pla- 
tillo; lo piden una y otra vez, y de pron- 
to lo rehusan por completo. La madre 
se enfada, y con razón, cuando su niño 
no quiere tomar lo que ella preparó 
especialmente para él, pensando que le 
gustaría. Si sabe que sus preferencias 
son inconstantes, verá con más calma 
sus caprichos. 

A veces le da a un niño por comer 
una misma cosa. Si quiere en una mis- 
ma comida tres huevos, es mejor no 
rehusárselos. Ya le pasará esta fantasía 
y volverá a sus comidas normales. Lo 
que hay que tomar en cuenta es el pa- 
trón general de su alimentación a través 
de las semanas y los meses. 

Alimentos inadecuados. En términos 
generales los alimentos que son buenos 
para los adultos, lo son también para 
los niños. Pero si a la familia le gustan 
los platillos muy condimentados y de- 
masiadas cosas con azúcar, habrá que 
hacer comida especial para el niño. Aun 
cuando la dieta de la familia sea ade- 
cuada, el niño no tardará en descubrir 
los refrescos embotellados, los dulces y 
otras golosinas que realmente tienen muy 



Conserve saludable al niño 71 



poco valor nutritivo. Está usted en su 
derecho de prohibir al niño todas aque- 
llas cosas que usted piensa que le son 
nocivas. Algunas madres se resisten a 
hacerlo, por temor a parecer exigentes 
o anticuadas, o porque equivocadamen- 
te piensan que están privando de algo 
a su hijo. El niño no está en condicio- 
nes de saber lo que es bueno para él, a 
menos que usted le enseñe a seleccionar. 
Se guía sólo por el gusto. En realidad, 
los niños perciben el cariño de sus pa- 
dres tanto por lo que les dan, como por 
lo que les niegan. Un niño puede decir 
con orgullo: "Mi mamá no me permite 
comer de eso." 

Hay algunos alimentos que son peli- 
grosos. A los niños menores de dos años 
no se les deben dar nueces de ninguna 
clase, pues existe el peligro de que se 
ahoguen con ellas; fácilmente se le pue- 
den ir pequeños fragmentos a los pul- 
mones. Igual riesgo se corre con las "pa- 
lomitas" de maíz. 

El apetito varía. Admitido que el 
apetito de los niños varía de un día para 
otro y es distinto en cada niño, usted 
puede seguir pensando que su niño es 
un problema por lo poco que come o lo 
difícil que es para comer. Antes de em- 
pezar a rogarle, mimarlo, forzarlo o 
castigarlo para que coma, deténgase un 
momento a considerar toda la situación. 

En primer lugar, si lo que le preocu- 
pa, en parte, es la salud del niño, con- 
sulte al médico. Es posible que el facul- 
tativo le haga ver que en realidad el 
niño come lo suficiente, que es menos 
de lo que usted pretende darle. Esto 
sucede muchas veces cuando el niño 
llega al año y medio, edad en la que su 
crecimiento disminuye y en la que, por 
lo tanto, necesita menos alimento que 
antes. El médico verá si hay un motivo 
para preocuparse. El es quien debe pres- 
cribir alguna medicina especial o algu- 
na preparación farmacéutica. 

En segundo lugar, debe admitir que, 
en parte, se siente lastimada porque el 
niño rechaza los alimentos que usted le 
prepara. La irrita un poco su rebeldía. 
No es fácil dominar estos sentimientos, 
pero vale más conocerlos. Le será más 



fácil manejar al niño si es capaz de re- 
conocer que su preocupación sólo en 
parte proviene del temor por su salud. 

Es casi imposible guardar una actitud 
objetiva y serena cuando se trata de 
lo que comen o no comen sus seres 
queridos. Un niño se da cuenta inme- 
diatamente de que lo que consume es 
extremadamente importante para su 
madre. Entonces, hay épocas, alrededor 
de los 2 años, y de nuevo a los 4 más 
o menos, en las que el niño quiere sen- 
tirse independiente. Esta tendencia se 
manifiesta en lo que come, cómo lo 
come y dónde lo come, así como en no 
hacer caso cuando usted lo llama o en 
no querer acostarse a su hora. En vista 
de que esta es la etapa normal de "pro- 
bar sus alas," llévele la corriente dentro 
de lo razonable y evite que la hora de 
las comidas se convierta en una inter- 
minable batalla. 

¿Qué significa "dentro de lo razo- 
nable"? Las familias varían mucho en 
lo que respecta a rigidez en las normas 
de la mesa. Todas coinciden, sin em- 
bargo, en que a ningún miembro de la 
familia se le debe permitir que moleste 
a los demás. Tal vez un niño muy rebel- 
de será mejor que coma solo y antes 
que todos. Su madre podrá vigilarlo, 
y así ya no tendrá tanto público para 
hacer gala de malcriadez y mal com- 
portamiento. En los jardines de niños y 
en las guarderías, se ha podido compro- 
bar que los niños comen mejor cuando 
no se está continuamente sobre ellos. 
Los más renuentes para comer, acaban 
comiendo si están en vm ambiente en 
donde todo el mundo come. 

Los niños que comen por sí solos, 
aun cuando inicialmente lo hayan hecho 
con torpeza, es frecuente que desarro- 
llen el gusto por comer, que pierden, en 
cambio, aquellos a quienes se les da de 
comer en la boca por mucho tiempo. 
Un niño puede rehusar la comida si se 
siente abandonado o solitario, o desea 
desquitarse de algo. Está encantado de 
tener esta manera de atraer la atención : 
su madre le ruega; el padre se enoja y 
la tía le toca los discos favoritos. El 
extremo opuesto es el niño que come 



72 El niño de 1 a 6 años 

todo el tiempo. El también está, qui- 
zás, sustituyendo con comida el amor 
que le falta. Es preferible demostrar 
interés por él a lo largo del día, que 
sólo ocuparse de lo que come. 

El niño que tiene poco apetito come- 
rá mejor si se le permite que se sirva 
solo y que escancie su propia leche de 
la jarra o de una pequeña tetera. Si el 
vaso es demasiado grande, no tendrá 
tantas oportunidades de servirse y tal 
vez se desconcierte por el tamaño. 

La celebración de un cumpleaños 
resulta mejor a la hora de alguna de las 
comidas; de otro modo, los alimentos 
que se sirvan, quitarán el apetito para 
la comida siguiente. Si, en cambio, com- 
parte su almuerzo o su merienda con 
dos o tres niños, la ocasión será espera- 
da con ilusión y después recordada con 
agrado por mucho tiempo. 

Los platillos de la fiesta no necesitan 
ser muy elaborados; a los niños les gus- 
ta lo que ya conocen y es fácil y agra- 
dable de comer. 



Usted y el médico de su hijo 

En la actualidad, los padres prefie- 
ren ir a ver al médico para que los 
oriente sobre cómo mantener al niño 
en buena salud, que llamarlo cuando su 
hijo enferma. Escogen un médico antes, 
o poco después, de que nace su niño. A 
través de consultas periódicas, el facul- 
tativo va siguiendo los progresos del ni- 
ño; puede aconsejar a los padres acerca 
de los cuidados que necesita, y se ocu- 
pa de protegerlo contra ciertas enferme- 
dades mediante vacunas. Cuando usted 
lleva a su niño regulannente con el mé- 
dico, puede estar segura de que cual- 
quier defecto o anormalidad será vista 
a tiempo, y será posible poner oportuno 
remedio antes de que el daño cunda o 
se afirme. Estos años pre-escolares son 
los mejores para descubrir problemas 
relacionados con el oído, la vista, el ha- 
bla o los pies. 

El médico puede ser un pediatra, o 
sea un especialista en niños, o bien el 
médico de la familia (médico general). 



Puede usted, también, llevar al niño a 
alguna clínica infantil para que reciba 
atención médica, mientras llega el mo- 
mento de inscribirlo en la escuela ele- 
mental. 

Es posible, que el médico quiera ver 
al niño durante el año, unos dos veces 
por lo menos, y así hasta que cumpla 
los 6 años de edad. Esto, además de las 
visitas dedicadas a inmunizarlo. 

Los niños de 1 a 6 años sienten des- 
confianza de los exámenes médicos. 
Cuando tienen aproximadamente 1 año 
suelen ver con mucho recelo a cualquier 
extraño y se oponen a que les exami- 
nen los oídos, los ojos o la boca. Esa 
resistencia irá desapareciendo hacia los 
2% ó 3 años, especialmente si el niño 
sabe que su madre va a permanecer 
junto a él. A los 4 y 5 años, los encon- 
tramos de nuevo renuentes a las inyec- 
ciones, a pesar de tener más edad. 

Los padres ayudan mejor a sus niños 
cuando son serenos y firmes respecto a 
lo que dice o hace el médico. Paia cuan- 
do el niño tiene cerca de los 3 años, ya 
por lo menos sabe con tiempo lo que el 
médico va a hacer. A pesar de todo, qui- 
zá se derramen algunas lágrimas. Nunca 
se burle usted de estos temores, ni le 
diga que parece "mujercita." 



Prevención de las enfermedades 

Si cuida bien a su niño todos los días 
y a todas horas, habrá recorrido buena 
parte del camino que lleva a la preven- 
ción de las enfermedades. Esto no de- 
pende de medidas drásticas tomadas de 
vez en cuando. Mientras le esté usted 
dando una casa limpia y alegre, ali- 
mentos de alto valor nutritivo, mucho 
descanso y sueño, juegos al aire libre y 
ropa apropiada, está trabajando por su 
salud. Un paso más es llevarlo perió- 
dicamente a ver al médico y proporcio- 
narle inmunización contra las enferme- 
dades. 

Todos los niños deberán ser inmuni- 
zados contra cinco enfermedades, que 
antes eran causa de muchas defuncio- 
nes: la difteria, la tos ferina, el tétanos. 



Conserve saludable al niño 73 




Todos los niños deberán ser inmunizados. 



la poliomielitis o parálisis infantil, y la 
viruela negra. 

Afortunadamente, en nuestros días, 
dos o tres vacunas bastan para estar 
protegido contra estos padecimientos. La 
llamada "triple vacuna" inmuniza con- 
tra la difteria, la tos ferina y el tétanos. 
Algunas veces incluye la vacuna con- 
tra la poliomielitis, aunque hay médicos 
que prefieren aplicar ésta por separado. 
Además, el niño debe ser vacunado con- 
tra la viruela negra. Probablemente 
ya todo esto fue debidamente atendido, 
puesto que se recomienda hacerlo antes 
de que el niño cumpla un año, pero 
debe repetirse periódicamente.* 

Lleve registro de la vacuna y de la 
fecha en que se le administró. Ese dato 
le será útil si acaso cambia de médico, 
si se muda de localidad, y cuando el 
niño entra en el colegio o va a un cam- 
pamento de vacaciones. El médico po- 
drá darle una tarjeta para anotar esta 
información, o quizá quiera usted ha- 
cerlo al final de este libro, en la página 



* Véase: Ramos Alvarez y Olarte: Vacu- 
naciones en pediatría, La Prensa Médica 
Mexicana, 1965. 



destinada a ese objeto. Guarde este re- 
gistro junto con otros papeles impor- 
tantes, como el acta de nacimiento del 
bebé, etc. 

La reacción que provoca la triple va- 
cuna, y la vacuna contra la poliomieli- 
tis, juntas, suele ser ligera; podrá haber 
escasa fiebre, alguna inquietud, infla- 
mación alrededor del punto donde se 
inyectó. Realmente esto no es nada en 
comparación con lo que podría ser la 
enfermedad. Las inyecciones no provo- 
can ni tos ni catarro; estos son resultado 
de una infección y nada tienen que ver 
con la vacuna. 

Cuando el niño recibe la vacuna con- 
tra la viruela, la reacción puede venir 
una semana después, más o menos, con- 
forme empieza a "prender." Deje al 
descubierto la ampolla que se forma, 
con excepción de la ropa usual del ni- 
ño, a menos que sea necesaria una pe- 
queña curación con gasa para impedir 
que el niño se rasque. Interrumpa los 
baños de tina o en regadera, desde que 
aparezca el ámpula hasta que la costra 
se caiga. Será suficiente con darle ba- 
ños de esponja. 

Después de aplicadas estas vacunas, 



74 El niño de 1 a 6 años 



necesita pasar algún tiempo para que 
se produzca su efecto inmunizante, de 
manera que no son una protección efec- 
tiva si se aplican después que el niño 
ha estado expuesto al contagio de una 
de estas enfermedades. En este caso, 
pregunte usted al médico o al departa- 
mento de salubridad de su localidad, 
qué medidas debe tomar. 



Medidas preventivas adicionales 

Existen algunos otros procedimientos, 
además de las vacunas, para proteger 
la salud de su niño bajo determinadas 
circunstancias. 

Pruebas para la tuberculosis. La tu- 
berculosis se transmite de una persona 
a otra, y los niños pequeños tienen aun 
menos resistencia a la enfermedad que 
los niños mayores o las personas adul- 
tas. Cuando se descubre la enfermedad 
en sus primeras etapas, es más fácil de 
tratarse. Muchos médicos son partida- 
rios de incluir una prueba para la tu- 
berculosis como parte del examen físico 
usual, y esto hasta la edad de los 18 
años. Si tiene usted la sospecha de 
que su niño ha estado en contacto con 
un tuberculoso, haga que lo examinen 
de inmediato. 

La prueba se lleva a cabo inyectan- 
do una pequeña cantidad de líquido en 
la piel del brazo. Cuando se engruesa la 
piel en este lugar, dos o tres días des- 
pués, es señal que, el niño ha tenido, 
alguna vez, bacilos tuberculosos en el 
cuerpo. Un estudio posterior determi- 
nará si hay enfermedad, esto es, si los 
bacilos están activos, o no. 

La frecuencia de la tuberculosis ha 
disminuido mucho últimamente, pero 
de ningún modo está erradicada. Exija 
a una nueva sirvienta o enfermera, o a 
cualquier persona que esté en continua 
intimidad con su niño, que le enseñe un 
certificado de salud de fecha reciente. 
Tenga usted siempre alejado al niño de 
cualquier persona que sufra una tos per- 
tinaz y de origen desconocido, o que se 
sepa que tiene tuberculosis. La leche 
cruda o los alimentos hechos a base de 



leche cruda, pueden también contener 
gérmenes de tuberculosis. 

En los niños, la enfermedad no siem- 
pre se localiza en los pulmones; a veces 
ataca la piel, las glándulas o ganglios 
linfáticos, las articulaciones de los hue- 
sos, y las membranas que cubren ciertas 
partes del organismo. Algunos de los 
síntomas comunes a todos los tipos de 
tuberculosis son: pérdida de peso, im- 
posibilidad de reponerlo, fiebre inex- 
plicable, crecimiento de los ganglios 
linfáticos del cuello, palidez y fatiga cró- 
nica. Al contrario que en los adultos, en 
los niños rara vez aparece tos. 

El sarampión puede modificarse o 
prevenirse. El sarampión a menudo se 
juzga a la ligera como una enfermedad 
de la niñez, casi inevitable, y no se le da 
la atención que requiere. El sarampión 
y sus complicaciones pueden ser muy 
graves para un niño pequeño de modo 
que la mayoría de los médicos prefieren 
que lo evite hasta que sea un poco ma- 
yor y más fuerte. Si usted sabe que el 
niño ha estado expuesto al contagio, 
consulte con el médico, quien tal vez le 
aconseje vacunarlo y así prevenir la en- 
fermedad o hacer que el sarampión sea 
muy leve. 

La vacuna sólo tiene efecto temporal, 
de manera que si el niño se libra de la 
enfermedad en esa ocasión, habrá que 
vacunarlo nuevamente cuando vuelva 
a estar expuesto al contagio. Si de todos 
modos contrae una infección leve, su 
inmunidad será tan completa como si 
hubiera tenido un sarampión no mo- 
dificado. 

Fiebre tifoidea. La vacunación con- 
tra esta enfermedad no se acostumbra 
en lugares donde el padecimiento no es 
frecuente; será necesaria si se conoce al- 
gún foco de infección en la localidad, 
si se piensa en viajar a un sitio en donde 
prevalezca la enfermedad, o en otro caso 
semejante. Las dosis preventivas se dan 
en series de 3 o más inyecciones, una 
cada 4 semanas. 

Mordeduras de animales. Siempre 
que un niño sea mordido por un animal 
(gato, perro, ardilla, murciélago u otro) , 
aun cuando sea el animalito consentido 



Conserve saludable al niño 75 



de la familia, inmediatamente debe exa- 
minarlo un médico. Aunque la mordida 
en sí no sea un motivo de preocupación, 
la saliva del animal puede contener gér- 
menes nocivos, incluso los de la rabia 
(hidrofobia). Frecuentemente se hace 
necesaria una dosis de refuerzo de vacu- 
na antitetánica, aun cuando no haya 
necesidad de aplicar el tratamiento pre- 
ventivo contra la rabia. Si no puede lo- 
calizar a un médico, diríjase al depar- 
tamento de salubridad o al hospital más 
cercano. 

Es importante capturar al animal, de 
preferencia vivo, para que esté en obser- 
vación durante 10 días. La rabia se de- 
sarrolla en ese lapso si el animal está 
contaminado. 

Todos los padres deben asegurarse 
de que el perro o gato de la casa esté 
vacunado contra la rabia. Enseñe a su 
niño a no acercarse a ningún animal, 
doméstico o salvaje, cuyo comporta- 
miento sea raro. 

Se pueden evitar muchas mordedu- 
ras de perro, muchos araños de gato, 
con su secuela de temores y dolores. Un 
niño pequeño suele tratar a los anima- 
les de la casa como si fueran juguetes, 
sin miramientos por lo que sienten ni te- 
mor a sus respuestas instintivas. Enseñe 
a los niños a tratar bien a los animales, 
sin maltratarlos ni molestarlos. Procure 
no juntar un perrito o gatito menores 
de un año con un muchachito de menos 
de 3. 

Radiaciones. Deje que el médico o 
el dentista use el aparato de rayos X 
en su niño siempre que lo crea conve- 
niente, pero no lo urja a que lo haga 
si lo cree innecesario. 

No permita que en la zapatería em- 
pleen los rayos X para ver si los zapatos 
le quedan bien al niño. En muchas par- 
tes, el uso de tales aparatos ya está ter- 
minantemente prohibido. 

Se ha hablado mucho acerca del daño 
que pueden ocasionar las radiaciones 
atómicas, pero en realidad lo más peli- 
groso es el abuso de los rayos X en la 
práctica médica y odontológica; si no 
se aplican con prudencia pueden hacer 
más daño que bien. 



Seguridad dentro de casa 

Cada año mueren más niños por ac- 
cidentes que por ninguna otra causa. 
Los accidentes dejan mayor número de 
niños lisiados que las mismas enferme- 
dades. Y sin embargo, la mayoría de 
estos accidentes pudieron haberse evi- 
tado. Revdse su casa de tiempo en tiem- 
po para cerciorarse de que no ofrece 
peligros para su niño. 

Fue relativamente fácil tener al bebé 
bien cuidado; pero desde que empieza 
a caminar, deben tenerse nuevas pre- 
cauciones. A esa edad, el niño no en- 
tiende de seguridad, o de riesgos. Como 
es muy curioso, es preciso que todos los 
rincones y hendiduras estén libres de 
sorpresas. Como le gusta probar todo y 
palpar todo, no deje venenos a su al- 
cance. Como es un gran imitador, hará 
todas las cosas que ve que usted hace. 
Enséñelo entonces a hacer las cosas de 
manera que no entrañen ningún peligro 
para él. 

Conforme crecen los niños, su campo 
de acción se extiende dentro y fuera de 
la casa. Su panorama se amplía, pero 
si usted le ha estado enseñando con 
cuidado cómo hacer las cosas correcta- 
mente, para cuando tenga unos 4 años 
ya podrá tener fe en su buen juicio. Sin 
embargo, no lo ponga en grandes ten- 
taciones al dejar objetos peligrosos al 
alcance de sus manitas curiosas. Jamás 
deje a un niño solo en casa. 

Explíquele por qué piensa que tal co- 
sa es peligrosa. En vez de prohibirle 
algo, demuéstrele cómo puede llevarlo 
a cabo con prudencia y seguridad; por 
ejemplo, cruzar una calle, tomar un se- 
rrucho, trepar a un árbol. Déle oportu- 
nidad de practicar con usted cerca, sea 
para cogerlo cuando caiga o para alen- 
tarlo. Usted desea estimularlo para que 
se desenvuelva en el mundo, y alaba su 
ánimo y su valor. Aunque quiere que 
esté vivo para contar la historia, quiere 
también que tenga algunas historias que 
contar. 

Damos, a continuación, una lista de 
las precauciones que se deben tomar pa- 
ra proteger al niño: 



76 El niño de 1 a 6 años 



Automóviles 

No espere que un niño de menos de 3 
años deje de salirse a la calle si tiene 
la oportunidad. Cierre las puertas o 
permanezca con él todo el tiempo. 
Antes de mover en reversa su coche, 
esté plenamente seguro de que no hay 
niños detrás. 
Maneje con toda precaución. Obedezca 

todas las señales de tránsito. 
Muestre al niño la manera correcta de 

atravesar las calles. 
No pase jamás sobre una caja de cartón 
o un montón de hojas apiladas. Los 
niños son muy amantes de esconderse 
debajo. 
Instale cinturones de seguridad en su 
coche, lo mismo para los pasajeros 
que para el que maneja. 
Enseñe a su niño la manera de com- 
portarse dentro del coche. Nunca le 
permita estar de pie dentro del coche 
en movimiento, ni sacar la cabeza o 
los brazos por la ventanilla. Provea su 
coche con cerraduras de seguridad 
para las puertas traseras. Si los niños 
empiezan a portarse mal mientras us- 
ted va manejando, deténgase en lugar 



apropiado y no reanude la marcha 
hasta tenerlos a todos tranquilos. 



Fuego y quemaduras 

Tenga a mano un extinguidor contra 
mcendios. Hágalo revisar cada año. 

No deje al descuido los encendedores de 
cigarrillos. 

Ponga una reja a su chimenea. Jamás 
deje a un niño solo donde haya fuego 
o un calentador encendido. 

Renueve los cordones eléctricos y cual- 
quier aparato eléctrico que estén dete- 
riorados. 

Ponga la olla con agua hirviendo o el 
vaporizador fuera del alcance del ni- 



Venenos 

Al administrar medicinas siga exacta- 
mente las instrucciones del médico. 
Mida la dosis cuidadosamente. Nun- 
ca se refiera a la medicina como 
"dulces." 




Nuevas precauciones cuando empieza a caminar. 



Conserve saludable al niño 77 



Tire al desagüe del excusado todas las 
medicinas viejas. 

Guarde las medicinas y los materiales 
de limpieza en una repisa alta o en 
un armario cerrado con llave. Pón- 
galos en su lugar inmediatamente des- 
pués de usarlos. No deje dulces ni 
comestibles junto a cosas peligrosas. 

Enseñe al niño a nunca probar las cosas 
que encuentra, tales como bayas, raí- 
ces, frutas u hongos, pildoras o table- 
tas, sobrantes de líquidos en botellas. 

No almacene materiales para limpieza, 
pintura con tíner, lociones para on- 
dular el cabello, solución de ácido 
bórico u otros venenos, dentro de 
frascos para comida o bebida. 

Lea, en las etiquetas de los envases de 
sustancias químicas, las instrucciones 
y precauciones que hay que tomar. 
Haga esto cada vez que va a hacer 
uso de ellas. 

En los muebles, juguetes, y paredes que 
están dentro de su casa, use pintura 
que no contenga más del 1 por ciento 
de plomo. Busque la etiqueta que 
diga: "Conforme al estándar ame- 
ricano Z66.1-1955 para uso sobre su- 
perficies que puedan ser puestas en 
contacto con los niños," o bien, un 
envase con la advertencia: "Para usos 
dentro de la casa." 



Asfixia y ahogo 

Jamás dé a un niño una bolsa de plás- 
tico de esas que sirven para proteger 
la ropa que viene de la tintorería, 
ni la use para cubrir un colchón ni 
una almohada. Destruyalas o guár- 
delas en lugar seguro, puesto que se 
pegan a la nariz y pueden ser causa 
de la asfixia. 

Quite las abrazaderas de los arcones o 
refrigeradores fuera de uso. A los 
niños les gusta esconderse dentro y 
corren el peligro de asfixiarse. 

Asegúrese de que las conexiones del 



gas no tienen escapes; deben ser de 
metal rígido en vez de material de 
hule que puede agrietarse. 

En climas fríos, mientras la estufa es- 
té encendida, deje alguna ventana 
abierta un poco de abajo y otro poco 
de arriba, para que haya ventilación. 

Al usar líquidos para desmanchar, abra 
alguna ventana y manténgase alejado 
de cualquier llama. 

Quíteles al pescado y al pollo todos los 
huesos, antes de servirlos a un niño 
menor de 3 años. 

Infle los globos antes de dárselos a los 
niños para que jueguen. Un niño pe- 
queño que no sepa inflar un globo, 
puede tragarlo y ahogarse. 



Peligros de la lavadora 

Asegúrese de que su máquina lavadora 
tiene un exprimidor con seguro. 

Desagüe la lavadora cuando no esté en 
uso. 

Retire el cordón del alcance de los ni- 
ños. 

No deje nunca funcionando el expri- 
midor si usted se aleja de la máquina. 



Agua 

No quite los ojos del niño, cuando se 
encuentren en la playa, cerca de un 
tanque o un lago. 

Siempre espere que el niño se interese 
en el agua que puede encontrar cerca 
de la casa: el tanque de natación, el 
aljibe, la fuente, la zanja, el tanque 
de agua de reserva o lo que sea. De- 
be tenerse la certidumbre de que to- 
das estas zonas están aisladas por 
medio de rejas o vigiladas. 

No deje a un niño de menos de 2 años 
en la tina del baño ni por un ins- 
tante. Vacíe los tanques de reserva 
después de un día de uso. Hasta una 
profundidad de 5 a 10 centímetros 
de agua resulta peligrosa. 



Cuando un niño enferma 



A pesar de los buenos cuidados dia- 
rios que usted prodiga al niño, no es- 
capará de enfermarse. Muchas de sus 
enfennedades serán benignas, pero al- 
gunas serán peligrosas. Todas exigirán 
de usted paciencia, ingenio, desvelos y 
habilidad como enfermera. 

Tome precauciones al menor indicio 
de que el niño no está bien, teniendo 
presente que es imposible saber desde 
un principio cuál será el curso de la 
enfermedad. Si a la mañana siguiente, 
el niño está ya bueno y sano, tanto me- 
jor; no tendrá el remordimiento de ha- 
ber expuesto a los demás a la enferme- 
dad, o de no haberlo atendido a él a 
tiempo. 

Estos son algunos de los síntomas que 
nos indican que el niño no está bien : 

Cara enrojecida y piel seca y caliente, 
o inusitada palidez y frialdad. 

Sudor copioso e inesperado. 

Adormilamiento, especialmente a ho- 
ras en que el niño suele estar bien 
despierto. 

Ojos llorosos o vidriosos. 

Secreción nasal, estornudos y tos. 

Garsfanta inflamada, voz ronca, gan- 
glios inflamados. 

Náusea, vómitos y diarrea. 

Cuello o espalda envarados. 

Dolor de oído, de cabeza, de pecho, 
de estómago, de abdomen, de ar- 
ticulaciones. 

Salpullido, hinchazones, grietas en la 
piel. 

Ataques, convulsiones o "ausencias" 
en los cuales el niño se pone tenso 
y se retuerce. 

Cualquiera de estos síntomas puede 
significar una enfermedad ligera o gra- 
ve; sólo el tiempo podrá decirlo. Mien- 
tras tanto, tenga al niño en reposo, y 
en cama si tiene fiebre. Aléjelo de los 
demás niños, pues muchas enfermeda- 
des son especialmente contagiosas en 
sus primeras etapas. Vigile estrecha- 
mente. No querrá comer tanto como de 
costumbre, pero esto no es para alar- 
marse. Ofrézcale líquidos con frecuen- 
cia: agua, jugos de fruta, leche o caldo. 



Si su niño tiene vómito o diarrea, 
interrumpa toda clase de alimentos, pe- 
ro déle de vez en cuando pequeñas 
cantidades de agua. Si vuelve a vomitar 
no le dé ni siquiera agua. Después de 
dos horas, ofrézcale pequeños sorbos de 
agua, de algún refresco, de un té ligero 
endulzado o pedacitos de hielo para que 
se deshagan en la boca. Si su estómago 
lo consiente, repita la dosis cada hora 
o más seguido. Una botella termo cerca 
de la cama, le evitará dar muchos pa- 
sos innecesarios. 

Tan pronto como usted se dé cuenta 
de la naturaleza de la enfemiedad, con- 
sulte con el médico para recibir sus 
instrucciones. El doctor le preguntará 
si el niño ha tenido fiebre o ha presen- 
tado cualquier otro síntoma. No le ad- 
ministre ninguna medicina antes de que 
se lo ordene el médico, ni repita alguna 
que le dio resultado alguna otra oca- 
sión. 

En nuestros días, los niños gravemen- 
te enfermos suelen ser atendidos en su 
casa en lugar de ir al hospital. Los mé- 
dicos se han dado cuenta de que el in- 
ternamiento en un hospital produce en 
los niños efectos psicológicos desfavora- 
bles, y toman esto en consideración, al 
igual que la enfermedad, para decidir 
dónde deben ser cuidados. Además, las 
nuevas medicinas han cambiado el curso 
de muchas enfemiedades. Sin embargo, 
no todas se alivian con antibióticos o 
drogas, de manera que no insista usted 
en que el médico prescriba medicamen- 
tos que no estén indicados en el trata- 
miento de esa enfermedad. 

En caso de necesitar ayuda para 
atender al enfermito en casa, llame al 
departamento de salud pública. Una 
enfermera visitadora puede ayudarle a 
llevar a efecto lo prescrito por el fa- 
cultativo. Si toma usted un curso de 
medicina casera, como los que suele 
impartir la Cruz Roja, le servirá de 
mucho.* 



* Véase también: Peabody, M. M. : Apren- 
da a cuidar a su enfermo. La Prensa Médica 
Mexicana, 1946. 



Cuando un niño enferma 79 



Arreglo del cuarto del enfermo 

Si puede escoger, ponga al enfermo 
en un cuarto contiguo al baño. Retire 
los muebles adicionales. Al niño le gus- 
tará estar junto a una ventana para ver 
hacia afuera, pero su cama no debe 
quedar en medio de una corriente de 
aire, en caso de abrirse la ventana. A 
muchos niños les divierte tener una 
campanita para poder llamar cuando 
necesitan alguna cosa o simplemente 
compañía. 

Una mesita al lado de la cama le 
ahorrará a usted muchos pasos. Se pue- 
den fijar unas bolsas de papel de en- 
voltura a un lado de la cama, para 
guardar, al alcance del paciente, jugue- 
tes, pañuelos desechables y algunas otras 
cosas que pueda necesitar. 



Cómo divertir a un convaleciente 



A los niños más grandes les divierten 
los juegos de armar y los rompecabezas 
(fabrique el suyo pegando una estampa 
sobre un cartón y recórtelo) . Las revis- 
tas ilustradas y los catálogos son una 
muy grande fuente de interés. Las tar- 
jetas de felicitación se pueden recortar 
e ir pegando en un álbum hecho de 
hojas de papel o cartulinas de colores 
cosidas en forma de cuaderno. 

Tal vez piense usted que las pintu- 
ras de agua o la plastilina no son pro- 
pias para manejarse en la cama, pero 
si encuentra la manera de proteger las 
sábanas, serán un gran entretenimiento 
para el niño. El hacer pompas de jabón 
divierte a los niños de 4 ó más años. Se 
les puede enseñar a manejar la jabona- 
dura sin derramarla. 

Los niños cuando están enfermos ge- 
neralmente prefieren realizar activida- 
des menos complicadas que cuando es- 
tán sanos. 



Mientras un niño está muy enfermo, 
no suele ser difícil que permanezca en 
la cama, pero en cuanto se siente mejor, 
cambia por completo su actitud. Los 
niños tienen tal poder de recuperación 
que, en cuanto pasa la etapa aguda, se 
sienten bien en seguida, y empiezan a 
clamar por que los levanten. En lugar 
de darle órdenes severas de quedarse 
acostado, una madre inteligente busca 
la forma de que el niño esté contento 
en la cama, pues si la restricción lo an- 
gustia puede serle más dañosa que el 
estar levantado. Algunas veces el niño 
aceptará permanecer recostado en la 
cama de los papas, o en un sofá que 
esté cerca de la zona de actividad de la 
familia. Debe evitarse una dosis dema- 
siado grande de televisión. 

A los niños pequeños les gusta abra- 
zar una muñeca o animal de juguete, ya 
sea nuevo o viejo; ensartar cuentas gran- 
des; iluminar cuadernos de estampas; 
jugar al teléfono, etc. Se puede también 
improvisar un juguete colgante que el 
niño pueda mover con la mano estando 
acostado. Un pescado, una tortuguita, 
o un pájaro enjaulado, le servirá de 
compañía y entretenimiento. 



Cuidados caseros de enfermería 

Un niño que ha tenido temperatura 
alta debe permanecer en quietud (pre- 
ferentemente en cama) por lo menos 
24 horas después de desaparecida la fie- 
bre. Si ha tenido fiebre por dos o tres 
días, el doctor podrá aconsejar que per- 
manezca en cama uno o dos días más. 
Esta precaución evita muchas complica- 
ciones que pueden surgir después de una 
enfermedad. 

Un niño enfermo necesita un baño 
diario de esponja en cama o un baño en 
tina cuando esté mejor. Tenga cuidado 
de que no se resfríe durante el baño o 
después del mismo. 

Ofrezca al niño una bebida refrescan- 
te cada hora, más o menos, cuando esté 
despierto, especialmente si tiene fiebre. 
Si su intestino no funciona en un lapso 
de 48 horas, o el niño tiene molestias 
estomacales, comuniqúese con el médi- 
co. No administre nunca ni un laxante 
ni una enema sin orden del facultativo. 
Pueden ser en extremo peligrosos, sobre 
todo si el abdomen está abultado y do- 
loroso. 



80 El niño de 1 a 6 años 



Cómo tomar la temperatura. Es fá- 
cil saber si un niño tiene fiebre por su 
aspecto y la forma como actúa: está 
indiferente o adormilado, con la cara 
sonrojada, los ojos brillantes, el rostro 
y el cuello calientes. Si presenta estos 
síntomas, métalo en cama. Tome la tem- 
peratura con un termómetro y anótela 
de acuerdo con las instrucciones del mé- 
dico. Es preciso saber cómo usar el 
termómetro. 

Tome el lado opuesto al bulbo de 
cristal y hágalo girar hasta que distinga 
la columna de mercurio. 

La temperatura normal del cuerpo 
fluctúa entre los 36.6 y 37.7° C. En casi 
todos los termómetros, la barrita que se 
encuentra por encima del número 37° C. 
es roja, pero una pequeña elevación so- 
bre ese nivel puede sólo indicar varia- 
ciones individuales, o ser resultado del 
ejercicio, el clima, u otra influencia. 

Hay tres maneras de tomar la tem- 
peratura. Cualquier termómetro sirve 
para cualquier método que usted escoja. 
Después de usarlo, lávelo cuidadosamen- 
te con agua tibia y jabón. Si el agua 
está muy caliente, reventará el termó- 
metro. 

Al tomar la temperatura en la boca, 
a un niño entre los 3 y los 4 años, pón- 
gale el termómetro bajo la lengua y 
dígale que mantenga la boca cerrada. 
Adviértale que no debe morderlo. Dé- 
jelo en su sitio cerca de 3 minutos. 

Se toma la temperatura por el recto 
cuando un niño es muy pequeño o está 
muy enfermo. Colóquelo sobre su rega- 
zo, boca abajo o de lado; engrase el 
bulbo del teniiómetro con crema o va- 
selina; introdúzcalo suavemente por el 
ano unos 21/2 centímetros y téngalo ahí 
por 3 minutos. No permita movimientos 
bruscos que lastimen al niño. Los ter- 
mómetros rectales tienen un bulbo más 
corto y grueso que facilita la inserción; 
en lo demás, son iguales a los bucales. 

Si emplea la axila (temperatura axi- 
lar) , retire la ropa, de modo que pueda 
poner el tennómetro exactamente en la 
axila. Oprima al niño contra usted de 
suerte que su bracito presione ligera- 
mente el termómetro. Déjelo allí por 4 



ó 5 minutos. La temperatura será lige- 
ramente inferior que cuando se toma 
en la boca o en el recto, pero satisface 
su objeto si se toma en cuenta esta di- 
ferencia. Diga a su médico cuál método 
empleó. 

Por lo general, es suficiente tomar la 
temperatura por la mañana y por la 
noche. Es probable que la temperatura 
de la noche sea más alta, pero esto de- 
pende de la naturaleza del enfermo y 
la clase de enfermedad que tenga. No 
se puede decir que la fiebre ha cedido, 
hasta que la temperatura sea otra vez 
normal a la hora del día en que solía ser 
más alta. 

La temperatura no es una indicación 
cierta de la gravedad del padecimiento. 
Una elevación repentina puede señalar 
la iniciación de un simple catarro, y, en 
cambio, una enfermedad más grave pue- 
de producir sólo un grado o dos de fie- 
bre. En general, los niños tienen mayor 
propensión a las temperaturas elevadas 
que los adultos. 

Si la fiebre en un niño alcanza los 
40° C. o más, déle un alivio temporal 
con un baño de esponja y agua fría. 
Resguárdelo de un enfriamiento. Si em- 
pieza a tener convulsiones, no lo deje 
sólo un momento; envíe a una persona 
a que llame al médico. Evite que se 
lastime, pero no intente impedir las con- 
vulsiones (véase pág. 92). 

Inhalaciones de vapor. A los niños 
con ciertas enfermedades tales como 
bronquitis, laringitis, catarros, crup o 
asma, muy frecuentemente se les da 
alivio con aspiraciones de aire sobrecar- 
gado de humedad. El niño puede aspi- 
rar aire con vapor por 10 ó 15 minutos, 
tres o cuatro veces al día, para que 
disminuyan sus molestias. 

Hay varios modos sencillos de aumen- 
tar la humedad del aire. Todos requie- 
ren mucho cuidado para prevenir que- 
maduras o escaldaduras. Pennanezca 
con el niño siempre que use vapor. 

Lleve al niño al cuarto de baño y 
deje correr el agua caliente, o instálelo 
en un cuarto pequeño en donde se ha- 
ya puesto a hervir agua en una olla u 
otro tipo de vaporizador. La olla o el 



Cuando un niño enferma 81 



vaporizador deben estar fuera del al- 
cance del niño. 

Mediante una tienda se puede con- 
centrar el vapor en el lugar donde está 
el niño. La tienda se puede improvisar 
envolviendo la cuna con una sábana o 
colocando una sombrilla detrás del niño. 



Enfermedades y trastornos 

La lista que sigue de enfermedades 
y trastornos más frecuentes podrá ser- 
vir de información para los padres cu- 
yos niños a veces tienen manchas, les 
fluye la nariz o respiran con dificultad. 
Por supuesto, que tal información no 
reemplaza el diagnóstico que debe ha- 
cer el médico. La lista es impresionan- 
te, pero ningún niño contrae todas esas 
enfermedades. 

Los trastornos están agrupados de 
acuerdo con los síntomas, y no como se 
estudiarían en un texto de medicina. 



Alergias 

¿Qué son? Cuando una persona es sen- 
sible a una sustancia normalmente inofen- 
siva se dice que tiene una alergia. Si recibe 
más de lo que pueda tolerar de esta sus- 
tancia irritante, sufrirá una reacción alér- 
gica. La alergia puede manifestarse como 
catarro, trastorno estomacal o cualquiera 
otra molestia. 

Hay tal variedad de reacciones alérgicas 
que generalmente se necesita una larga se- 
rie de pruebas para determinar su verda- 
dera naturaleza. Las alergias no son infec- 
ciones y no se pueden "pescar" de nadie, ni 
se pueden transmitir a nadie. Aunque rara 
vez son fatales, sí causan incomodidades 
e inconveniencias benignas o graves, y pue- 
den abrir la puerta a una infección. 

Un niño con alergia debe estar bajo el 
control de un médico, quien por medio de 
pruebas, dietas de ensayo y algunos cam- 
bios en lo que rodea al niño, tratará de 
saber qué es lo que lo afecta. 

¿Cuál es la causa de las alergias? El niño 
puede haber heredado una tendencia a las 
alergias, pero su reacción a determinada 



sustancia puede diferir de la de sus pa- 
dres, o podrá ser alérgico a sustancias com- 
pletamente diferentes. Sin embargo, cual- 
quier niño es susceptible de sufrir alergia. 
El clima, la estación del año, el grado de 
exposición, el estado de ánimo y otros fac- 
tores parece que contribuyen para la fre- 
cuencia y la intensidad de la reacción. Y 
esta misma puede cambiar o desaparecer 
conforme el niño crece. Frecuentemente 
vemos que el médico estudia todos los an- 
tecedentes del paciente y la tensión en que 
vive, a la vez que las posibles causas de 
irritación, a fin de descubrir el origen del 
mal. 

Una persona podrá ser alérgica a deter- 
minada clase de comida (huevos, chocolate, 
fresas, leche, pescado); a pequeñas partícu- 
las que se respiran (polvo, polen, plumas); 
a algunos irritantes que se tocan (plantas, 
pelo de perro o de gato, lana, goma o 
pegamento, jabón, detergente); a drogas 
que se ingieren por la boca o se aplican en 
inyecciones (sedantes, antibióticos, antitoxi- 
nas); o a algunos gérmenes que penetran 
al organismo por una infección. 

Algunas veces es relativamente fácil dar 
con la causa y eliminarla de la vida del 
niño, de manera que la molestia desapa- 
rece. En otros casos, el niño es sensible a 
tantas cosas, o a sustancias tan difundidas, 
o tan escondidas, que es imposible evitarlas. 

Algunas de las reacciones alérgicas más 
comunes son: 

Asma: irritación de los conductos bron- 
quiales. Ocasiona la estrechez de los con- 
ductos del aire y produce una mucosidad 
que dificulta la respiración. El niño jadea 
y tose en forma alarmante. Suele ser peor 
cuando está acostado, razón por la que tie- 
ne que dormir un poco enderezado. Los 
ataques acaecen casi siempre de noche y 
cambian mucho según la estación del año. 
Algunas veces el catarro precede el ata- 
que de asma. 

Fiebre del heno: se manifiesta en forma 
de un catarro fuerte con estornudos, ojos 
llorosos y ardorosos y malestar en la ca- 
beza, ocasionado por la inflamación de las 
membranas de la nariz. Su causa es co- 
múnmente el polen de algunas hierbas sil- 
vestres, del pasto o de los árboles y, a 
diferencia del resfriado común, solamente 



82 El niño de 1 a 6 años 



se presenta en ciertas épocas del año. Rara 
vez se observa en niños menores de 3 años. 

Eccema: se manifiesta en forma de una 
o varias manchas rojas y gruesas que apa- 
recen sobre la piel, casi siempre en las me- 
jillas, en los pliegues de los codos, o detrás 
de las rodillas. Comienza por dar comezón, 
y si se rasca, escun^e líquido y entonces se 
forman costras. A pesar de no ser conta- 
gioso, las lesiones cutáneas que produce 
pueden infectarse. 

Urticaria: erupción ampulosa sobre la 
piel, que da comezón y semeja picaduras 
de moscos. Generalmente aparece y desapa- 
rece de repente. Para aliviar las molestias 
de la urticaria se puede aplicar hielo sobre 
las ámpulas o dar al niño un baño de agua 
caliente con carbonato (una taza para una 
tina pequeña). 



Un niño que no está "a la par" 

Si un niño se cansa pronto, si está pálido 
y carece de interés por las cosas que lo 
rodean o le falta el impulso que usted es- 
pera de él, es posible que algo ande mal, 
aunque no haya ninguna señal de enferme- 
dad. La pobreza de salud y la falta de 
vitalidad tienen varias causas. Hasta que 
no conozca usted la causa, no podrá dar- 
les un tratamiento efectivo. No compre 
tónicos para el niño ni le dé alimentos es- 
peciales; llévelo con el médico para que 
lo examine. Si el médico receta algo espe- 
cial, será aquello que conviene a las nece- 
sidades del caso. 

El niño que carece de energía y se ve 
cansado puede sufrir de: 

Una infección crónica que le mina su 
vitalidad. 

Falta de suficiente descanso. Reduzca 
su actividad durante el día; procure que 
duerma una siesta y que se acueste más 
temprano. Todo esto le hará mucho prove- 
cho a él ¡ya usted! 

Anemia. Es el nombre que se da a la 
falta de pigmentación roja o sea de he- 
moglobina en la sangre. Entre las causas 
de anemia están la pérdida de la sangre 
o una enfermedad grave. A menos que la 
pérdida de sangre sea considerable, el or- 
ganismo es capaz de recuperarla recons- 



truyendo de inmediato nuevas células. Si 
la hemorragia ha sido profusa, el médico 
puede prescribir una transfusión que supla 
de una vez y rápidamente la falta de san- 
gre. En la anemia crónica, se suele recetar 
hierro. Por lo demás, todo lo que necesita 
el niño es una buena atención que le pro- 
cure alimentos ricos en hierro, tal como la 
carne (especialmente hígado, ríñones y co- 
razón), yema de huevo, legumbres de hojas 
verdes, pan integral y cereales, miel, pasas 
y algunas otras frutas secas. 

La anemia también puede ser causada 
por enfermedades que destruyen la sangre, 
por dieta defectuosa o por un padecimiento 
hereditario. En cada caso, la causa deter- 
minará el tratamiento. 

Alimentación deficiente. En algunos ca- 
sos, el niño decae porque lo que come no 
alcanza a proporcionar a su organismo las 
sustancias reconstructoras y energéticas 
que necesita. Si su dieta es defectuosa, pro- 
cure incluir en ella los alimentos que figu- 
ran en la lista de la página 68. En casos 
poco frecuentes el organismo del niño no 
es capaz de utilizar los materiales que reci- 
be; el médico señalará un régimen especial. 

Problemas emocionales. Cuando un niño 
vive en una casa en donde el ambiente es 
tenso y poco feliz, es seguro que sufre in- 
tensamente. Su preocupación y su pena le 
consumen tanta energía, que está ya cansa- 
do de antemano y poco le interesa el juego; 
hasta su postura física denota abatimiento. 
Algunas veces el niño está angustiado por 
problemas que usted ni siquiera sospecha. 

Si usted cree que su niño tiene proble- 
mas emocionales a los que no puede so- 
breponerse y en los que usted no le puede 
ayudar, solicite sin vacilar la ayuda de un 
profesional. Su propio médico o un traba- 
jador social podrían ser los indicados para 
empezar. Quizá prefiera usted consultar 
con un psiquiatra a través de una clínica 
de orientación infantil. 



Catarros y otras infecciones 
de las vías respiratorias 

Durante los años pre-escolares, los niños 
suelen sufrir un número alarmante de ca- 
tarros, toses e infecciones de garganta. Mu- 



Cuando un niño enferma 83 



chos otros padecimientos los amenazan: 
crup, infecciones de los oídos, influenza, 
gripa, ganglios inflamados y demás. Algunas 
enfermedades llevan un nombre que se re- 
laciona con la parte que afectan: laringi- 
tis, amigdalitis, bronquitis y faringitis. Mu- 
chas madres parece que las conocen todas. 
Sírvale de consuelo pensar que, con el 
edad, el niño será menos susceptible y ten- 
drá reacciones menos fuertes que las que 
tiene en ese momento. 

Al principio, ni siquiera sabe usted con 
qué tiene que habérselas. Lo que parece 
un simple catarro, puede ser en un día o dos 
cualquiera de las enfermedades comunes 
a los niños, con erupción típica, como por 
ejemplo, la viruela loca. Puede también 
ser la señal de una infección más grave, o 
quedarse en simple catarro, a pesar de ha- 
ber empezado con fiebre alta o convulsio- 
nes. En muchas ocasiones, los niños reac- 
cionan por ellos mismos en contra de la 
infección. Uno puede estar continuamente 
enfermo de la garganta, y otro sufrir a cada 
rato de dolor de oídos. 

La única conclusión a la que pueden 
llegar los padres es que cualquier tos, cata- 
rro o garganta inflamada requiere el mejor 
tratamiento. Consulte al médico y esté 
siempre en contacto con él, por si los sín- 
tomas cambian. Y él decidirá si necesita ver 
al niño. Deje a éste dentro de la casa y en 
cama si hay fiebre, y prodigúele los cuida- 
dos amorosos en los que usted es una ex- 
perta. 

De este modo, podrá usted evitar las 
complicaciones que a veces surgen cuando 
una infección leve abre el paso a otra más 
seria. 

Desconfíe de las gotas nasales, o de las 
medicinas para la tos, que el médico no 
haya recetado. Es posible que sean inútiles 
para curar la infección. Alivie las moles- 
tias del niño poniéndole un poco de crema 
a la entrada de las fosas nasales para evitar 
la excoriación; mantenga la recámara tibia, 
pero no sobrecalentada; si cree que la hu- 
medad le ayude, conserve el ambiente húme- 
do, y, finalmente, aparte al niño de los 
demás. 

Difteria. Este es un mal giave, pero pue- 
de ser evitado. El niño que ha sido debi- 
damente vacunado en su primera infancia 



y ha recibido las dosis de sostén que le 
corresponden, prácticamente no tiene peli- 
gro de contraerla. La enfermedad comienza 
con garganta ulcerada y temperatura alta, 
seguida tal vez de tos aguda y áspera. La 
garganta y las amígdalas se ven blancuzcas 
debido a las falsas membranas. Si un niño 
que no ha sido inmunizado está expuesto 
a contagio, el médico le administrará in- 
mediatamente la antitoxina en un esfuerzo 
por evitar la enfermedad. 

La garganta puede inflamarse por causa 
de los estreptococos; si se presenta erup- 
ción, se le da el nombre de escarlatina. No 
deje de dar al niño las medicinas hasta el 
término que el médico haya prescrito, aun- 
que los síntomas desaparezcan rápidamente. 
Para evitar complicaciones posteriores, es 
preciso que continúe el curso completo del 
tratamiento. 

Las infecciones crónicas de la garganta 
pueden dar lugar a trastornos en el resto 
del cuerpo. La fiebre reumática es una de 
estas posibles complicaciones y, en sí, una 
enfermedad grave, puesto que puede atacar 
al corazón. Aunque es más común que 
ocurra entre los niños de edad escolar, tam- 
bién se dan casos en niños menores. 

La fiebre reumática toma diferentes for- 
mas: puede ser engañosamente benigna, 
teniendo como único síntoma una fiebre 
recurrente; o puede ser aguda con dolor 
e inflamación de las coyunturas. Suele re- 
petir una y otra vez, de manera que hay 
que prestar atención al primer ataque, 
aunque parezca ligero. Es más, la benigni- 
dad de los síntomas no guarda relación con 
los perjuicios que la enfermedad es capaz 
de ocasionar. El médico le indicará la ma- 
nera de proteger al niño contra probables 
ataques futuros. 

Un médico tiene que revisar al niño que 
se queja de dolores en las piernas o en las 
articulaciones, que está pálido y cansado, 
que tiene fiebre ligera por un número con- 
siderable de días, sin motivo aparente. 

Corea o baile de San Vita Puede ser 
un síntoma de la fiebre reumática. El niño 
tiene movimientos espasmódicos en la cara, 
en los brazos, en el tronco, en las piernas, 
que pueden cambiar de lugar. No confunda 
usted esta enfermedad con la inquietud pro- 
pia de un niño que se ha cansado de estar 



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Cuando un niño enferma 87 



sentado, ni con las contracciones nerviosas 
de entrecerrar los ojos, sacudir la cabeza o 
cualquier otro hábito que el niño adopta. 
Un niño con mal de San Vito debe estar 
bajo el cuidado del médico. Necesita tam- 
bién un trato afectuoso en su casa, pues tie- 
ne la tendencia a llorar fácilmente y sen- 
tirse frustrado por estos movimientos que 
lo asaltan cuando desea vestirse, comer, 
levantar pequeños objetos, o tomar un lápiz. 

La inflamación producida por un mal 
de garganta puede afectar el riñon, causan- 
do nefritis. Con esta enfermedad, la orina 
es escasa, de color oscuro, o sanguinolenta. 
Si observa usted algún cambio en la canti- 
dad o el color de la orina del niño, avíselo 
inmediatamente al médico. (Vea diabetes, 
pielitis, descargas vaginales.) 

Pulmonía. Es el nombre genérico pa- 
ra las enfermedades del pulmón y pue- 
de ser causada por un virus, una bacteria 
o algún agente extraño. Cada tipo tiene un 
tratamiento especial. Como regla, siempre 
hay fiebre, tos y respiración difícil y rápi- 
da. Cuando el tratamiento se inicia opor- 
tunamente, los medicamentos actuales traen 
pronto alivio en la mayoría de los casos. 
Un niño con pulmonía puede no verse muy 
grave; pero la enfermedad puede ser de 



larga duración y necesita vigilancia hasta 
la completa recuperación. 

Amígdalas y adenoides. Estas son pe- 
queñas masas esponjosas de tejido, situadas 
en la parte de atrás de la garganta, cuyas 
funciones son parecidas a las de otros gan- 
glios del cuerpo, especialmente los situados 
a los lados del cuello, en las axilas y en 
las ingles. Al igual que los otros gan- 
glios, las amígdalas y adenoides combaten 
las infecciones; suelen afectarse siempre que 
el niño tiene un catarro o una afección en 
la garganta. Después de trastornos repeti- 
dos de las vías respiratorias, pueden quedar 
tan inflamadas que dificultan la respira- 
ción o la deglución. Si la situación es apre- 
miante, el médico querrá que estas amíg- 
dalas o adenoides inflamadas se extirpen. 
Actualmente, la operación no se hace por 
rutina en un intento de mejorar la salud 
general del niño de una manera vaga. No 
insista para que el médico opere; él lo hará 
si lo juzga necesario. 



Infecciones de la piel y de los ojos 

Son comunes en los niños las picazones, 
comezones y excoriaciones. Algunas erup- 




La diversión es importante, cuando se está en cama. 



El niño de 1 a 6 años 



clones pueden extenderse a otros miembros 
de la familia. Cualquier lesión de la piel 
debe tratarse con cuidado, pues puede dar 
entrada a gérmenes nocivos. Por tanto, hay 
que conservar limpia cualquier parte afec- 
tada y vigilar que el niño no se rasque ni 
siquiera una picadura de mosquito. Si le 
corta bien las uñas se hará menos daño al 
rascarse mientras está dormido. 

Será necesaria la ayuda del médico para 
el tratamiento de los padecimientos que 
veremos a continuación. El uso de medi- 
cinas de patente puede hacer que se pierda 
el tiempo y se complique más el caso. Si 
hay en la casa un enfermo de la piel, tome 
la precaución de tenerle aparte sus toallas, 
servilletas, ropa de cama y personal. Lá- 
vela con agua muy caliente y plánchela 
con plancha muy caliente. 

Pie de atleta. Es una infección ocasio- 
nada por un hongo que se reproduce ge- 
neralmente entre los dedos de los pies, en 
donde la piel se conserva húmeda y calien- 
te. La medicina que use ha de ser prescrita 
por el médico. Conserve los pies del niño 
limpios y secos. Espolvoréelos profusamente 
con talco. El pie de atleta es más difícil 
de curar en verano. Cambie los calcetines 
diariamente y aree los zapatos. Los zapa- 
tos abiertos, así como las sandalias, dismi- 
nuyen la transpiración del pie. 

Herpe catarral. Es una afección infla- 
matoria de la piel, caracterizada por la 
aparición de pequeñas vesículas transparen- 
tes en la lengua o en los labios, que gene- 
ralmente se curan solas, sin más cuidado 
que la limpieza. Su nombre proviene de que 
suelen aparecer en los niños cuando tienen 
catarro o alguna otra enfermedad. Para las 
vesículas de la lengua, enjuague la boca con 
un poco de agua caliente en la cual se haya 
disuelto media cucharadita de bicarbonato 
de sodio o la misma proporción de sal co- 
mún en un vaso de agua. En caso de que 
el niño tenga temperatura alta, o se queje 
de inflamación intensa en la boca, o le san- 
gren las encías, consulte al dentista o al 
médico. Estos pueden ser síntomas de "bo- 
ca de trincheras" u otra infección. 

Conjuntivitis. La conjuntivitis u ojos 
enrojecidos es una infección causada por 
alguna variedad de bacterias y es extrema- 
damente contagiosa. La primera señal de 



que el niño ha contraído esta infección pue- 
de ser que amanece con sus ojos pegados 
por pus. La conjuntivitis suele contagiarse 
rápidamente de un miembro de la familia • 
a los demás, cuando no se extreman los 
cuidados de separar las toallas, artículos 
del baño y otros útiles de aseo. 

Se mitiga la molestia poniendo compre- 
sas tibias sobre los ojos inflamados, pero 
el tratamiento debe ser prescrito por el 
médico. La negligencia, en este caso, puede 
dañar la vista del niño. 

Los ojos y los párpados del niño se en- 
rojecen por un sinnúmero de razones. La 
alergia inflama o enrojece algunas veces 
los ojos (véase pág. 81). Es posible que el 
niño sufra de algún trastorno en los ojos 
si acostumbra parpadear, hacer el bizco o 
los tiene casi siempre irritados. Puede 
ponérsele anteojos, aun cuando sea muy 
pequeño. 

Ya hemos hablado acerca del eccema y 
del salpullido en la sección dedicada a la 
alergia. 

Impétigo. Es una de las afecciones de 
la piel más contagiosas. Generalmente prin- 
cipia en la cara con una ámpula abultada, 
que escuece y de la cual sale pus; al dese- 
carse forma una costra amarillenta. El niño 
puede fácilmente infectar a otros, o llevar 
los gérmenes de un sitio a otro de su propio 
cuerpo. 

El tratamiento oportuno puede sanar la 
infección. Vea al médico. Si se descuida, el 
impétigo se extiende con rapidez y allana 
el camino para otras infecciones. 

Piojos (pediculosis). Los piojos son pe- 
queños insectos que se adhieren a los cabe- 
llos o la piel y causan irritación. Si el niño 
se rasca, lo que seguramente hará, la ex- 
creción del animal causa más irritación aún. 
Generalmente los piojos, o sus huevos lla- 
mados liendres, se pueden ver a simple vista. 
Es posible que el médico prescriba un tra- 
tamiento. Muy a menudo se usa DDT en 
la proporción de 5 a 10 por ciento, en pol- 
vo de talco, para destruir los piojos y sus 
huevecillos. Esmere la limpieza del niño, de 
su ropa personal y la de su cama, para evi- 
tar que la plaga se extienda o se repita. 

Tina. Procede de un parásito fungoso 
que ataca el cuero cabelludo. Al sanar la 
parte del centro, se extiende como en ani- 



Cuando un niño enferma 89 



líos hacia afuera. Frecuentemente el cabello 
se cae. Es una infección muy tenaz y trans- 
misible que debe ser atendida por un mé- 
dico. 

A veces se cubre la cabeza del niño con 
un gorro ajustado (se puede improvisar 
con una media), que pueda cambiarse con 
frecuencia y hervirse para destruir los gér- 
menes. El gorro evita que la tina se trans- 
mita a otras personas, pero no constituye un 
tratamiento de la infección. 

Otra forma del mismo padecimiento pro- 
duce manchas redondas y escamosas sobre 
la piel. Su tratamiento es más fácil. El pie 
de atleta, ya referido, es una infección de 
la misma índole. 

Sarna. Este padecimiento es causado por 
un minúsculo parásito que se introduce de- 
bajo de la piel; ahí vive y pone sus hueve- 
cilios. La comezón es intensa y se aviva por 
la noche. El niño fácilmente se llaga al 
rascarse mientras está dormido. 

Los médicos recetan una sustancia acei- 
tosa que debe aplicarse después del baño 
cuando la piel está todavía húmeda. La ro- 
pa de cama usada por una persona que 
padece sama debe esterilizarse. 

Orzuelos y diviesos. Son afecciones cau- 
sadas por bacterias, semejantes a las que 
producen los granos. La aplicación de com- 
presas húmedas alivia el dolor y ayuda a 
localizar la infección. No abra usted un 
orzuelo (perrilla) o divieso. Cuando se 
rompa, limpie el pus con una gasa estéril. 
Cubra el divieso con una curación estéril. 

Si el niño tiene una serie de orzuelos o 
diviesos, es mejor consultar al médico. 



Trastornos del estómago, el intestino 
y las vías urinarias 

La náusea, el vómito, la diarrea, el estre- 
ñimiento y los dolores en el abdomen son 
todos síntomas de gran número de indispo- 
siciones, de diferentes grados de gravedad. 
Comer demasiado o cosas indebidas suele 
ser causa de vómito. Otras veces éste es el 
primer síntoma de una enfermedad de la 
niñez o de un trastorno interno. Del mismo 
modo, un dolor de estómago, una evacua- 
ción suelta o dura, puede ser indicio de 
males muy diversos, desde una perturba- 



ción emocional hasta la existencia de algún 
parásito en el estómago. 

Es mejor ver al médico cuando sucede 
algo anormal. El tratamiento varía de acuer- 
do con la causa, más bien que con los sín- 
tomas. 

No hay ninguna prisa para aliviar a un 
niño que de momento está estreñido, y no 
es prudente el uso continuo de laxantes o 
enemas. De hecho, pueden complicar la 
situación si el niño tuviera el apéndice in- 
flamado. Es mejor que tome mucho líqui- 
do, mucha fruta fresca y legumbres; eso no 
podrá hacerle ningún mal. Pida el consejo 
médico antes de darle ninguna medicina. 

Diarrea. La diarrea en un niño pequeño 
es grave; si sus evacuaciones tienen con 
frecuencia un aspecto anormal, hay que vi- 
gilarlo cuidadosamente. La diarrea puede 
deberse a la ingestión de alimento irritante 
o descompuesto; a la salida de los dientes; 
a catarro, garganta inflamada o alguna 
otra infección. Puede ser indicio de ente- 
ritis o disentería, en cuyo caso la situación 
es grave. Si al mismo tiempo el niño vo- 
mita persistentemente, se deshidrata y esto 
pone en peligro su vida. Hasta que no pue- 
da usted ver al médico, deje que el niño 
repose y déle líquidos con frecuencia. 

Lombrices. Estos parásitos pueden cau- 
sar estreñimiento o diarrea, aunque muchas 
veces no producen ningún trastorno de este 
tipo. Se advierte su presencia por cierta 
irritación o comezón anal, o porque apa- 
recen en las heces fecales. Las especies más 
comunes de lombrices se distinguen por la 
forma. Los oxiuros tienen ambas extremi- 
dades afiladas, son muy activos y semejan 
un pequeño hilo blanco como de 15 mm. 
de largo; los ascárides son redondos, páli- 
dos, suaves, y como del tamaño de una lom- 
briz de tierra; las uncinarias tienen forma 
de cinta y una especie de gancho para 
adherirse al intestino; son menos comunes 
que las dos especies anteriores. 

Los huevecillos de estos parásitos se en- 
cuentran en muchas partes, de manera que 
trate que las manos y las uñas del niño 
estén siempre limpias. 

Posiblemente el médico quiera ver una 
muestra de las heces del niño, si sospecha 
la presencia de lombrices. Necesita saber 
exactamente la especie de que se trata, por- 



90 El niño de 1 a 6 años 



que la medicina, para ser eficaz, debe ser 
enérgica y administrarse a la dosis exacta 
y bajo determinadas circunstancias a fin de 
que mate al parásito sin dañar al niño. 

Fibrosis quística. Hay otro tipo de eva- 
cuaciones que indican la existencia de la 
enfermedad llamada fibrosis quística. Son 
abundantes y de mal olor, debido a la falta 
de absorción de las grasas que el niño in- 
giere en los alimentos. El padecimiento es 
hereditario, aunque generalmente los padres 
no presentan síntomas. En algunos casos, 
afecta muchas funciones corporales. Un ni- 
ño con fibrosis quística está propenso a las 
infecciones pulmonares. Generalmente goza 
de muy buen apetito, pero aumenta de peso 
muy lentamente. Para un tratamiento cui- 
dadoso necesita la atención médica. 

Enjermedad celiaca. Otro tipo de eva- 
cuaciones fuera de lo común pueden ser sín- 
tomas de la enfermedad celiaca. Se da este 
nombre a la indigestión intestinal crónica 
causada por la intolerancia a ciertas sus- 
tancias alimenticias, más a menudo a una 
proteína que se encuentra en el trigo y el 
centeno. Diarreas recurrentes, durante el 
primer año de vida del niño, pueden ser 
señales de este mal. Un poco más adelante, 
las evacuaciones suelen ser voluminosas, de 
color pálido, espumosas y fétidas. Si no se 
atiende la enfermedad, entorpecerá el cre- 
cimiento del niño. El tratamiento consiste 
en una dieta planeada por el especialista 
para satisfacer los requerimientos nutriti- 
vos, a la vez que suprime los alimentos que 
el niño no puede tolerar. 

Diabetes. Cualquier cambio en los há- 



bitos de micción del niño puede ser señal 
de enfermedad. Es natural que en un cli- 
ma muy frío o húmedo, el niño orine más 
a menudo. Pero cuando la frecuencia de 
las micciones es notable y persistente, pue- 
de señalar la presencia de diabetes (diabe- 
tes mellitus) o sea, la imposibilidad del 
organismo de asimilar el azúcar o las hari- 
nas. Si no se trata, la diabetes hace perder 
peso y conduce a la muerte. Mediante una 
dieta esp>ecial y medicamentos adecuados, 
un niño diabético puede, en la actualidad, 
vivir muchos años y llevar una vida normal. 

Pielitis. Si la orina es turbia, quizá con- 
tenga pus como resultado de una infección 
renal. La pielitis es más común en las niñas 
que en los niños. El paciente puede tener 
un aspecto saludable, sin otra anormalidad 
que la de la orina. En otros casos, el niño 
puede parecer enfermo, pero sin fiebre ni 
dolor, o quizá con dolor de cabeza y fiebre 
baja. De cualquier modo, debe buscarse el 
diagnóstico del médico. Llévele una mues- 
tra de la orina dentro de una botellita 
limpia. 

Vaginitis. Es una inflamación de la va- 
gina, o sea el conducto membranoso que une 
la vulva al útero. Produce una secreción 
que puede ser leve y pasajera, leve y per- 
sistente, o gruesa y profusa. La orina podrá 
tener aspecto turbio o sanguinolento si va 
mezclada con la descarga vaginal. El caso 
debe ser consultado, para que el médico 
determine si es una infección leve o grave. 
Se da el caso de que las niñas introduzcan 
alguna cosa en la vagina, con los trastornos 
consiguientes. 



J 



Casos de emergencia 



Con los niños, rara vez se puede pasar 
un día sin una rodilla hinchada, una nariz 
raspada u otra lesión menor. "Mamá, ¡me 
sale sangre!," es una frase que cada vez la 
hace a usted temblar. Generalmente se trata 
sólo de una nimiedad; limpie usted la he- 
rida, calme los ánimos y vuelva a sus que- 
haceres domésticos. 

De vez en cuando, sin embargo, pasa 
algo más delicado. Entonces sí, necesita sa- 
ber qué es lo que hay que hacer. Puede 
usted aprender tomando un curso de pri- 
meros auxilios en la Cruz Roja o en algu- 
na otra institución para la educación de 
adultos, ya que es casi imposible entender 
a través de un libro cómo se aplican algu- 
nos procedimientos, como el de la respira- 
ción artificial. Pero si no le es posible tomar 
las clases, compre un libro sobre cuidados 
de urgencia y téngalo siempre a la mano. 

En todo caso, recuerde que los primeros 
auxilios no son sino el primer paso. Para 
todo, excepto ciertos accidentes menores, 
debe consultar al médico lo más pronto 
posible. 

Damos a continuación algunas sugestio- 
nes sobre lo que hay que hacer en las más 
comunes emergencias en el hogar. 



Mordeduras y picaduras 

Picaduras de animales. De ellas se habló 
en la página 74. 

Piquetes de insectos (abejas, avispas, hor- 
migas, mosquitos). 

Remueva el aguijón, si lo hay, con unas 
pinzas. Aplique vinagre, amoniaco diluido 
o una gruesa capa de bicarbonato de sodio 
y agua. Llame al médico si el niño tiene 
alguna reacción inusitada (palidez, náusea, 
vómitos, pérdida de la conciencia, adorme- 
cimiento, convulsiones'). 



cascabel, la llamada cabeza de cobre, la 
mocasín y la coralillo. 

Si tiene usted la sospecha de que su 
niño ha sido mordido por una víbora pon- 
zoñosa apresúrese a buscar al médico. A 
menos de que haya usted recibido instruc- 
ciones para el tratamiento de una morde- 
dura de serpiente, puede usted ocasionar 
más daño que bien si trata de inyectar un 
antídoto o de hacer una succión. 

Mientras llega el médico, o en camino 
al hospital, aplique un torniquete justamen- 
te por encima de la mordedura, a fin de 
disminuir el paso del veneno al resto del 
cuerpo. Vigile, sin embargo, pues la hin- 
chazón causada por la misma mordedura 
puede hacer que el torniquete resulte de- 
masiado apretado. Conserve al niño en 
quietud y tranquilícelo. El miembro mor- 
dido debe estar colgando hacia abajo. 

Mordeduras de garrapata 

Casi todas las garrapatas son inofensivas, 
sin embargo, algunas transmiten la llamada 
fiebre por garrapatas de Colorado, la fiebre 
manchada de las Montañas Rocosas y otras 
fiebres recurrentes. 

Se debe examinar dos veces al día a los 
niños que viven en zonas infestadas de ga- 
rrapatas. Busque a estos animales princi- 
palmente en la cabeza o en los pliegues de 
la piel. Remuévalas (de los humanos o 
de los animales) con pinzas. Asegúrese de 
sacar la cabeza al mismo tiempo que el 
cuerpo. Si se adhiere, cúbrala con grasa, 
aceite o trementina para aflojarla, y esprí- 
mala con los dedos protegidos con un lienzo 
o con guantes. Cuando la haya sacado, tíre- 
la por el excusado, quémela o échela en 
trementina o en kerosén. Limpie la herida 
con agua y jabón o con un antiséptico 
suave. 



Mordeduras de serpientes 

Trate de matar a la víbora, para que 
pueda ser identificada. Las especies ponzo- 
ñosas más comunes son : las víboras de 



Huesos rotos 

Si sospecha usted que el niño se ha frac- 
turado algún hueso, no deje que mueva el 
miembro o la parte dañada, y no la mueva 



92 El niño de 1 a 6 años 




"Mamá, ¡me sale sangre!" 

usted tampoco. Déjelo en donde está, si es 
posible. Consérvelo abrigado y llame al 
médico. Si un fragmento de hueso sobresale 
a través de la piel, cúbralo con gasa estéril. 

En caso de tener que mover al herido, 
aplique una tablilla al miembro fracturado. 

Brazo. Para asegurar la inmovilidad de 
un brazo lo mejor que se puede usar es un 
cabestrillo, o bien una almohada, como se 
explicará más adelante. 

Pierna. Deslice una almohada debajo de 
la pierna. Incluya la articulación de cada 
extremo del hueso roto. Sujete la almoha- 
da a la pierna con tiras de tela o vendas, 
colocadas a unos 10 centímetros de distan- 
cia una de otra. Puede usarse una tabla 
grande si no se dispone de una almohada; 
o sujete la pierna lastimada con la otra 
pierna, espaciando las ligaduras unos 15 
centímetros. Asegúrese de que no estén de- 
masiado apretadas. 

Espalda o cuello. Si es necesario, deslice 
una tabla o una puerta debajo del cuerpo 
del niño, pero, si es posible, déjelo donde 
está. Llame a un médico inmediatamente. 



Quemaduras 

Extienda sobre las quemaduras leves un 
poco de vaselina o ungüento para quema- 
duras. El ardor también se calma aplicando 



una pasta de bicarbonato de sodio con agua 
o una bolsita de té mojada. Cubra con una 
compresa estéril o con gasa limpia. No to- 
que las ampollas. Una quemadura extensa 
o profunda, necesita atención médica in- 
mediata. Envuelva al niño en una sábana 
o cubra la zona afectada con lienzos lim- 
pios. Conserve al niño caliente y llévelo a 
un hospital. 



Atragantamientos 

Levante al niño por los pies y dele gol- 
pes secos en la espalda. Si el niño está de- 
masiado pesado para cargarlo, échelo sobre 
su espalda o sobre el respaldo de una silla. 
Si el objeto no sale, llévelo al hospital in- j 
mediatamente. 

Si el niño ha tragado un objeto peque- 
ño, como una semilla de fruta, un botón o 
una monedita, examine sus evacuaciones 
por algunos días para ver si ha salido. Si lo 
que se ha tragado es algún objeto con pun- 
ta, por ejemplo, un alfiler o una aguja, 
llévelo con el médico. 



Convulsiones (ataques, ausencias, 
convulsiones propiamente dichas) 

Aunque las convulsiones son muy alar- 
mantes, trate de conservarse serena. Gene- 
ralmente sólo duran unos instantes. Lo 
mejor que puede hacer es procurar que el 
niño no se lastime. Póngalo boca abajo y 
con la barbilla levantada sobre una cama 
o un tapete, alejado de objetos agudos o 
de los muebles. En esta postura podrá res- 
pirar libremente y es menos probable que i 
la saliva pase a los pulmones y que se tra- I 
gue la lengua. 

Obsérvelo de cerca. No ponga un niño 
convulso en la tina de baño. Cuando las 
convulsiones se hayan calmado, acuéstelo . 
en su cama. I 

Llame al médico tan pronto como pue- 
da. A menudo una convulsión significa el 
comienzo de alguna infección o enferme- i 
dad. Cuando se repiten a intervalos y no se \ 
acompañan de fiebre, quizá sean manifes- 
tación de epilepsia. Un niño epiléptico 
necesita atención médica. 



Casos de emergencia 93 



Cortadas y hemorragias 

Para una cortada pequeña, lave bien con 
jabón y agua y aplique una venda limpia 
o un pedazo de tela recientemente plan- 
chada. Si la cortada es grande y profunda, 
cúbrala con gasa estéril, haga firme presión 
sobre la herida para detener la hemorragia 
y manténgala así hasta que pueda comu- 
nicarse con el médico o el servicio de 
emergencia del hospital. Si la hemorragia 
persiste, coloque encima de la herida una 
toalla limpia y presione con más fuerza. 
Añada todas las toallas o lienzos que ne- 
cesite, pero no quite los que puso primero. 

En caso de hemorragia intensa, debe 
hacer presión del lado de la herida que se 
encuentra más cerca del centro del cuerpo. 
El sangrado de una mano, por ejemplo, 
puede disminuir si se presiona gradual y 
firmemente la superficie interior del ante- 
brazo. Si usted ha tomado el curso de pri- 
meros auxilios, o tiene un folleto sobre la 
materia, sabrá exactamente la zona en que 
debe presionar. 

Malestar en los oídos 

Si algún insecto se introduce en los oídos 
del niño, detenga el zumbido que sin duda 
asusta al pequeño, instilando en el oído 
afectado unas gotas de aceite de olivo tibio 
o de aceite mineral. El aceite hará callar 
al insecto y hasta podrá hacer que salga. 
No trate usted de desalojar otros objetos, 
tales como dulces, guijarros, o semillas. 
Consiga un médico. 

Si el niño se queja de dolor de oído, 
también llame al médico. Aplique calor o 
frío para un alivio temporal. Use una bol- 
sa de hule parcialmente llena con agua 
caliente, o con trozos de hielo. Cuide que 
el agua no esté demasiado caliente. Puede 
también poner la cabeza del niño sobre un 
cojín eléctrico, conectado a un calor medio. 
Puede calentar en la estufa una bolsa con 
sal y ponerla sobre el oído. La sal caliente 
conserva el calor por largo tiempo. 

Partículas en los ojos 

Lave sus manos antes de tratar de re- 
mover cualquier partícula del ojo del niño. 
Dígale que no se lo frote. Para desalojar 



el cuerpo extraño, baje el párpado de arri- 
ba sobre el de abajo por unos minutos, pi- 
diendo al niño que mire hacia arriba. Esto 
produce lágrimas que pueden sacar la par- 
tícula. Si esto falla, busque el cuerpo ex- 
traño. Si lo localiza trate de extraerlo 
suavemente con la esquina de un pañuelo 
limpio o un pedazo de gasa estéril doblada 
de tal modo que acabe en punta. 

El lavado del ojo podrá ayudar. Con un 
gotero derrame agua dentro del ojo o use 
un lava-ojos. Emplee únicamente agua her- 
vida, a la temperatura ambiente, a la que 
agregará una cucharadita de sal por taza. 
Si la irritación persiste llame al médico in- 
mediatamente. 



Sangrado por la nariz 

Tranquilice al niño y pídale que se esté 
quieto y sentado. Aconséjele que respire 
por la boca. Haga presión suavemente so- 
bre las fosas nasales por cinco o diez mi- 
nutos. Si esto no detiene el sangrado, ponga 
trapos mojados sobre la nariz del niño, o 
una bolsa con hielo sobre la nuca. Si la na- 
riz sigue sangrando llame al médico. Cuan- 
do este tipo de hemorragias son frecuentes 
y abundantes es preciso que el médico ave- 
rigüe la causa. 

Si el niño se ha introducido algún objeto 
dentro de la nariz, haga venir al médico 
para que se lo extraiga. 



Heridas por instrumento punzante 

Presione con suavidad cerca de la herida 
para favorecer el sangrado que lava la he- 
rida. Cúbrala ligeramente hasta que el mé- 
dico la vea, pero no trate de cerrarla con 
lienzos o tela adhesiva. Cerciórese de si el 
niño está vacunado contra el tétanos y de 
si convendría administrarle una dosis de 
refuerzo. 

Astillas 

Lave la zona concienzudamente. La es- 
puma de jabón puede ayudar a suavizar la 
piel alrededor del lugar donde entró la as- 
tilla y así se podrá quitar con facilidad. Use 



94 El niño de 1 a 6 años 



unas pinzas, una aguja, o la punta de un 
cuchillo previamente esterilizados para ex- 
traer la astilla. Las pinzas podrán asustar 
menos al niño, pero muchas veces no es 
posible sacar la astilla sin antes aflojarla 
mediante algún instrumento que tenga pun- 
ta. Para esterilizar el instrumento páselo 
por una flama de alcohol, o limpíelo con 
alcohol. Un niño de 4 años o más, puede 



Venenos 

Lo mejor es llevar al niño inmediata- 
mente al hospital. Lleve el recipiente del 
veneno para mostrarlo al médico. 

Según la clase de veneno ingerido, con- 
vendrá que el niño vomite o no. Si no pue- 
de localizar un médico de inmediato, pro- 
ceda de la manera siguiente: 



NO PROVOQUE EL VOMITO SI EL NIÑO HA TOMADO 



Sustancias oleaginosas 
como: 

Petróleo. 

Gasolina. 

Bencina. 

Líquidos para limpiar. 

Rociadores para insectos. 

Barnices para muebles. 



Sustancias corrosivas alcalinas 
como: 

Lejía. 
Amoniaco. 
Sosa cáustica. 
Tetracloruro de carbón 

(sustancias para extinguir 

incendios). 



Ácidos fuertes 
como: 

Acido clorhídrico. 
Acido nítrico. 
Acido sulfúrico 
(ácido de batería) 



PROVOQUE EL VOMITO SI EL NIÑO HA TOMADO 

Cualquiera otra cosa, incluyendo: 

medicinas (aspirinas, pildoras con hierro, yodo, paragóricos, sedantes). 
estimulantes cardiacos: (como digital) si se da cuenta inmediatamente después de 
que los ha ingerido. Si ha pasado algún tiempo, NO lo induzca a vomitar. 



ser capaz de sacarse la astilla él mismo, y 
quizá le dé menos miedo si deja usted que 
lo intente. 

Después de haber extraído la astilla, ha- 
ga un poco de presión para que salga algo 
de sangre; después lave el lugar cuidadosa- 
mente y aplique un antiséptico suave. Tal 
vez necesite una venda estéril para prote- 
ger la zona. Una astilla que ha entrado muy 
profundamente dentro de la carne del niño 
tendrá que ser removida siempre por el mé- 
dico. 



Para hacer vomitar a un niño, introduzca 
un dedo en su garganta y muévalo o déle 
a beber agua caliente en la que habrá di- 
suelto un poco de sal de mesa, bicarbonato 
de sodio, mostaza seca (una cucharadita 
para cada vaso de agua) o jabón. Si no 
vomita, déle grandes cantidades de líqui- 
dos. No trate de inducir el vómito o forzar 
al niño a beber, si está en estado de incon- 
ciencia. Si el niño ha inhalado vapores tó- 
xicos sáquelo de inmediato al aire libre y 
llévelo al hospital. 



Libros en español sobre cuidado infantil 



El cuidado prenatal. Un volumen, 16.5 X 23.5 cm., 96 pp. 

El cuidado del bebé. Un volumen, 16.5 X 23.5 cm., 112 pp. 

El niño de 1 a 6 años. Un volumen, 16.5 X 23.5 cm., 110 pp. 

El niño de 6 a 12 años. Un volumen, 16.5 X 23.5 cm., 105 pp. 

Manual de puericultura, José Barón Fernández, 4- edición. Un vol. 14.5 X 21.5 

cm., de 192 pp., 46 il., y 15 cuadros, tela. 
Educación y desarrollo emocional del niño, Humberto Nágera P. Un vol., 14 X 

21 cm., 143 pp. 
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64 pp. y 27 il., rústica. 
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128 pp., y 9 il, tela. 
Rehabilitación del niño sordo, Boris Morkovin. Un volumen, 16.5 X 23.5 cm., 

164 pp. 
Cuidado del niño lisiado, Benjamín Spock y Marión O. Lerrigo. Un volumen, 

16.5 X 23.5 cm., 250 pp. 
Cómo educar al hijo, André Berge. Un vol., 14 X 20 cm., 220 pp. 
Los niños . . . fuente de alegrías y de tormentos, Marguerite Reynier. Un vol., 

14 X 20 cm., 192 pp., ilustrado. 
Los defectos del niño, André Berge. Un vol., 14 X 20 cm., 180 pp. 
El escolar difícil, André Berge. Un vol., 14 X 20 cm., 186 pp. 
Disciplina del niño. James L. Hymes. Un vol., 14 X 20 cm., 76 pp. 
Para ser un buen padre. James L. Hymes. Un vol., 14 X 20 cm., 86 pp. 
Educación y sexualidad, Germaine Montreuil-Strauss. Un vol.. 14 X 20 cm., 

128 pp. 
Guía práctica de la mujer encinta, Dugast Rouillé. Un vol.. 14 X 20 cm., 152 pp. 
La maravilla del cuerpo humano, Pierre Vallerv-Radot. Un vol., 14 X 20 cm., 

192 pp. 
La familia que nadie quería, Helen Doss. Un vol., 14 X 20 cm., 316 pp. 
El niño y el ambiente escolar, A. Ferré. Un vol., 13.5 X 19 cm., 143 pp. 
El carácter de su hijo, G. Mauco. Un vol., 14 X 20 cm., 104 pp. 
El niño mentalmente retardado, Abraham Levinston. Un vol., 14 X 20 cm., 

181 pp. 
Elementos de psicología infantil, A. Ferré v Re\ault D'Allonnes. Un vol., 14 X 

20 cm.. 156 pp. 
Los dientes del niño, Edgar S. Bacon. Un vol., 14 X 20 cm., 143 pp. 
Cuando su niño está enfermo, Samuel Karelitz. Un vol., 14 X 20 cm., 489 pp. 

* Estos libros se pueden obtener a través de: La Prensa Médica Mexicana 
Paseo de las Facultades 26, México, 20, D. F. Tel. 48-01-50. 



índice 



Accidentes, edad de los, 6 

prevención de, 75 

principal causa de muerte, 7 
Acompañante para el niño, 27 

adiestramiento, 28 
Adenoides, 87 
Agua, peligros del, 77 
Ahogo, precauciones contra, 77 
Alergias, 81 
Alimentación deficiente, 82 

del niño, 1 1 

destete, 12 
Alimentos, cantidad de los, 70 

consistencia, temperatura y color de los 
69 

entre las comidas, 69 

inadecuados, 70 

para los niños, 67 

recomendados, lista de, 68 
Amígdalas, 87 
Amigo(s) imaginario, 37 

primeros, 24 
Anemia, 82 
Animales caseros, 47 

mordeduras de, 74 
Apetito, variaciones del, 71 
Ascárides, 89 

Asfixia, precauciones contra, 77 
Asma, 81 
Astillas, 93 
Ataques, 92 

Atmósfera alegre, y postura, 6 
Atragantamientos, 92 
Ausencias, 92 

Automóviles, precauciones relacionadas con 
los, 76 

Baile de San Vito, 83 
Balanceo en la cuna, 9, 10 
Barro para jugar, 49 
Brazo, fracturas de, 92 

Cama, incjuielud en la, 9 

rechazo de la, 8 
Caries, prevención de las, 67 
Casa, cambios de, 60 
Castigo corporal, 45 

utilidad relativa, 44 
Catarros, 82 
Celos en la familia, 32 
Celos, prevención, 33 



Comidas, comodidad en las, 70 

comportamiento en las, 1 1 

plan, 68 
Compañeros de juego, 45 

imaginarios, 36 
Conciencia, desarrollo de la, 34 

factores propicios, 35 
Conjuntivitis, 88 
Convaleciente, atención del, 79 
Conversación, importancia de la, 1 7 
Convulsiones, 92 
Coordinación de movimientos, 6 
Corea, 83 
Cortadas, 93 
Crecimiento a los cinco años, 54 

dolores del, 8 

etapas del, 1 

influencias, 2 
Cuarto del enfermo, 79 

del niño, 8 
Cuello, fracturas de, 92 
Cuerpo, actitudes respecto al, 16 

Chupón, uso del, 13 

Deberes del niño, 44 
Dedos, hábito de chuparse los, 12 
Dependencia del niño, 4 
Descanso, falta de, 82 

y postura, 6 
Destete, época apropiada, 12 
Diabetes, 90 
Diarrea, 89 

tratamiento, 78 
Dientes, cuidado de los, 66 

de leche, 66 

erupción de los, 66 
Dieta buena para los dientes, 67 
Difteria. 83 

vacuna contra la, 72 
Disciplina, cómo se enseña, 43 

definición, 42 

uso de la, 42 
Disentería, 89 
Disfraces, 47 
Diviesos, 89 

Dolores del crecimiento, 8 
Domicilio, cambios de, efecto en el niño, 
60 

Eccema. 82 



98 El niño de 1 a 6 años 



Edad de ingresar a la escuela, 57 
Educación de la vejiga, 15 

del acto de evacuar, 13 
Ejercicio y postura, 6 
Emergencias, atención de las, 91-94 
Enfermedad (es), celiaca, 90 

cuidado de las, 78 

más frecuentes, 81 

prevención, 72 

síntomas, 78 

transmisibles, cuadro general, 84-86 
Enfermería casera, 79 
Enteritis, 89 
Equilibrio de cuerpo, 6 
Escarlatina, 84 
Escuela, admisión, 52 

ingreso a la, 57 

preparación para la, 57 

primeros días de, 52 

ventajas, 51 
Espalda, fracturas de, 92 
Estatura, patrones de, 65 
Estómago, trastornos del, 89 
Estreñimiento, 89 

Evacuaciones, actitud del niño hacia sus, 
14 

regularidad en las, 15 

y educación, 13 
Exámenes dentales periódicos, 67 
Excusado, miedo al, 14 

uso del, 14, 15 
Experiencias tempranas, 5 

Fantasía y realidad, 35, 36 
Faringitis séptica, 84 
Fibrosis quística, 90 
Fiebre del heno, 81 

escarlata, 84 

glandular, 86 

manchada de las Montañas Rocosas, 85 

reumática, 83 

tifoidea, 74 
Flúor para prevenir las caries, 67 
Fracturas, 91, 92 
Fuego, precauciones contra, 76 

Garganta, infecciones de, 82 
Garrapata, mordeduras de, 91 
Guarderías infantiles, 51 

Habla, desarrollo del, 1, 17 

retraso en el, 19 
Hemorragias, 93 
Hepatitis, 86 

Heridas por instrumento punzante, 93 
Hermanos, querellas entre, 32 
Herpe catarral, 88 
Hospital, estancia en un, 60 

regreso del, 62 



Huesos rotos, 91 

Ictericia catarral, 86 

Impedimento físico, mental o emociona . 
63 

Impétigo, 88 

Infección(es) de la piel y de los ojos, 8 
de las vías respiratorias, 82 
estreptocócica de la garganta, 84 

Inhalaciones de vapor, 80 

Inmunización contra las enfermedades, 7,' 

Inquietud en la cuna, 9 

Insectos, piquetes de, 91 

Internamiento en un hospital, 61 

Intestino, control del, 14 
trastornos del, 89 

Inventario del primer cumpleaños, 3 

Jardín de niños, 50 

Juego (s) a los tres y los cuatro años, 4f 

al aire libre, 22 

auxiliares en el, 45 

imaginativo, 21 

importancia del, 20 

lugar propio para el, 21 
Juguetes de fábrica, 46 

inspirados en la vida de los adultos, 47 

para construir, 47 

para lograr un buen desarrollo muscu- 
lar, 47 
de los sentidos y las aptitudes crea- 
doras, 47 

para gastar energía, 47 

selección de los, 23 

Lápices de colores, 47 
Lavadora, peligros de la, 77 
Lenguaje, desarrollo del, 17 

infantil, 18 
Libros, 50 

para iluminar, 48 
Lombrices, 89 

Mal de San Vito, 87 

Mano, predilección por la derecha o por 

la izquierda, 54 
Marcha, aprendizaje, 5 
Masa para jugar, 49 
Masticación, 12 
Médico, elección del, 72 
Meningitis, 86 
Micciones, horario, 15 

nocturnas, 16 
Molares, primeros, 67 
Mononucleosis infecciosa, 86 
Mordeduras de garrapatas, 91 

de serpientes, 91 
Muerte, preguntas de los niños acerca de 
la, 40 



índice 99 



Muñecas, 47 

Nariz, sangrado por la, 93 

Náusea, 89 

Nefritis, 87 

Niño(s) a los cinco años, 53-59 

agresivos, 24 

chismoso, 56 

de tres a cuatro años, 29-49 

de uno a tres años, 3-28 

desarrollo del habla, 17, 18 

diestro o zurdo, 54 

indiferencia ante la muerte, 41 

juego del, 20 

lisiado, cuidado del, 63, 64 

pre-escolar, cuidado del, 25 
Nutrición y postura, 6 

Oídos, malestar en los, 93 
Ojos, infecciones de los, 87 

partículas en los, 93 
Orden, hábitos de, 21 
Orejones, 84 
Orzuelos, 89 
Oxiuros, 89 

Padres, actitud ante los problemas escola- 
res, 58, 59 

manejo del niño de tres a cuatro años, 
30 
de los hijos, 26 

que no están de acuerdo, 31 
Papel para jugar, 50 
Paperas, 84 
Parálisis infantil, 86 

vacuna contra la, 73 
Pasos, primeros, 4 
Pediculosis, 88 
Peso, patrones de, 65 
Pie de atleta, 88 
Piel, infecciones de la, 87 
Pielitis, 90 

Pierna, fracturas de, 92 
Pintura con los dedos, 48 

útiles de, 48 
Piojos, 88 

Piquetes de insectos, 91 
Plastilina, 47, 49 
Poliomielitis, 86 

vacuna contra la, 73 
Postres, 70 

Postura, desarrollo natural, 6 
Preceptos, necesidad de, 55 
Preguntas de los niños, 38, 39 

acerca de la muerte, 40 
Prejuicios, origen de los, 55 
Problemas emocionales, 82 
Pruebas para la tuberculosis, 74 
Pulmonía, 87 



Quemaduras, 92 

precauciones contra, 76 

Rabia, tratamiento preventivo, 75 
Radiaciones, peligro de las, 75 
Reproducción, preguntas sobre la, 39 
Retrete {véase: Excusado) 
Rompecabezas, 47 
Ropa adecuada y postura, 6 
Roséola, 84 
Rubéola, 84 

Sarampión, 85 

alemán, 84 

prevención del, 74 
Sarna, 89 
Seguridad del bebé, 8 

dentro de la casa, 75 
Serpientes, mordeduras de, 91 
Sexo, preguntas sobre el, 38, 39 
Sueño, cambio de hábitos, 8 

preparación para el, 9 

Tartamudeo, 19 

Televisión, ventajas y desventajas, 56 
Temores a los tres y cuatro años, 37 
Temperatura, cómo tomarla, 79, 80 
Tétanos, vacuna contra el, 72, 75 
Tina, 88 
Títeres, 47 
Tos ferina, 85 

vacuna contra la, 72 
Tuberculosis, pruebas para la, 74 

Uncinarias, 89 
Urticaria, 82 

Vacuna (s) antitetánica, 75 

contra el sarampión, 74 

contra la fiebre tifoidea, 74 

contra la viruela, 73 

de la infancia, 72 

triple, 73 
Vaginitis, 90 
Varicela, 85 

Vejiga, educación de la, 15 
Venenos, 94 

precauciones contra, 76 
Verdad, cómo enseñar a decirla, 36 
Vías respiratorias, infecciones de las, 82 

urinarias, trastornos de las, 89 
Viruela, 86 
Visitas, 25 

Vista a los cinco años, 53 
Vitamina D en la dieta, 67 
Vómito, 89 

cuándo provocarlo, 94 

tratamiento, 78 



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5/' 



Esta edición se acabó de imprimir el 30 de julio de 1966; 

consta de 3 600 ejemplares en papel Especial Ediciones. 

Estuvo al cuidado de Eduardo Ortíz Morales.